Alcorcón, Leganés, Barajas - Nueva York, Chicago, Tulsa, Amarillo, Las Vegas, San Francisco - Ruta 66 - Tras los pasos de Moriarty

Buffalo ha Muerto, Dios Salve a Coyote

Tras un accidental incidente Buffalo, nuestra amada montura, ha muerto. Corazón dolido en mano, hemos de abandonar un cadáver de hierros que no valen ni para chatarra, pero jamás olvidaremos la íntima relación que surgió con el trato diario que durante esta quincena mantuvimos. La vida sigue, y ahora, Coyote, la nueva cabalgadura que hemos conseguido, cortesía de Hertz, habrá de hacer cierto el refrán “a rey muerto, rey puesto”.

Qué ocurrió es algo demasiado triste, un recuerdo punzante que preferimos guardar para nosotros, por mor de la especial amistad que nos une con alguien que ya no veremos de nuevo.

¡Qué Dios acoja tu chasis, amadísimo Buffalo!

‘El ratón vacilón y el gato comilón’

Si dieran premios por comprobar la veracidad de leyendas urbanas, el salpicadero de ‘Búffalo’ ya estaría colmado de trofeos.

Sin ahondar en el ya a estas alturas suficientemente conocido asunto del autoestopista, sólo cabe decir que comprobado está que existen y es un caja de sorpresas el recogerlos, como también existe el sheriff del condado apostado tras el árbol con el radar en mano. Y en este episodio sí nos extenderemos.

La situación transcurre por Utah, en el Condado de Garfield. En el reparto de papeles en el juego del gato y el ratón, con ese nombre a su condado, se otorga el Sheriff el rol felino dejándonos a nosotros como parientes de Mickey. Los asiduos estos días de la feria malagueña conocerán la famosa atracción de ‘el ratón vacilón y el gato comilón’. Pues eso.

Cierto que el cartel indicativo, aunque pequeño, marcaba 40 millas por hora. Más cierto aún, que en los 17 días anteriores de viaje, el ratón se había comido el queso de todas las trampas, practicando la hispana costumbre de ir un pelín por encima del límite marcado. Y completamente real, desgraciadamente, que a la  entrada del parque de Bryce Canyon, circulando a 70 millas por hora en una recta solitaria, el gato se salió con la suya, apareciendo de la nada en un todoterreno con la sirena puesta y colocándose matrícula con matrícula, ratonera en mano.

Ranger Bryce Canyon multa

Tras detenernos e indicarnos que nos quedásemos en el coche, una vez Jeremías ya se había apeado del volante para tratar de atenuar el castigo con amistosas explicaciones, el sheriff, placa en ristre y rictus serio, comprobó la documentación y nos explicó la multa, atenuándola de manera condescendiente por el hecho de ser turistas. Esto me hace redundarme en el tema de la severidad a la hora de aplicar la ley cuando no tienes necesidad de integrarte.

Temas sociales aparte, el caso es que no hizo falta recurrir a un par de latas de whiskas para el soborno y el brazo de la ley de Garfield  fue menos  férreo de lo que esperábamos, dejando la  ‘receta’en 232$ y una recomendación: “drive carefully”.

Aún estamos debatiendo el hecho de pagarla o no, porque no sabemos si la sanción se reduce sólo al estado de Utah o a todo el país, en el hipotético caso de querer volver a entrar. En ello estamos…

De todas las maneras, como servicio social que pretende ser este blog, os rogamos encarecidamente que no corráis con el coche, y si, por vuestra cuenta y riesgo, lo hacéis por las praderas de Garfield, aquí os dejamos la cara que gasta vuestra mayor amenaza, después de la propia seguridad.

Ranger Garfield

El conductor habla de la multa

No diré que fue injusta, pero sí me quejaré. Cuando te ponen una multa siempre esperas dos cosas: la primera, que sean benevolentes y te apliquen todos los atenuantes posibles –en nuestro caso rebajó en tres mph la infracción para poder clavarnos 100$ menos, hasta un total de 232$; la segunda, que el tipo tenga sentido del humor, lo que ayuda a que no te tomes a la tremenda el hecho de que parte de tu mensualidad desaparece sin disfrute alguno.

El Sheriff del condado de Garfield no tenía ganas de reír ni de hacer reír. Puso la multa, no permitió que abriésemos la boca y se largó con el deber cumplido.

Ah, si él supiera… toda multa tiene su historia. La de esta comienza en Newkirk, Nuevo México, hace mucho, mucho tiempo. Allí, el indicador de Buffalo decía que únicamente quedaban 8 millas de combustible, mientras que el mapa de Microsoft, bastante detallado, anunciaba la siguiente gasolinera en 20 millas. Mientras dos reían y uno se consumía por la desesperación, apareció Newkirk, con una decrépita y cara estación de servicio, gracias a la cual salvamos los muebles. Ayer, camino del Parque Nacional Bryce Canyon, tras consumir 200 millas de combustible en un bonito trayecto que atravesaba el Dixie Nacional Forest, y parar a repostar sin éxito en dos gasolineras, cerradas por ser domingo, día de descanso para los mormones, el indicador anunciaba 45 millas de combustible en la reserva y el mapa únicamente un pueblo, en torno a 30 millas de distancia, en una dirección que no deseábamos tomar –ir tampoco aseguraba tener la estación abierta. La decisión, salomónica, fue mandar todo “a la mierda” y poner rumbo al parque nacional, a sabiendas de que nos íbamos a quedar con el depósito seco durante la visita, lo que implicaba hacer noche no sabíamos bien dónde y retomar la marchita moda de hacer autostop, al día siguiente, lunes, laboral, para que nos acercasen a por el bebercio que Buffalo requiere. De nuevo dos eran todo risas y un tercero puro limón agrio. La Providencia, que siempre ayuda a los justos y generosos de corazón, vino en nuestro socorro, con dos estaciones en la entrada del parque, no marcadas en el mapa. Por segunda vez el barco salía a flote cuando nadie lo esperaba. Tras la normal alegría, pisar el acelerador en una recta sin tráfico, con un límite de velocidad ridículo y no fijarse en las señales que lo anunciaban fue una misma acción. La música, la euforia, las caricias a Buffalo y los besos a nuestra mascota Ruperta nos distrajeron lo suficiente para no ver las luces de la patrulla hasta que nos paró la barrera de entrada al parque. Caras de circunstancias. No bien desapareció la cara de Torrente, hubo otro estallido de risas, aunque de nuevo no compartido por todos.

Todavía no sé si pagaré la multa o no, una parte de mí no quiere hacerlo, la otra, tampoco; pero ambas tienen pesadillas con imágenes recurrentes acerca de sufrir el presidio en los desiertos de Utah. Lo malo no es el clima árido, sino que son mormones, y no sé porqué, pero empiezo a estar cansado de ellos. Seguro que me obligarían ir a misa los domingos, y a eso, no hay manera de encontrarle la gracia (ni siquiera la Divina).

Preso - Utah - Desierto