Alcorcón, Leganés, Barajas - Nueva York, Chicago, Tulsa, Amarillo, Las Vegas, San Francisco - Ruta 66 - Tras los pasos de Moriarty

Ración de fotos

Video Ruta 66: Costa Polvoranca - San Francisco

Ciudades y pueblos, desiertos y bosques, lagos y montañas desde la ventanilla de un coche, en un viaje de 38 días, con principio en la costa Este (NY) y fin en la Oeste (SF).

Parte 1: http://www.youtube.com/watch?v=cbhInsNVYiM
Parte 2: http://www.youtube.com/watch?v=8Th5rZvcntI

El próximo verano nos vamos a Mongolia en un Seat 127, como participantes del Rally Mongol. Podéis encontrar información acerca de la carrera/viaje en la página

RALLY MONGOL: http://www.losborricos.com

Cifras y Letras del Viaje a EEUU

Estos son los datos básicos por los que nosotros suspirábamos cuando estábamos dando forma a la idea del viaje.

Ruta 66 - Nuestro Recorrido Costa a Costa - Nueva York, US - Ontario, Canada - Chicago, US - Las Vegas, US - Tijuana, Mexico - Big Sur, US - Monterey, US -  San Francisco, US
Mapa - Click para ampliar

Enlace a VideoFotos by Noodles

LOGÍSTICA

Ida: Madrid - Nueva York vía Zurich (Spanair + Swiss)
Vuelta: San Francisco - Nueva York (JetBlue) + Regreso del billete de IDA a Nueva York
Coche alquilado: Herz, total 1800 euros (30 días + devolución en la otra costa)
Integrantes: 3 personas (2 conductores)
Alojamiento: Hostales, Moteles, Campgrounds

RECORRIDO

Grandes Ciudades: Nueva York, Chicago, Denver, Las Vegas, San Diego, Los Angeles, San Francisco.
Parques Nacionales: 10 (Rocky Mountains, Mesa Verde, Arches, Canyonlands, Capitol Reef, Bryce Canyon, Grand Canyon, Death Valley, Sequoia & Kings Canyon, Yosemite).
National Forests: Mark Twain, Arapaho, Pike, San Isabel, San Juan, Dixie, Kaibab, Sequoia, Stanislaus.
Ruta 66: sumando interestatales que van paralelas, más conducción por el recorrido original, realizada casi por completo.
México: 3 días en playas, zona Ensenada.
Duración: 38 días ida y vuelta incluida.
Total KM recorridos en coche: 11876.

Para más detalles acerca del recorrido, mirad la información de los enlaces de la derecha. Sin vuelos internos excepto para la vuelta SFO-NY.

GASTOS

Avión 550 (Madrid-NY i/v) + 130 (SFO+NY), por persona.
Varios durante la preparación 50, por persona.
Gastado en EEUU 1440, por persona (incluye todo: gasolina, comida, bebida, alojamiento, etc).
Gastado en EEUU en gasolina 1200 euros aprox, total.
Coche 600, por persona.
Total: 2770 euros, por persona.

Nuestro Viaje de la A a la Z

A - América, la del Norte que pisamos
B - Barbacoa, el alimento de los campeones
C - Comida Basura, a veces no hubo otro remedio
D - Durango, la fiesta de la espuma
E - Eclipse, la espera mereció la pena
F - Free, seis sentidos enfocado en ello
G - Garfield, toma multa chavalote
H - Hot Springs, hot, hot, hot
I - Inglés, si no había otro remedio
J - Jacobs Lake, el que algo quiere, algo sacrifica
K - KM, 12000, los que hemos hecho
L - Lectores, va por vosotros
M - Mancos, y cojos, ¡pero cómo bebían!
N - Neverita, la mejor inversión
O - Oz.64, pedazo vaso de coca-cola
P - Pinball, vicio, vicio en el asiento de atrás
Q - Quesadilla, lo único que no picó en México
R - Ruta 66, el origen de todo
S - Smoars, nubes al fuego con chocolate
T - Tasas, sorpresa de última hora
U - Unleaded 87, alimento de nuestros rocines
V - Vivac, alojamiento barato
W - Wireless, qué sería del blog sin él
X - XXL, la medida americana por excelencia
Y - Yosemite, pasada
Z - Zion, para la próxima

Agradecidos y emocionados solamente podemos decir ¡Gracias por Venir!

Aunque todavía no ha terminado la historia, y antes de que lo olvidemos, queremos agradecer:

A nuestros padres, que a pesar de la edad han luchado contra la marea para navegar por Internet y poder saber dónde estábamos, sufriendo el bochorno de vernos en acción.

Álvaro: por su incesante apoyo y por manejar los hilos desde Pucela, con una sombra más alargada que la del ciprés. Por su constante tutela para que no perdiésemos la perspectiva de las cosas realmente importantes. Pronto estaremos dándole al vino contigo.

Amiga Visible: sin su ayuda la logística del viaje hubiera sido más complicada. Por sus consejos, por sus puntos de vista en las antípodas del cutrerío y estar día a día al pie del cañón, en la luz y en la sombra.

Gran Duque de la Pedriza, y Duquesa: ¡¡Siempre Presentes!! Por sí solos fueron capaces de sostener el bastión de los comentarios cuando todo el mundo bronceaba chichas en alguna playa. Aupa Zofío.

English Lady: because she was our best supporter, and even Hooligan, from the Anglo-Saxon world.

Raquel (y Pablo, que no ha dicho ni mú, pero fijo que ha estado ahí como el que más), Ana B, Juan, Noemí, Güimi: Porque lo bueno si breve, dos veces bueno. Y sus consejos y comentarios lo fueron. Ana L. por llamar esté uno donde esté en las fechas señaladas.

Fernanda: Por participar y adjuntar una gran sonrisa en cada comentario, aunque defendiera al correcaminos. Aún estamos por decidir si perdonarle.

Fernán Caballero: Porque los principios y los finales son lo bueno. No importan las mitades si se está de vacaciones.

Lance Amrstrong: Por sus pedaladas de aliento cuando el resto del pelotón flaqueaba, que fueron para nosotros como bocadillos de EPO.

Wa: Porque más vale tarde que nunca, sobre todo si se viene con alegría aunque  se sea madridista. Cada uno ha de cargar su cruz. ¡Fileteeeee!

Carolina, Cecibel y Arantxa, Morenito y Abejero: por ser y por estar. En España y Venezuela.

Xavelo y Tankian: Por enlazarnos en su Web y superar la barrera del desconocimiento de los que suscriben para acercarse hasta nuestra humilde morada.

Timothy y su M16; Piernas de Roble y su borrachera; Harry, Bettina, Ricarda y Sabina por compartir chuletones; Vanesa y Pablo por el consejo de Carmel; Jessica, Tamara por invitar a smoars;  a los agentes de la autoridad Pobre, Raúl, Reyna, William, Pattier y Jameson por hacernos la vida más difícil, meter la mano en nuestro bote, e invocar a La Providencia en varias ocasiones. Aina, Gemma, María por esa linterna cuando no teníamos ni leña que encender. A John el Marine loco por esas cervezas. A Buck, porque sin su espuma no habría habido tanta fiesta. A Jesús y Víctor por sus ideas para el blog.

