Alcorcón, Leganés, Barajas - Nueva York, Chicago, Tulsa, Amarillo, Las Vegas, San Francisco - Ruta 66 - Tras los pasos de Moriarty

La Providencia

Hay muchas formas de tomarse la vida. En general, se divide a las personas entre optimistas, pesimistas y los que se la beben en forma de combinado. Si os fijáis, es muy fácil que un cenizo sea pesimista, ahora bien, la pregunta es ¿viene el pesimismo de su mal fario o ser negativo atrae problemas? Me decanto por lo segundo, no hay nada mejor para buscarse problemas que verlos por todas partes. Si además la persona gusta de lamentarse cuando los sufre, tenemos un claro caso de imán, de agujero negro capaz de conseguir que le vaya mal –o al menos lo parezca- hasta en el país de Utopía. ¡Ojo! Son peligrosos.

Realmente no creo en Ángeles de la Guarda, ni en el Destino; por no creer, no lo hago ni en la suerte, sólo en las circunstancias y la actitud que uno adopta ante ellas; por supuesto, no todos tenemos las mismas oportunidades ni circunstancias, y no siempre sale bien lo que uno intenta, qué se le va a hacer, pero no vale lamentarse, únicamente aprovechar las herramientas que encontramos.

En este viaje, a la conjunción de circunstancias y actitud lo hemos llamado La Providencia, porque tenemos absoluta confianza en que todo lo que nos pasa, que cualquier decisión que tomamos –elegir un motel u otro, repostar antes o después, perder objetos por el camino, no acudir a una llamada interesante, quedarnos dormidos y perder un plan previsto, equivocarnos de carretera- es para nuestro bien. Y os aseguro que así está siendo.

¡Ah, qué delicias nos esperan en unas horas! Sólo ella lo sabe; deseando estoy encontrarme con la nueva señal que nos envíe. Aquí estoy Amiga, sé que no me vas a fallar, y chica, yo a ti tampoco, dame margen, espero el indicio, el resto corre a cuenta mía.

BBQ

Auténticos maestros nos consideramos, no de cualquier arte, sino de uno que hemos ido practicando y perfeccionando cada hora de viaje: dar la brasa. La brasa a la chuleta se entiende, cuando no chuletón.

Cegados estábamos en nuestros lamentos por la comida basura y la carestía de la que no lo era,  obviamos lo que nos esperaba en la cámara frigorífica de cada supermercado, las piezas del puzzle de ternera que hemos ido recomponiendo dentro del cuerpo.

Es muy importante señalar que para llevar a cabo una barbacoa sólo son necesarios dos ingredientes: la carne y las ganas. Todo lo demás es secundario y llega como consecuencia de lo anterior.

bbq - barbacoa

A unos 100 metros sobre el valle de El Carmel, California, con las vistas en los viñedos y los maderos de al lado esperando consumirse, está la que será la penúltima de ellas. Y es que las ha habido de varias clases y logística, cada una adecuada a su tiempo y su espacio.

bbq - barbacoa

La primera, en Silverwood Lake, fue más deseada que un bebé in vitro. La llevábamos en la mente como equipaje, pero tardó tres semanas en materializarse sobre unas brasas. Fue la  primera vez, y única, que hubimos de recurrir al carbón y como novatos que éramos, lo compramos en un supermercado. La carne no era la mejor, pero la ilusión se sobrepuso a cualquier otro obstáculo que no fuera esperar a que las ramas calentaran el carbón y éste se convirtiera en abrasivos rescoldos. Deliciosa por esperada.

bbq -  barbacoa

México obligaba,  no por falta de restaurantes, pero si por altanería. El orgullo racial de periferia se sobrepuso a las miradas yankis, que de soslayo y sonrisa poco disimulada vieron nuestras humildes ramitas despositadas junto a sus mastodónticas pilas de troncos, incendiadas con gasolina.

Lejos de desmoralizarnos, y a horas de estar ya cenados, acudimos en pos de unos filetes, pues la ganas estaban a flor de escroto, y ya hemos dicho que más ingredientes no son necesarios. Recoger piedras con las que hacer el rodal, encontrar por el monte material incendiario, agenciarnos un mechero y aquello empezar a prender ante el estupor y la envidia vecina, fue lo siguiente. La calidad del vacuno encontrado no era la mejor, rejilla no hizo falta pues en pinchos morunos la convertimos con palos, pero es lo de menos, pues en esa barbacoa la carne era el acompañamiento ya que cenamos de primero orgullo y de segundo satisfacción. De postre, chulería. Y de paso, recargamos el saco de troncos al auspicio de la oscuridad y el exceso de cerveza de sus propietarios.

bbq - barbacoa

A estas le han ido acompañando unas 7 u 8 más, llevando a a estas alturas en nuestro cuerpo una res de considerable tamaño. Las ha habido artesanas, inminentes, de llama alta y brasa fácil, de carne excelente y salchicha recurrente, de bacon, de falda, de solomillo. Y quien me conoce sabe que no me gusta escatimar en los placeres mundanos.


bbq - barbacoa

Con esto, me voy que el chuletón está en la brasa y esta noche, regado con vinito de la región, no  nos vayan a meter en el calabozo del valle con Kierkegaard, aunque lo leamos. Qué va, qué va, qué va….