Los Simpsons, divina comedia sobre la que podría escribir un blog más largo que la Biblia, fue el tema de la primera página Web que hice, calculo que en torno al año 2000. Recientemente, en un movimiento publicitario ruin, aunque no tanto como el de la elección de las nuevas siete maravillas del mundo, los creadores de la mencionada serie de animación, para dar impulso al lanzamiento de la película que han realizado con los mismos personajes, han perpetrado una encuesta para zanjar la cuestión de en dónde se ubica la localidad de Springfield. En nuestro periplo estadounidense, este año íbamos a pasar por Springfield, Illinois, una gran urbe en la que tengo entendido que hay un museo dedicado a la celebérrima serie. Nadie quiere perder comba, todos desean subirse al carro, y chupar del bote son, además de frases hechas, un tanto horteras, la representación en pocas palabras de cómo todos aprovechamos oportunidades por miserables que éstas sean.
Por suerte para mis bolsillos, y, sobre todo, para mi estado mental, la aversión que sufro cuando me acerco a un museo, tan sólo superada en el del chocolate de Artúrica Augusta, Astorga para los amigos, me impide traspasar las puertas de semejantes abismos, en los que la acumulación fetichista de objetos hace reunirse a lo más granado del ahora y el ayer (todavía no existe pero pronto alguien creará un “museo del futuro” basado en el arte conceptual de la hoja en blanco y el imagina tú lo que depara el futuro; que nadie dude, se llenará de enfervorizadas masas), con las adoraciones esclavistas más infectas, véase sin ir más lejos el origen del Metropolitan de Nueva York, a manos de cierto Morgan, de profesión “aceros y ferrocarriles” (en una dorada época en la que matar indios y tener montoneras de esclavos no era políticamente incorrecto, aunque tampoco aprobado por todos, no nos engañemos), con las palmas cual Pilatos, impulsor del sistema de voto democrático, Nerón, defensor a ultranza de las quemas periódicas y el barbecho, o Bernardo Gui, uno de los primeros en introducir el concepto de Spa en las ciudades. Por decirlo de otro modo, no tenía intención de visitar el museo de Los Simpsons –y vaya si me gusta la serie- en Springfield, y menos todavía desviaré mi camino hacia Vermont, estado en el que se encuentra el Springfield ganador del concurso.
Apenado al ver que tratan de sacar un puñado de dólares, jugando a ubicar en el planisferio un sitio que no existe sino en nuestra imaginación, y que fue creado de modo indefinido precisamente para no tener ubicación, sólo me queda proponer a Matt Groening que haga publicidad de su serie y apología de su país a través de un episodio que podría ser antológico, a saber, Homer y Bart recorriendo la Ruta 66; creo recordar que ya hicieron algo similar, al recrear la Película “Thelma y Louis” en un episodio en el que Marge se da a la fuga, y no estoy seguro de que no hayan hecho un guiño a la ruta en otro en el que Homer deviene en motero; también han hecho escapadas a San Francisco y Las Vegas, y aún sin recordarlo apostaría porque pisaron Los Ángeles; y si bien fuera de la Ruta original, que no de la nuestra, se encuentra Nueva York, en la que pasaron un aciago día tiempo ha.
Por otra parte, propondré a mis compañeros de viaje un concurso: entre los cinco lectores del blog que más comentarios nos envíen sortearemos una plaza para acompañarnos en el próximo trote que organicemos; tal vez alguna ruta circular por Australia, por ejemplo, Melbourne, Canberra, Sydney, Brisbane, Darwin, Perth podrían articular un viaje en el que viésemos la Gran Barrera de Coral (Great Barrier Reef), ciudades de todo tipo, desiertos que no envidian nada al de Atacama (Chile), considerado el más seco del mundo, zonas pantanosas, minas de oro abandonadas, y vete a saber qué (por supuesto, no dejaríamos de hacer el paleto visitando la roca Ayers, que anticipo como una especie de fusión del Yelmo de la Pedriza con el Naranjo de Bulnes). Y como la imaginación no deja de volar, quién sabe si no podríamos decir eso de “envía Ruta 666 al 555” y díganos el destino que prefiere entre: Nueva Zelanda, Madagascar, Zaire, Vietnam, Mongolia, Japón, Siberia y Switzerlandia. A ver qué sale…