Y aunque no dieron la cara en público pero nos hicieron saber que estaban ahí a: Marcos, Olga, Virginia y Aaron, Vicky, Gastón, Marianhele, Chus y Juanma, Felipe, Ramir, Manolou, Amadoz y su amadozito venidero, la prima Azu, Sara, Susana, Rosa, Sonia, Estela, Pichulitis, la tita Tuly, Miguel, Sergio, Carlos, Gemma, Mariana, Malú, Arantxa y Pilar, Yoli, Irene, Rubén, Nuria, Gema, Nacho, Naranjito, Agustín, Javier, Sofía, Daniel, Bakuz, Jorge, Pedro, Lucas, Astraco y Reinaldo y todos los que nos han leído desde el anonimato.

Bill Gates: por facilitarnos diverso software para pruebas.
La Mula Francis: por colaborar con Bill Gates en la distribución.
A todos aquellos que dejaron desprotegido su Wireless.

A Héroes, Manu Chao, Bambino, Triana, Medina Azahara, Calamaro, Siniestro, Extremoduro, Reincidentes, Rosendo, Estopa, Marea, Rammstein, Muse, RHCP, Nirvana, Rem, y tantos otros.  Mención especial para Chimo Bayo y Paco Pil, por sus momentos estelares, fugaces, pero intensos, inolvidables para tantos y tantos cowboys que veían un coche botando y pidiendo pista. Entre todos el viaje se hizo más ameno.

San Francisco, Amsterdam Hostel, Taylor Street

El Viaje a Ninguna Parte

Me apropio de una frase que ya ha sido utilizada en diversos títulos -novela, película y disco- para abrir la conclusión de mi parte de narración. Ha sido un viaje en el que pocas cosas podrían haber ido mejor. El viento ha soplado a nuestro favor, a pesar de los pesares con los que todos cargamos, y cuando lo hacía de cara, incomodándonos, nada tan sencillo como cambiar de rumbo para volverlo a tener de popa; ya lo decía aquel, si la muerte me mira de frente, yo me pongo de lado.

Me llevo un saco de recuerdos, algunas experiencias nuevas y muchas imágenes que espero conservar al menos el tiempo justo para organizar otra escapada. He aprendido lo que ya sabía, es decir, nada; no en vano, creer que por conocer el 0,02 por ciento de algo se es más instruido que por conocer el 0,01 es una de las grandes paletadas que llevamos grabadas a fuego en las alforjas que usamos como orejeras; pero ya lo dice aquel otro, nos va lo de hablar por hablar.

Hasta ahora había hecho viajes relámpago, viajes de tres semanas, viajes en grupo, viajes a solas, viajes por montañas, viajes urbanos, viajes con un objetivo, viajes sin él, viajes por España y viajes al extranjero. Este último ha sido un tanto especial, por la duración y por el hecho de estar más de un mes con un plan un tanto abstracto. Por mi parte, puedo decir, prueba superada. Aunque siempre se echan cosas de menos de casa, no me han faltado ganas de seguir ganduleando por allí.

En todo caso, éste, un viaje, que como todos, no lleva a ninguna parte. Seguiré viajando tanto como pueda, sin embargo, no olvidaré que el mejor viaje es uno que practico asiduamente con placer: estar una tarde sentado en casa, a solas, sin hacer nada en especial. Mucho me costaría valorar otras experiencias si no hiciese justicia a ésa, y más vale acostumbrarse, es lo que nos aguarda al final de otro viaje, en el que nos embarcó quien más nos quiere.

He visto cosas que vosotros no creeríais… Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de… trabajar.

Epílogo

Llevo más de 30 horas sin dormir desde que amanecía en San Francisco para empezar el retorno. Estoy a punto de envolverme en mi cama de siempre, y que ahora es de paso. La dinámica se acelera y de golpe dejas de pensar en dólares, cuántos kilómetros recorreré mañana, dónde podré dormir, si la gasolina costará más o menos y cuál es el mejor sitio para recargar la nevera con hielo.

Las sábanas me cubrirán en breve, agarradas por los dedos que se despiden del teclado. El mecano de la rutina se ha montado solo y echa a andar inexorable.

Estadio Vicente Calderón - Madrid - Atletico de Madrid - Mallorca

Dos imágenes disipan los últimos aromas del viaje: estar sentado en mi cama, viendo que mi habitación sigue como siempre y estar sentado en el Vicente Calderón, sufriendo como el Atleti se complica un partido más. La inercia se vuelve insoportable. Buenas noches, América

El Proscrito

Demacrado y exhausto pulso las teclas para confirmar que ya respiro tranquilo. Para no asustar a la familia, no quise comentar nada antes, pero desde que el período de pago de la multa expiró, hace tres días, he sufrido con cada sirena que oía, cada coche de policía que se cruzaba en nuestro camino, cada viandante que me miraba fijamente, cada móvil que sonaba a nuestro lado; apenas he podido conciliar unas horas de sueño de las últimas setenta y dos, sudores fríos recorrían mi nuca pensando que tirarían abajo la puerta del hostal, el alimento se hacía bola en mi boca y no podía tragar. Mientras las aguas se lanzaban con furia contra las rocas del cercano presidio de Alcatraz, mi mente recordaba aquella inscripción de la Iglesia de San Francisco, en la lejana Évora, Nos Ossos Que Aqui Estamos Pelos Vossos Esperamos.

Hoy, último día en EEUU, pálido y consumido, descarnado, mis huesos limpios hasta de pellejo, claudiqué. Me acerqué a una oficina postal e hice lo que todo cobarde hace alguna vez en su vida: pagar las multas de tráfico. Sea por dejar la posibilidad de un nuevo viaje a EEUU dentro del bombo.

Pagando Multa, Union Square Postal Office, San Francisco 

Cerrando mochilas

Perogrullada es decir que todo pasa mucho antes de lo que tarda en llegar. Y aquí estamos, embalando el equipaje, apretando los bultos y recontando paquetes. Increíblemente, y quizá debiera no decirlo antes de llegar a casa, es la primera vez que no pierdo nada en un viaje. Y eso, para un desastre que se ha llegado a quedar sin dinero ni papeles, durmiendo al raso y dándole el cónsul monedas para las fotos de un nuevo pasaporte, es mucho más que milagroso.

Lo que más abunda en el exiguo equipaje son un montón de recuerdos que se tratarán de ir asimilando con el tiempo, pues a pesar de las semanas, no es fácil degustar mientras se engullen novedades. Algunos desaparecerán para retornar súbitamente en una charla, una imagen o un olor. Otros, los menos importantes, se esfumarán al baúl del olvido, chapado con siete candados. Unos pocos, serán imposibles de borrar, y aunque no gusto de dar demasiadas explicaciones, acabaré contándolos diez o doce veces sin que nadie me lo pida. Cada viaje largo, acaba siendo la mili que nunca hice.

