La Tierra Prometida
Monterey, sus coloridos y arbolados barrios residenciales de casas de madera, los parques y las playas, gentes de buen humor y amabilidad a flor de piel, junto con el cercano valle del río Carmel forman un pequeño paraíso en la tierra, en el que vacas pastando a escasos metros del mar y viñedos a la orilla de un río rodeado de montes llenos de pinos son posibles. Al llegar aquí, en un día soleado, pensé en la famosa tierra de la abundancia. Tiempo después, mirando atrás, compruebo que, en efecto, para nosotros lo fue.
Hacía el Sur, la Pacific Hwy 1, que viene de San Francisco y pasa por Monterey, camino de Big Sur, y continúa hasta Cambria lamiendo el Océano Pacífico, nos muestra desde sus acantilados buenas vistas, faros y unas aguas que al menos a nuestro paso fueron tranquilas y rodeadas de neblina y bruma. Curvas, puentes, cambios de rasante, tráfico lento, temperatura fresca y rincones pintorescos.
Generosa carretera que además ofrece acceso a playas menos frecuentadas que las de la ciudad, en las que surferos de poca pose y mucho arte eluden rocas, donde yacen delfines, gaviotas y algas de varios metros esperando que la corrupción no deje de ellas ni el recuerdo que obtuvimos. Cerros, aguas y abundante vegetación que acompañan el recorrido de principio a fin, en una costa conservada sin especulación urbanística y con parques naturales esperando visitantes que agranden su leyenda.

Todo un gusto haber tomado un camino que siempre estuvo en nuestros planes, pero supeditado a la disponibilidad de un tiempo que hemos ganado a base pulso y acelerador. San Francisco, llegó tu turno.


Ahora sí que me dais envidia. Bonita descripción.
Comment por Amiga Visible — August 30, 2007 @ 9:25 am
Bueno,ponerle de mi parte una velita en forma de cerveza a ese Santo del que tanto habláis.
Comment por Alvarito — August 30, 2007 @ 3:52 pm
Da por hecho un cirio de los que vuelcan el carromato de la virgen.
Comment por Fernando Pajares — August 30, 2007 @ 7:02 pm