No somos pobres, puesto que vivimos por encima del umbral de la pobreza. Pertenecemos a esa clase media, con ínfulas, venida a más, a ratos bastante estúpida y engreída, a ratos modesta y cobarde, que ansía tener objetos inútiles y principalmente acumula un miedo inmenso a perder las cuatro baratijas que ha conseguido; clase que se siente llena de orgullo cuando puede mostrar sus merecidas posesiones y lo bien que transcurre su existencia; clase que asocia precio con valor, ingresos con inteligencia, ocio con gastar, viaje con aventura, deporte con gimnasio y televisión… mientras pasa sus noches rellenando los avisperos de ladrillo visto que forman las ciudades. Grandes cementerios repletos de nichos para vivos con almas muertas.
A pesar de esta descripción tan optimista, aún tenemos mentalidad de pobres, esto es, pensamos o preguntamos por el precio antes de hacer una compra. Tener mentalidad de pobre no significa tener la cuenta corriente tiritando, ni tener mentalidad de rico ser adinerado, simplemente es una actitud, una manera de afrontar los pagos, las compras, en definitiva, la vida, porque no hay vida sin comercio. Conozco poquísimas personas que no tengan mentalidad de pobre, a pesar de que sé de bastantes que disponen de jugosas nóminas.
Por decir de mí, diré que a pesar de mi mentalidad de pobre -moriré con ella- miro el dinero relativamente poco, gracias a que mis gustos, de simple que soy, son bastante económicos, y mis caprichos un tanto escasos. Digo esto porque tengo una manía, soy un cutre. Podría no serlo, me lo dicen y es cierto, pero disfruto siéndolo, y hoy es la primera vez que pienso serenamente porqué esto es así. La conclusión: no reniego de mi mentalidad de pobre, no trato de ocultarla. Afirmo sin atisbo de vergüenza que cuando algo me sale gratis, lo disfruto más. Además, ser cutre, ahorra quebraderos de cabeza. Y el dinero, ¿qué hace un cutre con él? ¿Lo acumula? No. Lo afloja sin sufrir cuando le dicen la cuenta del tal vez único capricho que se ha dado en meses, al menos el cutre que suscribe. No hay nada más triste que ver la cara de dolor con la que muchas personas aflojan los billetes a la hora de pagar algo que desean.
Durante el viaje hemos tenido algún pequeño conflicto Fernando-Jeremías contra Noodles, debido a que éste último no aprecia la ambrosía de la vida cutre. Los tres podríamos permitirnos un viaje pelín más cómodo, pero Pajares y yo somos cutres por naturaleza, nuestra esencia de pobre se ha transmutado, ahora que tenemos las necesidades básicas cubiertas, en dejadez y cutrerío, en lugar de convertirnos en señoritos de novela decimonónica; y claro, cuando el dicho que afirma que América es una tierra de oportunidades aplica a la perfección, si eres un cutre se te iluminan los ojos.
La pregunta “¿por qué dormir en el césped cuando hay un motel barato cerca? nosotros la invertimos, “¿por qué dormir en un motel si hay un césped cerca?”. No son ansias de aventura, ni de pasar calamidades; tampoco de dárselas de cutre, para hacernos los guays, ya que ser un cutre no es mejor que no serlo, ni tampoco peor. Cada uno hace su elección, lo importante es saber dónde se está ubicado, y a ser posible, porqué. Y por supuesto, en la medida de lo posible, somos cutres siempre que podemos, no sólo en vacaciones.
A veces he tenido la impresión de que ser cutre, a día de hoy, no es sino vivir por debajo de tus posibilidades, algo anómalo en una sociedad que gracias a los productos financieros consigue precisamente lo contrario, aparte de contentar a los banqueros. Pasar necesidades por falta de medios no es ser un cutre, ser cutre si lo sufres tampoco: somos cutres porque lo disfrutamos, porque podemos permitírnoslo, porque sabemos de dónde venimos y en qué no queremos convertirnos, y no nos engañemos, tampoco quiero hacer ninguna oda a la miseria, tal vez sólo sea que, hoy en día, a vivir modestamente -algo cada vez menos habitual-, cuando podrías llevar una vida más ostentosa, lo llamamos ser “cutre”.
Todo esto para decir que en la sección “Cutres en América”, pronta a ser inaugurada, damos algunos consejos útiles para quién desee disfrutar de un viaje cutre, modesto a más no poder. AVISO: nunca diremos cuáles de ellos han sido ejecutados, aunque pondremos todos los que nuestro olfato nos muestre.