Tras escapadas cortas, repentinas, vacaciones planeadas, viajes solo, acompañado, en barco, en tren, a pie, en grupo, con largo presupuesto o escaso de dinero, uno acaba recordando siempre  lo bueno y positivando lo malo. En la balanza del que termina no se puede comparar lo bueno, por demasía, con lo malo, por el esfuerzo que supondría ponerse a pensar en ello. Viajar es un aprendizaje y compartir, es vivir. Así, que ni os quedéis sin vivir ni os permitáis no aprender. A mí, de momento, no me queda sino esperar tranquilamente la próxima partida –invitados estáis-, que ya lo decía Machado:

Sabe esperar, aguarda que la marea fluya
—así en la costa un barco— sin que al partir te inquiete.
Todo el que aguarda sabe que la victoria es suya;
porque la vida es larga y el arte es un juguete.

Y si la vida es corta
y no llega la mar a tu galera,
aguarda sin partir y siempre espera,
que el arte es largo y, además, no importa.

Y hecho este brindis al sol, ahora entre tú y yo, lector, lo que realmente merece la pena  de viajar es enseñar las fotos y vacilar con “ahí he estado yo”. Cierto que el Photoshop ha ahorrado mucho trabajo de postal, pero siempre hay algún listillo que sí que ha estado y te puede desmontar la historia. Así, que ni se te ocurra irte sin cámara de fotos o comprar un par de imanes para la nevera. Ya hemos dejado claro desde el principio que lo que cuenta es la pose y que se vea bien los próximos meses la etiqueta del aeropuerto en la mochila.

California

Tierra de vinos, tierra de sol, tierra de hispanos, tierra de encinas y monte bajo, tierra de pinares, tierra de vacas, tierra de parques naturales, tierra desértica, tierra montañosa, tierra bañada por el mar, tierra jovial, alegre, tierra de turistas; ciudades limpias, pueblos pintorescos; California comparte con España detalles, paisajes, clima e idioma, y se diferencia claramente de la mayor parte de Estados que hemos recorrido, principalmente y para mi gusto, en que aquí parece haber un poco más –que no mucha- de vida en la calle.
 
En todo caso, California no es España, sin ir más lejos hoy suspiraba por unos panchitos con las cervezas; de acuerdo, es absurdo, pero algunas veces, sino todas, en esos pequeños detalles está la felicidad; y poco tardaré en largarme a Cuenca a darle al vino y los zarajos, que se echan de menos.

La verdad, California y San Francisco no son Europa; por cierto, no tengo ni idea de qué es Europa, pero puestos a buscar semejanzas o diferencias, y hartos de tanta diferencia encontrada durante el último mes –sobre todo en lo que a la localización de bares se refiere- nos hemos querido quedar con las semejanzas y haberlas, haylas. California merece la pena la visita y San Francisco es una ciudad muy agradable lo cual, viniendo de alguien que prefiere andar rodeado de matojos, es bastante decir.

En definitiva, veo California, principalmente, como un punto débil del Imperio a través del cual va entrando la sabia hispano-española-castellana, de igual modo que Han Solo se coló en la Estrella de la Muerte por un pequeño agujerillo para hacer reventar la manzana podrida.

No sé si mis ojos lo verán, pero, como dije a Piernas de Roble en el pueblecito de Mancos, recibiendo por respuesta una cara de estupefacción, “I have a dream, that one day all América will speak Spanish”.

PD. En cuanto a nuestra triunfal entrada en San Francisco a voz en grito y de la mano de Bambino, Triana y Raphael todavía ando dubitativo sobre si puede haber algo más grande o más grotesco. Votación a través de los comentarios.

San Francisco, Europa en América

En San Francisco estamos, por lo que es obvio que llegamos en hora y tiempo a nuestro destino sin más inconvenientes que sonara el cd de Bambino justo cuando el Golden Gate nos abría sus ojos. Y como así fue que cantaba ‘Tengo la experiencia’ el de Utrera cuando suspendidos estábamos sobre la bahía, poco más se puede pedir.

Menos agotados de lo que imaginábamos arribamos a lo más parecido a Europa que rezan las crónicas de los que nos han precedido. Parto del hecho de que aún no he descubierto cuando algo se parece al Viejo Continente, a qué parte exactamente lo hace, ya que deben ser todas similares según estas opiniones. Menos americana quizá lo sea esta ciudad, a mis ojos, pero miles de años de historia no se suplen con Alcatraz, puentes monumentales y tranvías. Emblemas de poco más edad que una abuela cuyas muescas no han ocasionado centurias romanas, celtas, bárbaras o íberas a su paso y con su sangre. Ni Revoluciones, ni Perestroikas ni carros invasores entrando en la ciudad a voz de Reich. Sillas eléctricas en vez de guillotinas o garrotes vil. Céntrico edificios cienciólogos por Castillos de la Inquisición o Alcazabas y juderías.

Calles bordeadas por construcciones originales, que destacan por mantener la verticalidad cuando el fiel de la carretera desafía las Leyes de Newton. Turistas y paseantes, tranquilos e indecisos, con cámara de fotos o de vídeo, con gafas de sol,  sombrero o gorras de béisbol y restaurantes de marisco y mantel de postín. Si parla italiano, se fala portugués y se habla español, rezan los carteles.

Ciudad simpática, limpia, cosmopolita, tranquila y se imagina apacible para vivir, incluso para el recreo. Pero, el que crea que esto parece Europa, o poca dado es a mirar en derredor cuando está en casa o se embelesa mirando las fachadas sin rascar la pared.  En cualquier caso,  que espere dos mil años para contármelo. La historia no se gana con neones, películas y cuestas.

Golden Gate, San Francisco, California

La Tierra Prometida

Monterey, sus coloridos y arbolados barrios residenciales de casas de madera, los parques y las playas, gentes de buen humor y amabilidad a flor de piel, junto con el cercano valle del río Carmel forman un pequeño paraíso en la tierra, en el que vacas pastando a escasos metros del mar y viñedos a la orilla de un río rodeado de montes llenos de pinos son posibles. Al llegar aquí, en un día soleado, pensé en la famosa tierra de la abundancia. Tiempo después, mirando atrás, compruebo que, en efecto, para nosotros lo fue.

Hacía el Sur, la Pacific Hwy 1, que viene de San Francisco y pasa por Monterey, camino de Big Sur, y continúa hasta Cambria lamiendo el Océano Pacífico, nos muestra desde sus acantilados buenas vistas, faros y unas aguas que al menos a nuestro paso fueron tranquilas y rodeadas de neblina y bruma. Curvas, puentes, cambios de rasante, tráfico lento, temperatura fresca y rincones pintorescos.

