Alcorcón, Leganés, Barajas - Nueva York, Chicago, Tulsa, Amarillo, Las Vegas, San Francisco - Ruta 66 - Tras los pasos de Moriarty

Redención

Algunos se preguntarán por la falta de producción durante los últimos tres días. No nos ha pasado nada. Es más, por no pasar, sólo el tiempo lo ha hecho, sobre nuestro cuerpo. Y bendito tiempo, y bendito cuerpo el nuestro. Dichoso como está ahora después de este merecido castigo.

El caso es que como considerábamos que no estábamos siendo todo lo buenos que deberíamos, nos dio un ataque de moral y decidimos flagelarnos cruzando la frontera hacia Tijuana. Como no se trataba de una huida ante un nuevo incidente policial, unos kilómetros al lado de la frontera no era suficiente castigo. Por lo cual, decidimos seguir por la Costa de la Baja California. Playas desiertas y acantilados no colmaban nuestros deseos de redención, así que buscando un lugar donde cumplir nuestra condena moral, encontramos un acantilado con vistas a una cala del Pacífico, de blanca arena y azul agua. Donde la temperatura era la suficiente para refrescarte sin pasar frío y las olas, del tamaño idóneo para castigar el cuerpo sin distraerlo de la diversión, so pena de algún surfista brasas, algo que parece inevitable a este lado de la frontera.

En busca de redención creíamos que debíamos ahondar en el flagelo, así que como una barbacoa con carne y salchichas no colmaba nuestras ansias de perdón espiritual, descubrimos una choza donde los margaritas costaban 99 céntimos. ¿Era suficiente?

margaritas - Mexico - poco cielo

Para un día, quizá no. Nuestro grado de ignominia había sido grande y el castigo tenía que ser proporcional. Así, que lo alargamos y Dios dirá, si algo tiene que decir, cuando hemos de volver. De momento, aquí seguimos, cuerpo al sol, cerveza en mano, limpiándonos del pecado.

No hay nada como la estricta mano con uno mismo y ya hemos aprendido la lección de lo que nos espera si persistimos en la actitud que traíamos. Arrepentidos los quiere Dios. Y en nuestros corazones os llevamos.

tienda - baja california - mexico

Lucky

Apropiándome del título de uno de los mejores cuentos de Mark Twain, podemos regalárselo a nuestro día, ya acabando, en una playa camino de Tijuana, donde con Tequila brindaremos a nuestra salud y su permanencia.

Lamentábamos el otro día el desafortunado incidente con el sheriff del condado de Garfield y lo calificábamos de emboscada de gato al ratón. Pues bien, no si será porque el estado de California es más laxo en cuanto a sus leyes o a la hora de aplicarlas sus agentes, pero hoy el ratón volvió a salir ileso de la trampa, queso en boca.
 
Todo ocurrió cuando Jeremías, repitiendo turno de conducción pero no imprudencia,  traspasó una señalización de carretera cortada, ante los impávidos ojos de la agente, apostada de manera traicionera al cobijo de la señal,  para la que salir del asombro y acudir en persecución nuestra fueron acciones simultáneas.

Debimos importunarle el descanso por las regias maneras de dirigirse, ante la indignación nuestra. Tras el trámite de pedir documentos, mala cara, no hables que soy la ley, dame tu carnet, no tienes vergüenza guarra, calla que puede saber español, you no stop sir, me cago en tus muertos que no la voy a pagar, mala cara, voy a coche patrulla, espera que ahí viene con la multa:

poli california

Silencio. Malas caras comunes. Silencio. Más silencio.
-‘You’re lucky, I have no ticket for the fine’

Miradas de soslayo.  (Aguanta la risa, cabronazo, que nos empapela)
- Thank you, bye.

Los instantes siguientes, alejándonos del lugar, fueron una lucha entre voy despacio para no pasar el límite de velocidad o salgo pitando por si recapacita.

Cuatro horas después, sin haber salido de ningún incidente policial, nos sentíamos aún más afortunados. No podía ser de otra forma a orillas del lago Nelson, con el ombligo desafiando al sol y la espalda en el césped, con la grasita recorriendo aún las mejillas, y la garganta tratando de asimilar el último trozo de un chuletón que había desalojado hasta el último miligramo de aire entre la columna y las tetillas. Era el corolario a una intención de muchos días anteriores.

La fiesta del triglicérido tuvo su momento cumbre sobre la leña de una barbacoa  campestre, cuando se le daba la última vuelta a una chuleta que más parecía un edredón nórdico, justo antes de acometerle la dentadura al completo.

chuleton

Repuestas las fuerzas, decidimos que el cuerpo necesitaba marcha y emprendimos camino a Los Ángeles. Un accidente entre un camión y un coche, a 20 cms nuestro y en el que por el ruido creímos estar involucrados, terminaron por redondear el título de esta crónica. Embalados como estábamos, y tras ser testigos de otro suceso con ambulancias, policía y camillas de por medio, decidimos probar suerte por Beverly Hills seguros de que íbamos a encontrarnos a Antonio Banderas, y lo siguiente sería que nos invitara a un bocadillo de jamón. Que no ocurriera esto último es lo único que nos mantiene conscientes de no estar rodeados de algún aura protectora, pero por si acaso, salimos rumbo a Tijuana, donde yo cierro los ojos y vosotros ya los abrís.