Alcorcón, Leganés, Barajas - Nueva York, Chicago, Tulsa, Amarillo, Las Vegas, San Francisco - Ruta 66 - Tras los pasos de Moriarty

Cañonero

“Echar el ancla a babor, a un extremo la argolla y al otro mi corazón”, Coyote aupado en él queda, en Fresno, California; de él me despido con dolor y pesadumbre, pero también con buenos recuerdos, y a fin de cuentas, de acumularlos va la historia llamada Vida, para luego quemarlos en un instante de éxtasis final.

Ahora, Cañonero, nuevo y brioso palafrén nos permitirá adentrarnos en impenetrables bosques y disfrutar de recónditas playas que ya nos fueron recomendadas en San Ysidro, frontera con México, por una agradable pareja de españoles a los que oímos vocear allá donde nadie alza la voz.

Si con este último cambio he aprendido algo ha sido que cuanto más te dan, más pierdes y más te indignas por detalles absurdos, como un salpicadero de madera. Bendito gusto por lo cutre que tan poco me exige.

Buena ventura, Coyote

Ni por ser rocín flaco, galgo corredor o adarga antigua portar te despedimos, pues buen servicio cubriste sin donaires ni soberbia, que bien pudiste. Más por razón de servicio, que no sumisión, lealtad, que no servilismo, e hidalguía, que no obediencia, terrenos anduvieras que otros de tu condición hubieran rechazado por mucha bota que acelerador al suelo hubiera aplastado.

Ni quejidos ni remilgos mostraste hasta tu final hora, cuando el aliento flaqueaba, más por descuido de otros que por merma tuya. Ni renegamos ni olvidamos que frontera atravesaste, dejando atrás tu hogar, y adentráronos en terrenos extraños que como hogar trataste sin una mirada atrás descuidar, pues con ganas renovadas cada metro nuevo facías.

Descansa ahora y buena ventura tengas si en tu nueva vida otras manos acariciaran tu rienda y que ni bravuconadas exijan ni al límite te lleven, pues mereces más tranquila vida que las que estas manos te ofrecieron, no pienses que por rabia ni despecho sino por admiración de que tus límites alejáranse cada vez que a punto de rozarlos creyésemos estar.

Al tuyo ritmo camina y con orgullo pasea el nombre por el que adoptado fueras no ha mucho, esperanzados de nuestra meta hollar a tus lomos, más no pudo ser pero como si veraz hecho fuera, se cruzará esa línea que llaman San Francisco, tomado el nombre del amigo de los animales salvajes, de los que parte formas tú desde aqueste mismo instante.

Feliz viaje, Coyote, que cuando la aventura se torna desventura, como el caso es, no mereces menos que despedirte como recibirte quisimos, y así lo relatamos.

Alisitos, Mexico - Chevrolet Equinox

The word of the Lord come to me

Tras un par de días entre lagos y ríos, hoy estuvimos de paseo por Sequoia y Kings Canyon, ambos parques nacionales. Bosques inmensos de árboles, algunos gigantes a más no poder, a escasos 50 km en línea recta, y 3 km de altitud del Death Valley Nacional Park, donde no crece ni la pena; verlo para creerlo.

Fernando considera que la brecha del Grand Canyon es más impactante, mientras que el que suscribe ha venido con la vena mística encendida. Ver un ser vivo tan grande, y sobre todo, tan fuerte, saber que es inmune a cualquier agresión –plagas e incendios incluidos-, que sólo su propia naturaleza o la estúpida manipulación humana pueden con ellos me ha hecho poco menos que ver representado a Dios.

He llegado al motel, que ya tocaba, y directamente he cogido la Biblia. Puntualizo, en todos los moteles hay una, y siempre que me he fijado era de la secta de los Gideones. Personalmente, agradecería otro tipo de lecturas, sé que tener a elegir entre 100 libros es una utopía cuando ya te ofrecen 100 canales de televisión por cable, a cada cual peor, pero encontrar siempre la misma perniciosa lectura es aún una experiencia más miserable que sufrir la porquería enlatada de la televisión; no obstante, hoy, decía, crecido por la visión de tantas ramas por acre y foresta digna de un poblado Ewok, he abrazado las líneas sagradas.

Como la Biblia no incluye un libro dedicado a las secuoyas –sí tengo uno propio, os aconsejo su lectura- me he ido al de los Reyes. Y tan identificado me he sentido con el comienzo del primer capítulo “Now King David was old, advanced in years; and they put covers on him, but he could not get warmed. 2. Therefore his servants said to him ‘Let a young woman, a virgin, be sought for our lord the king…’” que he decidido que mañana, tras la visita a Yosemite, encenderé las brasas que han de torrar el enésimo chuletón que voy a digerir en estas tierras tan piadosas con la Biblia de los Gideones. Seré Rey David por un día, no habrá virgen pero sí carne, y el chuletón tendrá un sabor “divino”. Fogata, hoguera, foguera purificadora que va también por vosotros, fieles y devotos seguidores del blog.

Una noche increíble

La primera impresión fue de alivio y alegría. Habíamos oído que encontrar alojamiento cerca de los parques nacionales de Sequoia y Yosemite en verano era una quimera, así que toparnos con un camping completamente vacío a orillas de un lago y en un paraje idílico nos pareció un nuevo guiño del azar.