Generosa carretera que además ofrece acceso a playas menos frecuentadas que las de la ciudad, en las que surferos de poca pose y mucho arte eluden rocas, donde yacen delfines, gaviotas y algas de varios metros esperando que la corrupción no deje de ellas ni el recuerdo que obtuvimos. Cerros, aguas y abundante vegetación que acompañan el recorrido de principio a fin, en una costa conservada sin especulación urbanística y con parques naturales esperando visitantes que agranden su leyenda.

Big Sur, Garrapata State Park, Beach, California

Todo un gusto haber tomado un camino que siempre estuvo en nuestros planes, pero supeditado a la disponibilidad de un tiempo que hemos ganado a base pulso y acelerador. San Francisco, llegó tu turno.

Yo quiero ser elefante marino

Yo quiero estar tumbado en mitad de la playa. Que las olas sean mi banda sonora. Que el sol de California acaricie mi barriga. Que la Big Sur sea el cabecero de mi cama. Que las  turistas gasten su ternura en admirar mi figura. Que los turistas dilapiden su tiempo en retratar a sus acompañantes junto a mí. Que los niños alcen millones de veces los dedos señalándome. Que mi bigote rezume pescado fresco. Que mis ojos se cierren en tres o cuatro siestas al día. Que estar tumbado viendo pasar la vida, sea la mía. Que el tiempo se detenga en el trecho que separa mi barriga de la última ola. Que mis pupilas sean el reflejo del horizonte salado. Que la bruma del Pacífico me asee cada mañana. Que mis llamadas atrompicadas de placer rompan el bramar del mar. Que toda mi preocupación sea no tenerlas. Que mi vida transcurra en horizontal. Por todo eso, yo quiero ser elefante marino.

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Así actúa ella

Dentro del tablero, en el juego que es la vida, nos tocaba mover ficha. Circunstancias que no vienen al caso obligaban a tener la mejor barbacoa posible por la noche. Teníamos la tienda, a mitad de monte en un balcón agradable y que por omisiones que tampoco vienen al caso nos salió gratis. Acabábamos de comprar buena ternera, pero no había leña, ni carbón. Y el monté, pródigo en tonos verdes no lo era en marrones con aspecto de crepitar.

La Providencia, provee. Suele intentar engañarnos, ser esquiva en sus maneras, dar confusas señales en lugar de claros avisos; a Ella no le gusta ser obvia.

Tras quemar nuestros dos últimos cartuchos en pos de leños, supermercado incluido, Ella entró con forma de mujer en un pequeño rancho. Giramos ciento ochenta grados y la seguimos. Bajó del coche y desapareció detrás de un corralito con gallinas. Voces. El pelo enmarañado, recogido, sus intentos de simular ser una normal mujer de campo no ocultaban su áurea a nuestros ojos.

Pedimos. Concedió. Agradecimos. La mujer volvió a ser mujer, y Ella, gustosa, de nuevo etérea, nos devolvió la atención que le prestamos. Aquel postrer gesto fue el comienzo de una noche de dos días. Y quién sabe cuántos para olvidar.

Providencia, Carmel Valley, California Providencia, Carmel Valley, California

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Adiós, ternera

En las vibraciones rápidas, como quejidos, creímos oir, muy lejana, la voz que sollozaba por la vía adelante:
¡Adiós viajeros!¡Adiós ternera!

Sacamos la mano por la ventanilla y te imaginamos pastando y girando hacia nosotros la cabeza con esa mirada única que os copian los tontos: la que tenéis las vacas cuando miráis pasar el tren. La que se nos queda a nosotros cuando te observamos dorándote sobre las brasas de la barbacoa.

Nos despedimos de ti con lágrimas en los ojos y ,si nos quedara espacio, con un nudo en el estómago. Referencia alimenticia has sido en tus más variadas formas pero obligada a cumplir con unas dimensiones que homologamos como “between chest and back”. Saludo con golpe en las respectivas partes que se instauró antes de ingerirte y ahora quedará para siempre como uno de los pilares del viaje.

Te decimos adiós, aunque ten seguro que te llevamos dentro de nosotros, pedazo a pedazo, mordisco a mordisco. Y ni con todas las intenciones del universo, pudimos  encontrar mejor sitio para este último chuletón que Ávila, aunque fuera una playa de California llamada así y no estuviera rodeada de murallas.

La Providencia

Hay muchas formas de tomarse la vida. En general, se divide a las personas entre optimistas, pesimistas y los que se la beben en forma de combinado. Si os fijáis, es muy fácil que un cenizo sea pesimista, ahora bien, la pregunta es ¿viene el pesimismo de su mal fario o ser negativo atrae problemas? Me decanto por lo segundo, no hay nada mejor para buscarse problemas que verlos por todas partes. Si además la persona gusta de lamentarse cuando los sufre, tenemos un claro caso de imán, de agujero negro capaz de conseguir que le vaya mal –o al menos lo parezca- hasta en el país de Utopía. ¡Ojo! Son peligrosos.

Realmente no creo en Ángeles de la Guarda, ni en el Destino; por no creer, no lo hago ni en la suerte, sólo en las circunstancias y la actitud que uno adopta ante ellas; por supuesto, no todos tenemos las mismas oportunidades ni circunstancias, y no siempre sale bien lo que uno intenta, qué se le va a hacer, pero no vale lamentarse, únicamente aprovechar las herramientas que encontramos.

En este viaje, a la conjunción de circunstancias y actitud lo hemos llamado La Providencia, porque tenemos absoluta confianza en que todo lo que nos pasa, que cualquier decisión que tomamos –elegir un motel u otro, repostar antes o después, perder objetos por el camino, no acudir a una llamada interesante, quedarnos dormidos y perder un plan previsto, equivocarnos de carretera- es para nuestro bien. Y os aseguro que así está siendo.

¡Ah, qué delicias nos esperan en unas horas! Sólo ella lo sabe; deseando estoy encontrarme con la nueva señal que nos envíe. Aquí estoy Amiga, sé que no me vas a fallar, y chica, yo a ti tampoco, dame margen, espero el indicio, el resto corre a cuenta mía.

BBQ

Auténticos maestros nos consideramos, no de cualquier arte, sino de uno que hemos ido practicando y perfeccionando cada hora de viaje: dar la brasa. La brasa a la chuleta se entiende, cuando no chuletón.

Cegados estábamos en nuestros lamentos por la comida basura y la carestía de la que no lo era,  obviamos lo que nos esperaba en la cámara frigorífica de cada supermercado, las piezas del puzzle de ternera que hemos ido recomponiendo dentro del cuerpo.

