Flojo de pantalón
Zenón elaboró la paradoja de la dicotomía y la aporía de la flecha, en un intento lógico de afirmar la inmovilidad, pero lo cierto, digan lo que digan sus demostraciones, es que el tiempo de viaje se nos escapa entre los dedos, mientras el desplazamiento físico a lomos de Buffalo y Coyote se acerca a los 7500 km. Poco hace que dejamos atrás el punto de inflexión, a partir de ahora estamos en la parte descendente de la parábola, cada día es un día menos; igual que antes, sin embargo duele más.
Dieciocho días de viaje, la mayor parte de ellos deambulando, sin alojamiento fijo, cansados, mal comidos, que han servido para incrustar un poco más en mí la convicción de que trabajar no me aporta nada excepto míseros euros y que el gusto por el trabajo sólo puede existir en casos de corrupción mental.
Afirmar alguna bondad en el trabajo lo considero ideología, y como tal, perniciosa. Desde que somos niños tratan de que ésta se grabe a fuego en nosotros. La verdadera perversión no es tanto que te guste trabajar -una vez abducido por el ambiente laboral es difícil darse cuenta de que se va camino de la demencia-, sino pensar que te puede gustar y creer que lo necesitas cuando no lo tienes; esto último significa que estás perdido.
Decía un personaje creado por Mark Twain, que en alguna parte del mundo había una tumba esperándole. Pena que no pueda seguir tras la pista de la mía como en estos días y me dedique, por lo normal, a hacer el paleto trabajando como un miserable. O por mejor decir, pena que me falten arrestos para seguir en esta línea de ocio y dispersión, porque lo que se dice poder, siempre se puede.
En otro orden de cosas, pero que también aplican al título, todos estamos perdiendo peso. No vamos a volver ni más gordos, ni hinchados, y ello a pesar de que últimamente hemos encontrado sitios decentes para comprar comida. Estar dando tumbos no significa estar desarraigado, así que ¡Viva la paella y Viva España! Dos cosas que cuanto más viajo más me gustan.