Además, nos ahorraríamos el pago de la estancia ya que la caseta del guarda estaba iluminada y la barrera levantada, pero nadie aparecía alrededor. Ni a orillas del lago, ni en el hotel ni en el bar del otro lado de la carretera, aunque seguían con las bombillas a pleno rendimiento.

Isabella Park - California

Entre las últimas horas del atardecer apareció un coche con una lancha remolcada y un pescador haciendo aspavientos con las manos, indicándonos a marchar. Estábamos seguros de que estaba cerrado por ser lunes y sólo abría los fines de semana, ya que los rescoldos en las barbacoas estaban humeantes y el último boleto de párking tenía fecha del día anterior.

Tras hacer ademán de irnos, volvimos. Si estaba cerrado, mejor, dieciséis dólares al bote. No íbamos a renunciar a semejante bicoca para hacer noche. Recogeríamos al día siguiente y punto. Nadie se enteraría

Isabella Lake - California

Sacar los filetes para la barbacoa y empezar a buscar leños entre los restos de las demás fue la siguiente tarea. Aunque la noche ya había caído y se hacía difícil caminar entre la arena, donde se oían los correteos de los conejos y las ardillas, Jeremías volvió con varios leños y quejándose de que le tiráramos ramitas aprovechando la oscuridad.

- Ninguno de nosotros se ha movido de aquí. Hemos estado sacando las cosas para montar la tienda. Habrán sido ramas caídas de algún árbol.

No se quedó muy convencido, pero cedió a la explicación ya que muy cerca tendríamos que estar entre la total negrura para acertarle y no escuchar ruido alguno.

Lady Leño

Tras ver iluminarse un fuego en la otra punta del camping, resolvimos ir a ver quién era nuestro acompañante, para que nos indicara si se podía pasar allí la noche. Al alcanzar la hoguera, con troncos recién puestos, no encontramos a nadie. Lo más seguro es que hubiera ido a los baños o al lago. Regresamos y, como la carne no estaba hecha del todo, decidí irme a duchar antes de cenar mientras Jeremías se ocupaba de que el repentino vendaval no apagara la yesca.

Encontrar la diminuta luz naranja del edificio de los baños fue más fácil por el ruido del vaivén de las puertas que por su luminosidad. El mobiliario no vestía sus mejores galas y el suelo era de cemento, pero el agua salía caliente y eso era suficiente. Fue meterse bajo el chorro y apagarse la luz.
- Jeremías, no te chines, que no he sido yo el de las ramitas. Da la luz, a ver si termino de ducharme.

Ante la insistencia de la bromita decidí terminar el enjuague a duras penas y aclararme en la fuente junto a la barbacoa, y allí resolver cuentas con los otros, pues esta vez yo sí había oído las pisadas.

Tras jurarme que no se habían movido de allí para evitar que el viento, ahora ya exagerado, desclavara la tienda o hiciera saltar cenizas, supuse que se habría aflojado la bombilla.

El correteo de animales fue continuo durante la fabulosa degustación cárnica pero los manjares culinarios nos hacían estar más pendientes de masticar que de observar fauna autóctona. Lo que no requirió prestarle atención fueron los gritos y risas que se oían ahora al lado de la hoguera que habíamos visitado. La familia debía haber vuelto del lago.

Isabella Lake - California

Por cortesía, tras echar el cierre al estómago, nos dirigimos a darnos a conocer y hacer saber que no estaban solos en el campamento. El intento fue vano pues los escasos 500 metros de oscuridad que recorrimos sirvieron para enmudecer el aire. No dudamos que fue el tiempo que tardaron en acostarse en su tienda, por lo que molestarlos estaba de más.

Una vez hecho el reparto de lechos donde dormir, nos dispusimos a conciliarnos con Morfeo. El viento me hacía imposible la tarea por lo que pensé que el coche era el mejor sitio para esquivar el molesto repiqueteo de la lona de la tienda. En ella dejé a los otros con respiraciones profundas.

Isabella Lake, California - Vendaval

En la oscuridad del asiento reposaba cuando oí los pasos que acercaron una mano hasta la manivela de la puerta del conductor. La duermevela en la que estaba y haber cogido por fin una postura cómoda pudieron más que la solidaridad con mis acompañantes y preferí no darme la vuelta para abrirles la puerta y tener que compartir espacio de sueño. Con el rabillo del ojo pude ver como Jeremías o Noodles alzaban las piquetas de la tienda contra la lona. Supuse que se trasladaban de sitio ante la imposibilidad de dormir con tanto viento. Tal era la tormenta que el aire se deslizaba entre las hojas con alaridos y las cenizas de la hoguera se elevaban como antorchas en la noche.

Isabella Lake, California - Tormenta

A la mañana siguiente, tras encontrarnos la tienda hecha jirones y desaparecidas las piquetas, todos juramos no haberlas cogido, además de asegurar, yo, que había dormido en el coche y los otros, además de no haber intentar acceder al vehículo, haber pernoctado, para librarse del viento, uno en el suelo de la garita del vigilante ausente y otro entre los troncos de dos árboles caídos.

De la familia, ni rastro, ni una sola ceniza en la hoguera. Debieron tener pánico de la oscuridad.