Es muy importante señalar que para llevar a cabo una barbacoa sólo son necesarios dos ingredientes: la carne y las ganas. Todo lo demás es secundario y llega como consecuencia de lo anterior.

bbq - barbacoa

A unos 100 metros sobre el valle de El Carmel, California, con las vistas en los viñedos y los maderos de al lado esperando consumirse, está la que será la penúltima de ellas. Y es que las ha habido de varias clases y logística, cada una adecuada a su tiempo y su espacio.

bbq - barbacoa

La primera, en Silverwood Lake, fue más deseada que un bebé in vitro. La llevábamos en la mente como equipaje, pero tardó tres semanas en materializarse sobre unas brasas. Fue la  primera vez, y única, que hubimos de recurrir al carbón y como novatos que éramos, lo compramos en un supermercado. La carne no era la mejor, pero la ilusión se sobrepuso a cualquier otro obstáculo que no fuera esperar a que las ramas calentaran el carbón y éste se convirtiera en abrasivos rescoldos. Deliciosa por esperada.

bbq -  barbacoa

México obligaba,  no por falta de restaurantes, pero si por altanería. El orgullo racial de periferia se sobrepuso a las miradas yankis, que de soslayo y sonrisa poco disimulada vieron nuestras humildes ramitas despositadas junto a sus mastodónticas pilas de troncos, incendiadas con gasolina.

Lejos de desmoralizarnos, y a horas de estar ya cenados, acudimos en pos de unos filetes, pues la ganas estaban a flor de escroto, y ya hemos dicho que más ingredientes no son necesarios. Recoger piedras con las que hacer el rodal, encontrar por el monte material incendiario, agenciarnos un mechero y aquello empezar a prender ante el estupor y la envidia vecina, fue lo siguiente. La calidad del vacuno encontrado no era la mejor, rejilla no hizo falta pues en pinchos morunos la convertimos con palos, pero es lo de menos, pues en esa barbacoa la carne era el acompañamiento ya que cenamos de primero orgullo y de segundo satisfacción. De postre, chulería. Y de paso, recargamos el saco de troncos al auspicio de la oscuridad y el exceso de cerveza de sus propietarios.

bbq - barbacoa

A estas le han ido acompañando unas 7 u 8 más, llevando a a estas alturas en nuestro cuerpo una res de considerable tamaño. Las ha habido artesanas, inminentes, de llama alta y brasa fácil, de carne excelente y salchicha recurrente, de bacon, de falda, de solomillo. Y quien me conoce sabe que no me gusta escatimar en los placeres mundanos.


bbq - barbacoa

Con esto, me voy que el chuletón está en la brasa y esta noche, regado con vinito de la región, no  nos vayan a meter en el calabozo del valle con Kierkegaard, aunque lo leamos. Qué va, qué va, qué va….

Amores eternos

Hoy al atardecer pude disfrutar de un paseo entre secuoyas gigantes sin nadie a mi alrededor, sorprendente, pero cierto. Se ve que el miedo a los osos, coyotes o pumas, que hacen acto de presencia cuando el sol declina, o la hora de cena temprana en estos lares hacia que la gente dejase el lugar cuando nosotros llegábamos. Noodles y Fernando regresaron antes al coche, mientras yo decidí seguir adentrándome en el bosque, aunque sin alejarme demasiado del sendero, para evitar disgustos.

Media hora después, sin haber visto ningún oso, lo cual me hubiera hecho ilusión, encontré el abrazo más largo entre dos seres vivos que seguramente existe en el planeta. Pensar que algún día fueron dos débiles tallos que el viento mecía, y verlos ahora aún juntos, después de más tiempo del que un humano es capaz de asimilar, con las bases del tronco unidas, resulta increíble. Más de 2000 años haciéndose compañía, y ahí siguen, esperando que un rayo los parta. De seguro que igual que han crecido de la mano, morirán el mismo día. Hay amores eternos.

Secuoyas Gigantes - Yosemite, California Secuoyas Gigantes - Yosemite, California

PD. Cada vez queda menos viaje, y nosotros nos ponemos más cursis y melancólicos, pero sin roce, cada cual en su saquito.

Llevarse un parque

Diez de la noche en Yosemite. El fuego empieza a disminuir a medida que los rescoldos se amontonan en la barbacoa diciendo adiós desde su crepitar. La luna, casi completa, se asoma entre las últimas ramas de los pinos, atestiguando su presencia más que iluminando. El círculo de Parques Nacionales que empezara en Mesa Verde se cierra. Poca naturaleza nos resta ya por observar en este viaje.

Hemos paseado por bosques, nadado a contracorriente en ríos, trepado a escollos, descendido barrancos, saltado de roca en roca, asomado a cañones, atravesado gargantas, sudado en desiertos y sobre todo, hemos empequeñecido. O más bien el mundo ha ensanchado frente a nuestras pupilas.
Protágoras decía que la medida de todas las cosas es el hombre, pero observando gigantescas creaciones de la Naturaleza, hubiera dudado de su unidad de medición por lo inabarcable que aparece al ojo humano todo lo que nos ha rodeado.

Los Parques Nacionales esconden los grandes tesoros de EEUU y como tal los protegen. Son la cara desconocida del prejuicio extranjero y el lado oculto de la postal del ‘american way of life’. Cada uno a su manera y cada cual con sus características, que lo hacen diferente de los demás. Para verlos, recorrerlos a pie, a caballo, en bici, quedarse unos días o unas horas, siempre podrás arrancar una cosa que llevarte en tu retina.  Mucho podría contar de cada sitio, pero siempre me quedaría corto, así que mejor compruébalo por ti mismo.

El Capitán en Yosemite, el general Sherman en Sequoia, la unión de los ríos Verde y Colorado en las Canyonlands, el escondite de Butch Cassidy en Capitol Riff, las casas de los primeros colonos en Mesa Verde, los balcones del Gran Cañón, los 50 grados del Valle de la Muerte, los asentamientos navajos en Bryce Canyon o el Delicate Arch en Arches seguirán su perenne historia donde los dejamos, pero desde ahora, sin ellos saberlo, son un poco más nuestros.

Half Dome - Yosemite, California

Cañonero

“Echar el ancla a babor, a un extremo la argolla y al otro mi corazón”, Coyote aupado en él queda, en Fresno, California; de él me despido con dolor y pesadumbre, pero también con buenos recuerdos, y a fin de cuentas, de acumularlos va la historia llamada Vida, para luego quemarlos en un instante de éxtasis final.

Ahora, Cañonero, nuevo y brioso palafrén nos permitirá adentrarnos en impenetrables bosques y disfrutar de recónditas playas que ya nos fueron recomendadas en San Ysidro, frontera con México, por una agradable pareja de españoles a los que oímos vocear allá donde nadie alza la voz.

Si con este último cambio he aprendido algo ha sido que cuanto más te dan, más pierdes y más te indignas por detalles absurdos, como un salpicadero de madera. Bendito gusto por lo cutre que tan poco me exige.

Buena ventura, Coyote

Ni por ser rocín flaco, galgo corredor o adarga antigua portar te despedimos, pues buen servicio cubriste sin donaires ni soberbia, que bien pudiste. Más por razón de servicio, que no sumisión, lealtad, que no servilismo, e hidalguía, que no obediencia, terrenos anduvieras que otros de tu condición hubieran rechazado por mucha bota que acelerador al suelo hubiera aplastado.

