El autoestopista desde el asiento del copiloto
Sentado en el asiendo de acompañante del conductor tienes dos misiones, o impedir que se duerma, o pasar del tema y mirar por la ventana. Dedicandome a la segunda ocupación, veo un tio que pasa largo los cuarenta, barba, gafas de sol. Está haciendo autostop, de verdad que entre los tios con buena pinta, este tenía buena pinta. Llevamos el velocímetro en español, es decir, vamos como dice Estopa, a toda hostia. Así que para recoger a este tio tuvimos primero que decidir. Bueno, por que no? Así hablamos un rato y tal. Vale. Pues damos la vuelta. Primero echa el freno, gira y vuelve. Mete su mochila en el maletero que ya de por si está petado. Buena mochila, mejor que la mia. No tiene nada de mierda encima para ser autoestopista. Un tio limpio, buena gente. Le decimos que vamos a Durango, se le ilumina la cara. Leches! Mi dia de suerte, también voy a Durango. Más tarde me preguntaría que habría dicho si le decimos que ibamos a Pitis.

Al poco tenemos que parar. El señor Jeremías y el señor Pajares han encontrado un nuevo lugar donde poner a prueba si pueden romperse los cuernos de una hostia. No es nada, una especie de saliente de roca, debajo del cual está el valle de un billionario del petroleo. La foto haciendo el Karate Kid no tiene precio, joder, nos jugamos la foto del dia. La verdad es que el barranquillo es de impacto.

El colega se flipa un poco con el comportamiento capruno de los adlateres. Le digo, nada, nada, si llevamos asi todo el viaje, si ven una piedra se suben a por foto. Crazy people, you know. El tio se hace unas risas.
Como a mi Durango me suena a marca de cinturones, le preguntamos que si sabe un sitio acorde a nuestro nivel de cutrefección. Claro, hombre, si precisamente anda buscando tambien alojamiento. En el camino nos contamos las vidas, pero en resumen. Una historia. Se le ha quemado el pickup, sale con lo puesto. Va para Montana, asi que a ver si desde Durango está más cerca, pillando un bus o algo. Llegados a Durango vemos que uno tras otro todos los moteles donde nos va llevando son, primero, los más baratos. Bien. Acordes a nuestras pretensiones. Segundo, todos están llenos. Como el señor Jeremías se sacó el carnet en Leganés, pues ya os imagináis, las indicaciones de dirección claritas por favor. Y aquí es donde nuestro guía improvisado empieza a liar la cosa. Dice, a la izquierda, con la mano derecha señalando a la derecha. La cagamos, para girar hay que saltarse un semaforo. No pasa nada, eso en Leganés es ley de vida. Yo creo que fue entonces cuando el tio empezó a notar calorcillo por la zona del gayumbo. Unos cuantos giros más y el tio ya metía la cabeza en el volante para dar las indicaciones. Llegamos a un motel Super 8, que yo pensaba que estaría fuera de su presupuesto. No dio lugar a más especulaciones, según pensaba yo en ir fuera de la ciudad el tio empieza a gritar como cuando te zampas un taco de un mordisco. Se pone rojo, y los ojos dando vueltas como las tragaperras de Las Vegas. De repente está en el suelo, que se mete debajo del coche! Ah, no cabe, mucha barriga para un coche tan bajo. Lo siguiente somos nosotros entrando en el motel y llamando al 911. Se lo llevan. El tio reacciona. Le sacan del bolsillo de la camisa unos sobres con unas pirulas que parecen caramelos de gordas que son. Lo siguiente somos nosotros haciendo ruedas para largarnos de alli. La próxima vez que tengamos que recoger a alguien yo creo que mejor al que tenga peor pinta. Como dice el señor Pajares, para estos casos lo mejor es recoger a alguien en una noche oscura y lluviosa, siempre que lleve un traje de comunión y tenga las cuencas de los ojos vacías.



