Amores eternos
Hoy al atardecer pude disfrutar de un paseo entre secuoyas gigantes sin nadie a mi alrededor, sorprendente, pero cierto. Se ve que el miedo a los osos, coyotes o pumas, que hacen acto de presencia cuando el sol declina, o la hora de cena temprana en estos lares hacia que la gente dejase el lugar cuando nosotros llegábamos. Noodles y Fernando regresaron antes al coche, mientras yo decidí seguir adentrándome en el bosque, aunque sin alejarme demasiado del sendero, para evitar disgustos.
Media hora después, sin haber visto ningún oso, lo cual me hubiera hecho ilusión, encontré el abrazo más largo entre dos seres vivos que seguramente existe en el planeta. Pensar que algún día fueron dos débiles tallos que el viento mecía, y verlos ahora aún juntos, después de más tiempo del que un humano es capaz de asimilar, con las bases del tronco unidas, resulta increíble. Más de 2000 años haciéndose compañía, y ahí siguen, esperando que un rayo los parta. De seguro que igual que han crecido de la mano, morirán el mismo día. Hay amores eternos.

PD. Cada vez queda menos viaje, y nosotros nos ponemos más cursis y melancólicos, pero sin roce, cada cual en su saquito.


