Alcorcón, Leganés, Barajas - Nueva York, Chicago, Tulsa, Amarillo, Las Vegas, San Francisco - Ruta 66 - Tras los pasos de Moriarty

El Viaje a Ninguna Parte

Me apropio de una frase que ya ha sido utilizada en diversos títulos -novela, película y disco- para abrir la conclusión de mi parte de narración. Ha sido un viaje en el que pocas cosas podrían haber ido mejor. El viento ha soplado a nuestro favor, a pesar de los pesares con los que todos cargamos, y cuando lo hacía de cara, incomodándonos, nada tan sencillo como cambiar de rumbo para volverlo a tener de popa; ya lo decía aquel, si la muerte me mira de frente, yo me pongo de lado.

Me llevo un saco de recuerdos, algunas experiencias nuevas y muchas imágenes que espero conservar al menos el tiempo justo para organizar otra escapada. He aprendido lo que ya sabía, es decir, nada; no en vano, creer que por conocer el 0,02 por ciento de algo se es más instruido que por conocer el 0,01 es una de las grandes paletadas que llevamos grabadas a fuego en las alforjas que usamos como orejeras; pero ya lo dice aquel otro, nos va lo de hablar por hablar.

Hasta ahora había hecho viajes relámpago, viajes de tres semanas, viajes en grupo, viajes a solas, viajes por montañas, viajes urbanos, viajes con un objetivo, viajes sin él, viajes por España y viajes al extranjero. Este último ha sido un tanto especial, por la duración y por el hecho de estar más de un mes con un plan un tanto abstracto. Por mi parte, puedo decir, prueba superada. Aunque siempre se echan cosas de menos de casa, no me han faltado ganas de seguir ganduleando por allí.

En todo caso, éste, un viaje, que como todos, no lleva a ninguna parte. Seguiré viajando tanto como pueda, sin embargo, no olvidaré que el mejor viaje es uno que practico asiduamente con placer: estar una tarde sentado en casa, a solas, sin hacer nada en especial. Mucho me costaría valorar otras experiencias si no hiciese justicia a ésa, y más vale acostumbrarse, es lo que nos aguarda al final de otro viaje, en el que nos embarcó quien más nos quiere.

He visto cosas que vosotros no creeríais… Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de… trabajar.

Epílogo

Llevo más de 30 horas sin dormir desde que amanecía en San Francisco para empezar el retorno. Estoy a punto de envolverme en mi cama de siempre, y que ahora es de paso. La dinámica se acelera y de golpe dejas de pensar en dólares, cuántos kilómetros recorreré mañana, dónde podré dormir, si la gasolina costará más o menos y cuál es el mejor sitio para recargar la nevera con hielo.

Las sábanas me cubrirán en breve, agarradas por los dedos que se despiden del teclado. El mecano de la rutina se ha montado solo y echa a andar inexorable.

Estadio Vicente Calderón - Madrid - Atletico de Madrid - Mallorca

Dos imágenes disipan los últimos aromas del viaje: estar sentado en mi cama, viendo que mi habitación sigue como siempre y estar sentado en el Vicente Calderón, sufriendo como el Atleti se complica un partido más. La inercia se vuelve insoportable. Buenas noches, América