Sin título, 22 x 10 cms, boceto al carboncillo
Me queda en el aire, y en los posos del café aguado –mi teoría es que lo dan rebajado para que puedas llevar un vaso más grande, realmente no les gusta el café, sino que les fascina llevar un vaso grande con cualquier líquido y por la mañana toca café-, y en todas partes de EEUU, un resto de pestilente de hipocresía, de coerción moral, de mojigatería religiosa, y de imposición de obligaciones sociales al individuo que no me parecen precisamente muestras de libertad. A veces, tengo la sensación de que cada “estadounidense de pro” es un bienpensante Boy Scout venido a más, crecidito, que te mira como a un niño maleducado si no entras en su canon comportamiento aceptable. Algo similar a ese ambiente de caspa que flota por el madrileño barrio de Salamanca, donde señoronas de pelo cano y rechonchos repeinados revenidos te miran desde su 1,50, cual atalaya de la corrección, lanzándote su veredicto de culpa, por una falta que no conoces, ni ganas que tienes, pero extendido por cualquier ciudad del país. Por suerte, y por supuesto, no todos los estadounidenses con los que nos hemos cruzado dan ese perfil, de hecho algunos distan infinito.
Nadie lo duda, en EEUU la pasión por el consumo es absoluta, la exaltación nacional es, después de a la omnipresente bandera de barras y estrellas, a la producción, de lo cual infiero que un mendigo posiblemente no sea visto como un pobre, sino como un ser que no produce y por tanto no contribuye a la causa nacional, es decir, sería el peor sujeto que puede existir.
De ahí, si medimos la libertad por el número de elecciones de productos de consumo que puedes hacer, en base a una producción desorbitada, EEUU sí sería un país muy libre; pero tener 100 canales de televisión, más tipos de salsas de las que puedes probar en tu vida, barra libre a la hora de tunear tu coche, y armas al alcance de la mano no es mi definición preferida de Libertad. La corrección Boy Scout, tampoco. La sensación de comunidad-comunista, tampoco; y paradójicamente en este país, he creído verla. Ser el país con mayor índice de consumidores de antidepresivos, tampoco ayuda a que piense que todo el oro que reluce es del que parte dientes.
Por último, y más importante, tenemos un sistema político democrático y un Estado de Derecho que ya quisiéramos en algunas democracias bananeras europeas. Quiero pensar que ésa es la libertad que van repartiendo unas veces misil en mano, otras, subvención en sobre.