Ni quejidos ni remilgos mostraste hasta tu final hora, cuando el aliento flaqueaba, más por descuido de otros que por merma tuya. Ni renegamos ni olvidamos que frontera atravesaste, dejando atrás tu hogar, y adentráronos en terrenos extraños que como hogar trataste sin una mirada atrás descuidar, pues con ganas renovadas cada metro nuevo facías.

Descansa ahora y buena ventura tengas si en tu nueva vida otras manos acariciaran tu rienda y que ni bravuconadas exijan ni al límite te lleven, pues mereces más tranquila vida que las que estas manos te ofrecieron, no pienses que por rabia ni despecho sino por admiración de que tus límites alejáranse cada vez que a punto de rozarlos creyésemos estar.

Al tuyo ritmo camina y con orgullo pasea el nombre por el que adoptado fueras no ha mucho, esperanzados de nuestra meta hollar a tus lomos, más no pudo ser pero como si veraz hecho fuera, se cruzará esa línea que llaman San Francisco, tomado el nombre del amigo de los animales salvajes, de los que parte formas tú desde aqueste mismo instante.

Feliz viaje, Coyote, que cuando la aventura se torna desventura, como el caso es, no mereces menos que despedirte como recibirte quisimos, y así lo relatamos.

Alisitos, Mexico - Chevrolet Equinox

The word of the Lord come to me

Tras un par de días entre lagos y ríos, hoy estuvimos de paseo por Sequoia y Kings Canyon, ambos parques nacionales. Bosques inmensos de árboles, algunos gigantes a más no poder, a escasos 50 km en línea recta, y 3 km de altitud del Death Valley Nacional Park, donde no crece ni la pena; verlo para creerlo.

Fernando considera que la brecha del Grand Canyon es más impactante, mientras que el que suscribe ha venido con la vena mística encendida. Ver un ser vivo tan grande, y sobre todo, tan fuerte, saber que es inmune a cualquier agresión –plagas e incendios incluidos-, que sólo su propia naturaleza o la estúpida manipulación humana pueden con ellos me ha hecho poco menos que ver representado a Dios.

He llegado al motel, que ya tocaba, y directamente he cogido la Biblia. Puntualizo, en todos los moteles hay una, y siempre que me he fijado era de la secta de los Gideones. Personalmente, agradecería otro tipo de lecturas, sé que tener a elegir entre 100 libros es una utopía cuando ya te ofrecen 100 canales de televisión por cable, a cada cual peor, pero encontrar siempre la misma perniciosa lectura es aún una experiencia más miserable que sufrir la porquería enlatada de la televisión; no obstante, hoy, decía, crecido por la visión de tantas ramas por acre y foresta digna de un poblado Ewok, he abrazado las líneas sagradas.

Como la Biblia no incluye un libro dedicado a las secuoyas –sí tengo uno propio, os aconsejo su lectura- me he ido al de los Reyes. Y tan identificado me he sentido con el comienzo del primer capítulo “Now King David was old, advanced in years; and they put covers on him, but he could not get warmed. 2. Therefore his servants said to him ‘Let a young woman, a virgin, be sought for our lord the king…’” que he decidido que mañana, tras la visita a Yosemite, encenderé las brasas que han de torrar el enésimo chuletón que voy a digerir en estas tierras tan piadosas con la Biblia de los Gideones. Seré Rey David por un día, no habrá virgen pero sí carne, y el chuletón tendrá un sabor “divino”. Fogata, hoguera, foguera purificadora que va también por vosotros, fieles y devotos seguidores del blog.

Una noche increíble

La primera impresión fue de alivio y alegría. Habíamos oído que encontrar alojamiento cerca de los parques nacionales de Sequoia y Yosemite en verano era una quimera, así que toparnos con un camping completamente vacío a orillas de un lago y en un paraje idílico nos pareció un nuevo guiño del azar.

Además, nos ahorraríamos el pago de la estancia ya que la caseta del guarda estaba iluminada y la barrera levantada, pero nadie aparecía alrededor. Ni a orillas del lago, ni en el hotel ni en el bar del otro lado de la carretera, aunque seguían con las bombillas a pleno rendimiento.

Isabella Park - California

Entre las últimas horas del atardecer apareció un coche con una lancha remolcada y un pescador haciendo aspavientos con las manos, indicándonos a marchar. Estábamos seguros de que estaba cerrado por ser lunes y sólo abría los fines de semana, ya que los rescoldos en las barbacoas estaban humeantes y el último boleto de párking tenía fecha del día anterior.

Tras hacer ademán de irnos, volvimos. Si estaba cerrado, mejor, dieciséis dólares al bote. No íbamos a renunciar a semejante bicoca para hacer noche. Recogeríamos al día siguiente y punto. Nadie se enteraría

Isabella Lake - California

Sacar los filetes para la barbacoa y empezar a buscar leños entre los restos de las demás fue la siguiente tarea. Aunque la noche ya había caído y se hacía difícil caminar entre la arena, donde se oían los correteos de los conejos y las ardillas, Jeremías volvió con varios leños y quejándose de que le tiráramos ramitas aprovechando la oscuridad.

- Ninguno de nosotros se ha movido de aquí. Hemos estado sacando las cosas para montar la tienda. Habrán sido ramas caídas de algún árbol.

No se quedó muy convencido, pero cedió a la explicación ya que muy cerca tendríamos que estar entre la total negrura para acertarle y no escuchar ruido alguno.

Lady Leño

Tras ver iluminarse un fuego en la otra punta del camping, resolvimos ir a ver quién era nuestro acompañante, para que nos indicara si se podía pasar allí la noche. Al alcanzar la hoguera, con troncos recién puestos, no encontramos a nadie. Lo más seguro es que hubiera ido a los baños o al lago. Regresamos y, como la carne no estaba hecha del todo, decidí irme a duchar antes de cenar mientras Jeremías se ocupaba de que el repentino vendaval no apagara la yesca.

Encontrar la diminuta luz naranja del edificio de los baños fue más fácil por el ruido del vaivén de las puertas que por su luminosidad. El mobiliario no vestía sus mejores galas y el suelo era de cemento, pero el agua salía caliente y eso era suficiente. Fue meterse bajo el chorro y apagarse la luz.
- Jeremías, no te chines, que no he sido yo el de las ramitas. Da la luz, a ver si termino de ducharme.

Ante la insistencia de la bromita decidí terminar el enjuague a duras penas y aclararme en la fuente junto a la barbacoa, y allí resolver cuentas con los otros, pues esta vez yo sí había oído las pisadas.

Tras jurarme que no se habían movido de allí para evitar que el viento, ahora ya exagerado, desclavara la tienda o hiciera saltar cenizas, supuse que se habría aflojado la bombilla.

