Alcorcón, Leganés, Barajas - Nueva York, Chicago, Tulsa, Amarillo, Las Vegas, San Francisco - Ruta 66 - Tras los pasos de Moriarty

California

Tierra de vinos, tierra de sol, tierra de hispanos, tierra de encinas y monte bajo, tierra de pinares, tierra de vacas, tierra de parques naturales, tierra desértica, tierra montañosa, tierra bañada por el mar, tierra jovial, alegre, tierra de turistas; ciudades limpias, pueblos pintorescos; California comparte con España detalles, paisajes, clima e idioma, y se diferencia claramente de la mayor parte de Estados que hemos recorrido, principalmente y para mi gusto, en que aquí parece haber un poco más –que no mucha- de vida en la calle.
 
En todo caso, California no es España, sin ir más lejos hoy suspiraba por unos panchitos con las cervezas; de acuerdo, es absurdo, pero algunas veces, sino todas, en esos pequeños detalles está la felicidad; y poco tardaré en largarme a Cuenca a darle al vino y los zarajos, que se echan de menos.

La verdad, California y San Francisco no son Europa; por cierto, no tengo ni idea de qué es Europa, pero puestos a buscar semejanzas o diferencias, y hartos de tanta diferencia encontrada durante el último mes –sobre todo en lo que a la localización de bares se refiere- nos hemos querido quedar con las semejanzas y haberlas, haylas. California merece la pena la visita y San Francisco es una ciudad muy agradable lo cual, viniendo de alguien que prefiere andar rodeado de matojos, es bastante decir.

En definitiva, veo California, principalmente, como un punto débil del Imperio a través del cual va entrando la sabia hispano-española-castellana, de igual modo que Han Solo se coló en la Estrella de la Muerte por un pequeño agujerillo para hacer reventar la manzana podrida.

No sé si mis ojos lo verán, pero, como dije a Piernas de Roble en el pueblecito de Mancos, recibiendo por respuesta una cara de estupefacción, “I have a dream, that one day all América will speak Spanish”.

PD. En cuanto a nuestra triunfal entrada en San Francisco a voz en grito y de la mano de Bambino, Triana y Raphael todavía ando dubitativo sobre si puede haber algo más grande o más grotesco. Votación a través de los comentarios.

San Francisco, Europa en América

En San Francisco estamos, por lo que es obvio que llegamos en hora y tiempo a nuestro destino sin más inconvenientes que sonara el cd de Bambino justo cuando el Golden Gate nos abría sus ojos. Y como así fue que cantaba ‘Tengo la experiencia’ el de Utrera cuando suspendidos estábamos sobre la bahía, poco más se puede pedir.

Menos agotados de lo que imaginábamos arribamos a lo más parecido a Europa que rezan las crónicas de los que nos han precedido. Parto del hecho de que aún no he descubierto cuando algo se parece al Viejo Continente, a qué parte exactamente lo hace, ya que deben ser todas similares según estas opiniones. Menos americana quizá lo sea esta ciudad, a mis ojos, pero miles de años de historia no se suplen con Alcatraz, puentes monumentales y tranvías. Emblemas de poco más edad que una abuela cuyas muescas no han ocasionado centurias romanas, celtas, bárbaras o íberas a su paso y con su sangre. Ni Revoluciones, ni Perestroikas ni carros invasores entrando en la ciudad a voz de Reich. Sillas eléctricas en vez de guillotinas o garrotes vil. Céntrico edificios cienciólogos por Castillos de la Inquisición o Alcazabas y juderías.

Calles bordeadas por construcciones originales, que destacan por mantener la verticalidad cuando el fiel de la carretera desafía las Leyes de Newton. Turistas y paseantes, tranquilos e indecisos, con cámara de fotos o de vídeo, con gafas de sol,  sombrero o gorras de béisbol y restaurantes de marisco y mantel de postín. Si parla italiano, se fala portugués y se habla español, rezan los carteles.

Ciudad simpática, limpia, cosmopolita, tranquila y se imagina apacible para vivir, incluso para el recreo. Pero, el que crea que esto parece Europa, o poca dado es a mirar en derredor cuando está en casa o se embelesa mirando las fachadas sin rascar la pared.  En cualquier caso,  que espere dos mil años para contármelo. La historia no se gana con neones, películas y cuestas.

Golden Gate, San Francisco, California