Alcorcón, Leganés, Barajas - Nueva York, Chicago, Tulsa, Amarillo, Las Vegas, San Francisco - Ruta 66 - Tras los pasos de Moriarty

Las Vegas desde la Cruz

Antes de Las Vegas ya se anticipa la tontería del lugar al pasar por una presa, Hoover Dam, que cuenta con mirador, aparcamientos, museo, placas conmemorativas, aparición estelar en una de las películas de la serie Superman, y nada más, es decir, no hay buenas vistas, no es grande, no es alta, simple venta de humo al por mayor, en envase especial para burros.

La entrada en la ciudad se produce tras atravesar una zona residencial de chalets y adosados, con jardines que te pueden hacer gracia o poner de mal humor: estamos en el desierto, y sí, hay árboles, céspedes, e incluso campos de golf. Pasada la exuberancia que rodea la masa de grandes torres que aparecen a lo lejos en el horizonte, metemos rueda en un primer anillo de vías rápidas que abrazan barrios de casas bajas poco cuidadas, caravanas, moteles y tiendas cochambrosas que componen el extrarradio de la ciudad del neón y el cartón piedra. Una mezcla de inhóspito barrio chabolista, con ciudad tercer mundista que por momentos me recordó, aunque ya quisiera, a otras grandes maravillas urbanísticas como Algeciras o la Almería anterior a los Juegos del Mediterráneo.

Una vez en el centro, la calle principal, Las Vegas Boulevard, donde están todos los casinos famosos, por el día tiene un aspecto lamentable. Cuando el cemento sustituye al neón, es mejor estar durmiendo o en la piscina del antro que tengas por hospedería que ver la realidad, fea y acompañado de 42 grados. A la noche, todo se ilumina, y las personas acuden a la luz de las marquesinas igual que los mosquitos a las linternas cuando estás en medio del… desierto; no obstante, reconozco, que cuando la noche ha caído, si te gusta el neón, el centro de la ciudad te puede encantar, visualmente. Hay hoteles imitando estilo romano, griego, veneciano, francés, la torre Eiffel, edificios emblemáticos de Nueva York, y las Pirámides. Un brillante mundo de miserias escondidas.

El ambiente nocturno me pareció deprimente, una mezcla de viaje del Inserso, con viaje de fin de curso, con viaje de hinchada de partido de fútbol, todo ello con estética de familia paseando por San Juan, Alicante, en plena temporada alta. Cada cosa por separado tiene su sentido, pero la mezcla me pareció sórdida y desagradable.

Los casinos me decepcionaron, ni tanta muchacha hermosa como esperaba ni tanto espectáculo a lo grande como tenía en mente. Lo cierto es que la imagen que uno guarda de Las Vegas es la de los grandes combates de boxeo, noches llenas de glamour, o la extraída de películas como ‘Casino’. Los hombres siempre han vivido de mitos, y Las Vegas es uno moderno formado a base de literatura, cine, fiestas y leyendas urbanas.

Al llegar a la zona de juego por mucho que busques a Andy García con frac, sólo encuentras pandillas de italianos borrachos gastando dinero en las mesas, orientales entusiasmados con las lucecitas, y muchas personas con aspecto triste dejándose la vida en las tragaperras. En ninguna persona se ve cara de felicidad, ni siquiera de vicio, simplemente hastío mientras beben y echan monedas en las máquinas. Las principales víctimas parecen ser personas de la tercera edad, cuarentonas solitarias mal conservadas y personas con obesidad mórbida.

Orgía de Alegría en las Vegas - Caesar Palace - Casino - Nevada

Dentro del casino, también hay área de bares de copas y discotecas de moda, donde aparecen algunas chicas guapas campeando con muchos intentos de serlo a base de embutir longanizas en moda fashion-hortera y ocultar el rostro tras gafas que más bien podrían ser máscaras de baile veneciano. El espectáculo de fuentes de agua del Bellagio, una de las actividades gratuitas más conocidas de la noche en las Vegas, me pareció absolutamente digno del programa ‘Noche de Fiesta’, no daré más explicaciones.

Pero todo esto ocurre en América, se magnifica, se idealiza, como la palabra del jefe en el trabajo, y sobre todo, se sabe vender. Reconozco tres grandes méritos a la mafia que han edificado esta ciudad-decorado en medio del desierto de Nevada: 1. han creado puestos de trabajo; 2. han creado un lugar donde los portadores de la moral protestante pueden airear sus instintos animales; y 3. han sabido democratizar el juego, no hay etiqueta para acceder a ningún casino, no hay apuesta mínima que no puedas abordar, si sólo quieres gastar un céntimo, eres bienvenido, ellos saben que cada céntimo vale más de lo que pesa.

Creo que la ciudad se puede disfrutar si: 1. llevas autenticas ganas de hacerlo en base a alguna motivación que soy incapaz de imaginar; 2. haces uso masivo de estupefacientes y/o bebidas alcohólicas; 3. te apasiona el juego; 4. tienes pase para alguna de las fiestas privadas que seguro que existen y que no he visto.

En caso de que te sientas identificado con el número uno, explícamelo; si lo estás con el dos, quédate en tu barrio y te ahorras el viaje; si te motiva el tres, profesionalízate o abstente, el casino siempre gana; si perteneces al número cuatro, avísame.

Si no te encuentras en ninguno de esos casos, siempre puedes hacer como nosotros, olfatear un poco, matar la curiosidad, captar el tufillo y huir. Al menos a mí, el Valle de la Muerte (Death Valley Nacional Park), que veo alejarse por la ventana del coche, también me ha mostrado un panorama desolador, pero infinitamente más hermoso.

Death Valley - California  - Sand Dune - Salto 

Tras tantas líneas, resumo mi impresión: Las Vegas me parece una gran pastilla de Prozac, un antidepresivo para un país que anda necesitado de ellos, una vía de escape, en ocasiones a ningún lugar. Y como buen antidepresivo, puede ayudarte o puede terminar de arruinar tu vida.

Las Vegas desde la cara

No  pienses, porque no te voy a poder hacer disfrutar. No te lo plantees, porque te perderás mis guiños. No cierres los ojos, porque mi luz no te va a poder cegar. No dudes, porque no te podré desbordar los sentidos.  No preguntes, porque no hacen falta respuestas. No imagines, porque soy mucho más. No racionalices, porque nunca se disfruta a medias. No temas, porque aquí no existe el dolor. No sufras, porque no lo mereces. No  te escandalices, por si no es el cielo que esperabas. No te lamentes porque ya no tiene remedio.  No repliques, porque estoy cuando quieras. No protestes, porque antes no había nada.  No te sacies, porque no soy abarcable. No busques más, porque sólo existo yo.  No trates de cogerlo todo, porque no te pertenece. No te palpes los bolsillos porque ya no tienes nada. No eches cuentas, porque la banca siempre gana. No me sueñes, porque podrías despertar. No tardes, porque al alba desaparezco. Déjate llevar y no me olvides, porque yo soy Las Vegas.

Las Vegas Boulevard, Nevada - Casino