Alcorcón, Leganés, Barajas - Nueva York, Chicago, Tulsa, Amarillo, Las Vegas, San Francisco - Ruta 66 - Tras los pasos de Moriarty

Flojo de pantalón

Zenón elaboró la paradoja de la dicotomía y la aporía de la flecha, en un intento lógico de afirmar la inmovilidad, pero lo cierto, digan lo que digan sus demostraciones, es que el tiempo de viaje se nos escapa entre los dedos, mientras el desplazamiento físico a lomos de Buffalo y Coyote se acerca a los 7500 km. Poco hace que dejamos atrás el punto de inflexión, a partir de ahora estamos en la parte descendente de la parábola, cada día es un día menos; igual que antes, sin embargo duele más.

Dieciocho días de viaje, la mayor parte de ellos deambulando, sin alojamiento fijo, cansados, mal comidos, que han servido para incrustar un poco más en mí la convicción de que trabajar no me aporta nada excepto míseros euros y que el gusto por el trabajo sólo puede existir en casos de corrupción mental.

Afirmar alguna bondad en el trabajo lo considero ideología, y como tal, perniciosa. Desde que somos niños tratan de que ésta se grabe a fuego en nosotros. La verdadera perversión no es tanto que te guste trabajar -una vez abducido por el ambiente laboral es difícil darse cuenta de que se va camino de la demencia-, sino pensar que te puede gustar y creer que lo necesitas cuando no lo tienes; esto último significa que estás perdido.

Decía un personaje creado por Mark Twain, que en alguna parte del mundo había una tumba esperándole. Pena que no pueda seguir tras la pista de la mía como en estos días y me dedique, por lo normal, a hacer el paleto trabajando como un miserable. O por mejor decir, pena que me falten arrestos para seguir en esta línea de ocio y dispersión, porque lo que se dice poder, siempre se puede.

En otro orden de cosas, pero que también aplican al título, todos estamos perdiendo peso. No vamos a volver ni más gordos, ni hinchados, y ello a pesar de que últimamente hemos encontrado sitios decentes para comprar comida. Estar dando tumbos no significa estar desarraigado, así que ¡Viva la paella y Viva España! Dos cosas que cuanto más viajo más me gustan.

Aventuras y desventuras de un rocín no tan flaco

Do hubiera una montura, allí hubieran de estar aquestos humildes viajeros. Si por no estar motorizados hubiéramos de pausar este viaje, otro remedio no hubiera quedádonos, más nuestro anterior carruaje un siguiente metro no podía avanzar.

Coyote

Dubitativos por si el incidente resolviérase en contra nuestra y de nuestro bolsillo, callamos por no mentar al mal fario, temerosos de atraello,  ya que sino obra de aqueste habría de ser la repentina desventura.

Así fue, y así lo cuento, que arribados al mostrador  do rentan carruajes, callamos los veraces motivos de la contingencia, más resuelta la culpa no estaba y responsabilidades podían reclamarnos sin asumir el pecunio de las reparaciones.

Más la treta, repetida y aprendida por cada miembro de la expedición para fisuras no revelar la historia, mostrose convincente y la compañía resolvió a favor de los reclamantes, propiciando un carruaje sin mácula.

Y como indemnizados éramos y no habíamos de perder en la transacción, entre dos monturas a elegir ofrecieron. Uno, de agresivas maneras y aerodinámicas formas, con Pontiac por nombre. El otro, a razón de Chevrolet para atender, con robustas y fermosas líneas e incontenible fuerza cualesquiera que fueran los terrenos a pisar de aqueste momento en adelante, ya  que por evitar renovados encuentros con las fuerzas de orden, descartado fue el primero, pues en pies livianos peligroso se presentaba. Demás que no ha muchos días que preferencias mostrábamos entre persistente cazador y afortunado burlador, cuestión no era de desdecir la propia boca de tan pronta manera. Así, que por Coyote adoptamoslo, siendo de Arizona como en Zafra hubiere podido venir al mundo. Y así acaba la aventura que por desventura presagiamos, y que de ahora en adelante en cuatro por cuatro a vos se irá relatando.

Coyote