El correteo de animales fue continuo durante la fabulosa degustación cárnica pero los manjares culinarios nos hacían estar más pendientes de masticar que de observar fauna autóctona. Lo que no requirió prestarle atención fueron los gritos y risas que se oían ahora al lado de la hoguera que habíamos visitado. La familia debía haber vuelto del lago.

Isabella Lake - California

Por cortesía, tras echar el cierre al estómago, nos dirigimos a darnos a conocer y hacer saber que no estaban solos en el campamento. El intento fue vano pues los escasos 500 metros de oscuridad que recorrimos sirvieron para enmudecer el aire. No dudamos que fue el tiempo que tardaron en acostarse en su tienda, por lo que molestarlos estaba de más.

Una vez hecho el reparto de lechos donde dormir, nos dispusimos a conciliarnos con Morfeo. El viento me hacía imposible la tarea por lo que pensé que el coche era el mejor sitio para esquivar el molesto repiqueteo de la lona de la tienda. En ella dejé a los otros con respiraciones profundas.

Isabella Lake, California - Vendaval

En la oscuridad del asiento reposaba cuando oí los pasos que acercaron una mano hasta la manivela de la puerta del conductor. La duermevela en la que estaba y haber cogido por fin una postura cómoda pudieron más que la solidaridad con mis acompañantes y preferí no darme la vuelta para abrirles la puerta y tener que compartir espacio de sueño. Con el rabillo del ojo pude ver como Jeremías o Noodles alzaban las piquetas de la tienda contra la lona. Supuse que se trasladaban de sitio ante la imposibilidad de dormir con tanto viento. Tal era la tormenta que el aire se deslizaba entre las hojas con alaridos y las cenizas de la hoguera se elevaban como antorchas en la noche.

Isabella Lake, California - Tormenta

A la mañana siguiente, tras encontrarnos la tienda hecha jirones y desaparecidas las piquetas, todos juramos no haberlas cogido, además de asegurar, yo, que había dormido en el coche y los otros, además de no haber intentar acceder al vehículo, haber pernoctado, para librarse del viento, uno en el suelo de la garita del vigilante ausente y otro entre los troncos de dos árboles caídos.

De la familia, ni rastro, ni una sola ceniza en la hoguera. Debieron tener pánico de la oscuridad.

Sin título, 22 x 10 cms, boceto al carboncillo

Me queda en el aire, y en los posos del café aguado –mi teoría es que lo dan rebajado para que puedas llevar un vaso más grande, realmente no les gusta el café, sino que les fascina llevar un vaso grande con cualquier líquido y por la mañana toca café-, y en todas partes de EEUU, un resto de pestilente de hipocresía, de coerción moral, de mojigatería religiosa, y de imposición de obligaciones sociales al individuo que no me parecen precisamente muestras de libertad. A veces, tengo la sensación de que cada “estadounidense de pro” es un bienpensante Boy Scout venido a más, crecidito, que te mira como a un niño maleducado si no entras en su canon comportamiento aceptable. Algo similar a ese ambiente de caspa que flota por el madrileño barrio de Salamanca, donde señoronas de pelo cano y rechonchos repeinados revenidos te miran desde su 1,50, cual atalaya de la corrección, lanzándote su veredicto de culpa, por una falta que no conoces, ni ganas que tienes, pero extendido por cualquier ciudad del país. Por suerte, y por supuesto, no todos los estadounidenses con los que nos hemos cruzado dan ese perfil, de hecho algunos distan infinito.

Nadie lo duda, en EEUU la pasión por el consumo es absoluta, la exaltación nacional es, después de a la omnipresente bandera de barras y estrellas, a la producción, de lo cual infiero que un mendigo posiblemente no sea visto como un pobre, sino como un ser que no produce y por tanto no contribuye a la causa nacional, es decir, sería el peor sujeto que puede existir.

De ahí, si medimos la libertad por el número de elecciones de productos de consumo que puedes hacer, en base a una producción desorbitada, EEUU sí sería un país muy libre; pero tener 100 canales de televisión, más tipos de salsas de las que puedes probar en tu vida, barra libre a la hora de tunear tu coche, y armas al alcance de la mano no es mi definición preferida de Libertad. La corrección Boy Scout, tampoco. La sensación de comunidad-comunista, tampoco; y paradójicamente en este país, he creído verla. Ser el país con mayor índice de consumidores de antidepresivos, tampoco ayuda a que piense que todo el oro que reluce es del que parte dientes.

Por último, y más importante, tenemos un sistema político democrático y un Estado de Derecho que ya quisiéramos en algunas democracias bananeras europeas. Quiero pensar que ésa es la libertad que van repartiendo unas veces misil en mano, otras, subvención en sobre.

Me apeo del burrito

Dejamos México atrás y afronta nuestro paladar una etapa de relax con el condimento picoso. Presumo de adorar el picante, y compruebo con orgullo que sin pestañear engullo tacos con salsa roja, de la que te ofrece la mujer al aviso de “hay que aguantarla como los machos”.

No concibo una determinada forma de hombría ni que esta se mida en valores como la cantidad de alcohol que absorbe la sangre ni el picante que soporta el lacrimal, aun estando el mío por encima de la media, pero ni con esas se puede reprimir el mezquino orgullo de masticar sin demostrar gesto alguno. Y ahora, un par de guindillas crudas al coleto, a bote pronto, qué se ha creído usted.

Pero la salsa ‘picosa’ es vengativa y si no le das la bienvenida, ya te le recordará en su despedida. Y conmigo lo hizo en bandeja fría, cuando mejor se saborean las venganzas, camino de la frontera y cuando tenía que seguir un rato pegado al cuero del asiento, esperando cola aduanera.

Tenía el topo asomando por la madriguera y mutó en erizo antes de ver la luz, expulsado por el dragón que ahora habitaba en el averno que hasta entonces había sido mi plácido ojal. Ante la imposibilidad de acomodar el ojo ciego en  la nevera donde almacenamos el hielo pues mis acompañantes no están por la labor de en adelante beber Coca-Culo, opté  por superar el trance entre soplidos y rápidos movimientos pélvicos, tratando de fabricar una brisa del vacío y alejando mi mente a las antípodas de cualquier forma parecida a un abanico, hasta que dejó el caldero el punto de ebullición.

La comida mexicana, inovidable es, y no únicamente por su sabor. Así, que con todo el dolor, no sólo de mi corazón, vuelvo al plato preparado y el menú rápido de comida basura, que de momento, yo me apeo del burrito. Y mi fístula, agradecida está.

tienda burritos -tacos - alisitos -mexico

La Ruta pasa por México

Muy buena playa, estancia tranquila, surfistas de pacotilla, barbacoas, noches al raso, tacos, fajitas, burros, cervezas, margaritas. Tijuana parecía un caos, arrabales hasta donde alcanza la vista, no la creo violenta, aunque tendrá sus barrios a full de malosos. Ya le decía a Pajares, Manu Chao ha hecho más por el turismo en esta ciudad que la propia ciudad, siempre que a tequila, sexo y marihuana se lo pueda calificar como turismo. A mí que no me miren. La costa, en general, construida de más, con edificios paupérrimos y polvorienta. Creo que nunca he arrastrado tanta roña encima.

