Alcorcón, Leganés, Barajas - Nueva York, Chicago, Tulsa, Amarillo, Las Vegas, San Francisco - Ruta 66 - Tras los pasos de Moriarty

Hilvanando…

Desde ahora, nuestro futuro obra en las manos propias y en un pie que no embraga, y en bragas, partimos; más por calor que otra cosa, calor… y humedad, no son húmedos los sueños que nos vencen, más bien exhaustos, exhausto acaba uno de doblar esquinas de edificios monumentales, monumentos vastos, los que uno se cruza, cruzan taxis las calles de manera continua, tiñendo el asfalto de amarillo, amarillea nuestro exiguo equipaje, más por uso que por suciedad, sucio es el entorno en Manhattan, aferrándose al hormigón, hormigas parecemos -parecen- desde el más alto balcón que rasca el cielo, ¿rascacielos? Para dar y tomar, toma lo que se te ofrece porque aquí nada se regala, os regalo insomnio para que sepáis que acontece, acontece que es de noche cuando en Madrid el sol asoma, asomarse a esta isla, requisito obligatorio, obligan las normas a no beber en la calle, callejean los que buscan cosas que no han perdido, perdidos estamos entre luces brillantes, brillantes que cuestan lo que tu y yo no pesamos, pesamos la comida, si la llamamos basura, basura que se agolpa a los lados de la acera, acera que sostienen millones pisadas, pisadas sin rumbo que te cruzan la mirada, miradas que se precipitan a través de un objetivo, objetivo es acabar nuestra pequeña ruta, rutina no existe cuando no te exiges un destino, destino mis fuerzas a comentar lo que veo, veo, veo, una cosita que empieza por la letra… letrados de lo ajeno, contables de lo propio, propiedades sin dueño que no asoma la cabeza, cabezadas de cansancio para reponer fuerzas, fuerza para asimilar la explosión de sensaciones, sensación agridulce al mirar al neón, neones que anuncian en lengua extranjera, extranjeros que hablan y parece que ladran, ladran, luego cabalgamos.

Día 4 – Manhattan - Cuatro personajes

Corriendo los tiempos que vuelan, en los que todo ha de ser principalmente divertido, superficial y simple, supongo que hablar de personajes en Nueva York debiera ser hablar de ficción: alguno de esos tipos que aparecen en las telenovelas americanas que emiten las cadenas de televisión en España, “Friends” y demás, por entendernos; pero ni puedo ni quiero. Otra opción sería hablar de algún personaje sacado de un libro de Paul Auster o película de Woody Allen, señeros cada uno en su arte y conocidos por todos, mas de igual modo me abstengo.

Por otra parte, podría elegir personas reales, sin olvidar  que no todas las personas son personajes: hubiera escogido a Henry Miller, pero me temo que no ha dado el salto necesario, todavía no está en el imaginario general, aunque méritos no le falten. Sí son personajes y han marcado la ciudad de algún modo, por ejemplo, Rockefeller como promotor, constructor, paradigma de empresario, prohombre, y Bin Laden como oveja negra, descarriado, desagradecido, que muerde la mano del Amo, y cuya principal labor pública ha sido la apertura de nuevos solares, sin tener en cuenta detalles como el número de sujetos que se ventilaba en la operación (aun a sabiendas de que no es comparable ser un terrorista con ser un negrero sin escrúpulos, no quiero dejar de mencionar que estoy convencido de que los grandes constructores de rascacielos de la época del crack tampoco se preocupaban en demasía por el número de obreros que caían en la obra, es más, se aprovecharon de la crisis económica, pagando salarios irrisorios, para contratar el mayor número de trabajadores, de modo que sus sueños de inauguraciones memorables pudieran ser satisfechos en el menor plazo).

Finalmente, he optado por elegir personas de la calle, ante la abundancia de casos con “particularidad extrema”, y he realizado una división en cuatro perfiles (ejemplos en la sección Personajes. Supongo que los yankis tendrán estudios sociológicos sobre el asunto). Estos sujetos son producto, imagino, de una sociedad hipercompetitiva, donde las personas no valen demasiado; podríamos distinguir: los tirados, una especie de mendigos que quizá sí tengan casa, pero se pasan el día sentados en cualquier esquina; homeless o mendigos, a todas luces carecen de techo fijo, y cerca de ellos se pueden ver todas sus pertenencias; los raritos, personas con trabajo y casa pero que destacan por algún motivo -debería ser difícil destacar en una ciudad con perfiles tan diferentes (razas, modas, turistas, etc.) pero se las apañan para conseguirlo-; y los trastornados, la mayoría se encuentran apartados, no ya del mercado laboral, porque sin duda muchos de ellos trabajan, sino de la vida que podemos considerar normal. Desde mi ignorancia de la psicología clínica los califico de “tarados”. No todos los individuos que aparecen en la sección Personajes son locos, pero bastantes, sí, en general hemos puesto los que nos parecían más curiosos.

Desde luego, es absolutamente anormal para un europeo andar por la calle de lo que considera un país desarrollado y ver tal cantidad de desechos humanos. Y digo desechos no con ánimo de hacer befa de ellos, sino de la sociedad que los produce; son residuos en tanto en cuanto la sociedad los ha usado y alejado de de sí, como se hace con una pipa cuyo contenido ya se usó: la cáscara se arroja. Da la impresión de que se les hace ver que no valen nada y terminan por creérselo, hasta el punto de que un porcentaje alto termina dando tumbos por las calles.

No hay duda de que ellos, y no los cigarrillos Marlboro, son el genuino producto americano, que por desgracia no tardaremos en importar.