Alcorcón, Leganés, Barajas - Nueva York, Chicago, Tulsa, Amarillo, Las Vegas, San Francisco - Ruta 66 - Tras los pasos de Moriarty

Amores eternos

Hoy al atardecer pude disfrutar de un paseo entre secuoyas gigantes sin nadie a mi alrededor, sorprendente, pero cierto. Se ve que el miedo a los osos, coyotes o pumas, que hacen acto de presencia cuando el sol declina, o la hora de cena temprana en estos lares hacia que la gente dejase el lugar cuando nosotros llegábamos. Noodles y Fernando regresaron antes al coche, mientras yo decidí seguir adentrándome en el bosque, aunque sin alejarme demasiado del sendero, para evitar disgustos.

Media hora después, sin haber visto ningún oso, lo cual me hubiera hecho ilusión, encontré el abrazo más largo entre dos seres vivos que seguramente existe en el planeta. Pensar que algún día fueron dos débiles tallos que el viento mecía, y verlos ahora aún juntos, después de más tiempo del que un humano es capaz de asimilar, con las bases del tronco unidas, resulta increíble. Más de 2000 años haciéndose compañía, y ahí siguen, esperando que un rayo los parta. De seguro que igual que han crecido de la mano, morirán el mismo día. Hay amores eternos.

Secuoyas Gigantes - Yosemite, California Secuoyas Gigantes - Yosemite, California

PD. Cada vez queda menos viaje, y nosotros nos ponemos más cursis y melancólicos, pero sin roce, cada cual en su saquito.

Llevarse un parque

Diez de la noche en Yosemite. El fuego empieza a disminuir a medida que los rescoldos se amontonan en la barbacoa diciendo adiós desde su crepitar. La luna, casi completa, se asoma entre las últimas ramas de los pinos, atestiguando su presencia más que iluminando. El círculo de Parques Nacionales que empezara en Mesa Verde se cierra. Poca naturaleza nos resta ya por observar en este viaje.

Hemos paseado por bosques, nadado a contracorriente en ríos, trepado a escollos, descendido barrancos, saltado de roca en roca, asomado a cañones, atravesado gargantas, sudado en desiertos y sobre todo, hemos empequeñecido. O más bien el mundo ha ensanchado frente a nuestras pupilas.
Protágoras decía que la medida de todas las cosas es el hombre, pero observando gigantescas creaciones de la Naturaleza, hubiera dudado de su unidad de medición por lo inabarcable que aparece al ojo humano todo lo que nos ha rodeado.

Los Parques Nacionales esconden los grandes tesoros de EEUU y como tal los protegen. Son la cara desconocida del prejuicio extranjero y el lado oculto de la postal del ‘american way of life’. Cada uno a su manera y cada cual con sus características, que lo hacen diferente de los demás. Para verlos, recorrerlos a pie, a caballo, en bici, quedarse unos días o unas horas, siempre podrás arrancar una cosa que llevarte en tu retina.  Mucho podría contar de cada sitio, pero siempre me quedaría corto, así que mejor compruébalo por ti mismo.

El Capitán en Yosemite, el general Sherman en Sequoia, la unión de los ríos Verde y Colorado en las Canyonlands, el escondite de Butch Cassidy en Capitol Riff, las casas de los primeros colonos en Mesa Verde, los balcones del Gran Cañón, los 50 grados del Valle de la Muerte, los asentamientos navajos en Bryce Canyon o el Delicate Arch en Arches seguirán su perenne historia donde los dejamos, pero desde ahora, sin ellos saberlo, son un poco más nuestros.

Half Dome - Yosemite, California