Una estancia tranquila, agradable, aunque me vuelvo con la impresión de que lo que más me convence cuando voy a países que tienen carencias económicas es la vida buena que te pegas por menos dinero del que te cuesta en tu país (lo que no es poco) y no mucho más. En el fondo, todos, hippies de diseño incluidos, llevamos un pequeño marqués a cuestas, a veces dentro y a veces a flor de piel. No me explayo más, que yo venía a poner a caldo a los yankis, no a charlar sobre los mexicanos, eso para la próxima.

Redención

Algunos se preguntarán por la falta de producción durante los últimos tres días. No nos ha pasado nada. Es más, por no pasar, sólo el tiempo lo ha hecho, sobre nuestro cuerpo. Y bendito tiempo, y bendito cuerpo el nuestro. Dichoso como está ahora después de este merecido castigo.

El caso es que como considerábamos que no estábamos siendo todo lo buenos que deberíamos, nos dio un ataque de moral y decidimos flagelarnos cruzando la frontera hacia Tijuana. Como no se trataba de una huida ante un nuevo incidente policial, unos kilómetros al lado de la frontera no era suficiente castigo. Por lo cual, decidimos seguir por la Costa de la Baja California. Playas desiertas y acantilados no colmaban nuestros deseos de redención, así que buscando un lugar donde cumplir nuestra condena moral, encontramos un acantilado con vistas a una cala del Pacífico, de blanca arena y azul agua. Donde la temperatura era la suficiente para refrescarte sin pasar frío y las olas, del tamaño idóneo para castigar el cuerpo sin distraerlo de la diversión, so pena de algún surfista brasas, algo que parece inevitable a este lado de la frontera.

En busca de redención creíamos que debíamos ahondar en el flagelo, así que como una barbacoa con carne y salchichas no colmaba nuestras ansias de perdón espiritual, descubrimos una choza donde los margaritas costaban 99 céntimos. ¿Era suficiente?

margaritas - Mexico - poco cielo

Para un día, quizá no. Nuestro grado de ignominia había sido grande y el castigo tenía que ser proporcional. Así, que lo alargamos y Dios dirá, si algo tiene que decir, cuando hemos de volver. De momento, aquí seguimos, cuerpo al sol, cerveza en mano, limpiándonos del pecado.

No hay nada como la estricta mano con uno mismo y ya hemos aprendido la lección de lo que nos espera si persistimos en la actitud que traíamos. Arrepentidos los quiere Dios. Y en nuestros corazones os llevamos.

tienda - baja california - mexico

Lucky

Apropiándome del título de uno de los mejores cuentos de Mark Twain, podemos regalárselo a nuestro día, ya acabando, en una playa camino de Tijuana, donde con Tequila brindaremos a nuestra salud y su permanencia.

Lamentábamos el otro día el desafortunado incidente con el sheriff del condado de Garfield y lo calificábamos de emboscada de gato al ratón. Pues bien, no si será porque el estado de California es más laxo en cuanto a sus leyes o a la hora de aplicarlas sus agentes, pero hoy el ratón volvió a salir ileso de la trampa, queso en boca.
 
Todo ocurrió cuando Jeremías, repitiendo turno de conducción pero no imprudencia,  traspasó una señalización de carretera cortada, ante los impávidos ojos de la agente, apostada de manera traicionera al cobijo de la señal,  para la que salir del asombro y acudir en persecución nuestra fueron acciones simultáneas.

Debimos importunarle el descanso por las regias maneras de dirigirse, ante la indignación nuestra. Tras el trámite de pedir documentos, mala cara, no hables que soy la ley, dame tu carnet, no tienes vergüenza guarra, calla que puede saber español, you no stop sir, me cago en tus muertos que no la voy a pagar, mala cara, voy a coche patrulla, espera que ahí viene con la multa:

poli california

Silencio. Malas caras comunes. Silencio. Más silencio.
-‘You’re lucky, I have no ticket for the fine’

Miradas de soslayo.  (Aguanta la risa, cabronazo, que nos empapela)
- Thank you, bye.

Los instantes siguientes, alejándonos del lugar, fueron una lucha entre voy despacio para no pasar el límite de velocidad o salgo pitando por si recapacita.

Cuatro horas después, sin haber salido de ningún incidente policial, nos sentíamos aún más afortunados. No podía ser de otra forma a orillas del lago Nelson, con el ombligo desafiando al sol y la espalda en el césped, con la grasita recorriendo aún las mejillas, y la garganta tratando de asimilar el último trozo de un chuletón que había desalojado hasta el último miligramo de aire entre la columna y las tetillas. Era el corolario a una intención de muchos días anteriores.

La fiesta del triglicérido tuvo su momento cumbre sobre la leña de una barbacoa  campestre, cuando se le daba la última vuelta a una chuleta que más parecía un edredón nórdico, justo antes de acometerle la dentadura al completo.

chuleton

Repuestas las fuerzas, decidimos que el cuerpo necesitaba marcha y emprendimos camino a Los Ángeles. Un accidente entre un camión y un coche, a 20 cms nuestro y en el que por el ruido creímos estar involucrados, terminaron por redondear el título de esta crónica. Embalados como estábamos, y tras ser testigos de otro suceso con ambulancias, policía y camillas de por medio, decidimos probar suerte por Beverly Hills seguros de que íbamos a encontrarnos a Antonio Banderas, y lo siguiente sería que nos invitara a un bocadillo de jamón. Que no ocurriera esto último es lo único que nos mantiene conscientes de no estar rodeados de algún aura protectora, pero por si acaso, salimos rumbo a Tijuana, donde yo cierro los ojos y vosotros ya los abrís.

Las Vegas desde la Cruz

Antes de Las Vegas ya se anticipa la tontería del lugar al pasar por una presa, Hoover Dam, que cuenta con mirador, aparcamientos, museo, placas conmemorativas, aparición estelar en una de las películas de la serie Superman, y nada más, es decir, no hay buenas vistas, no es grande, no es alta, simple venta de humo al por mayor, en envase especial para burros.

La entrada en la ciudad se produce tras atravesar una zona residencial de chalets y adosados, con jardines que te pueden hacer gracia o poner de mal humor: estamos en el desierto, y sí, hay árboles, céspedes, e incluso campos de golf. Pasada la exuberancia que rodea la masa de grandes torres que aparecen a lo lejos en el horizonte, metemos rueda en un primer anillo de vías rápidas que abrazan barrios de casas bajas poco cuidadas, caravanas, moteles y tiendas cochambrosas que componen el extrarradio de la ciudad del neón y el cartón piedra. Una mezcla de inhóspito barrio chabolista, con ciudad tercer mundista que por momentos me recordó, aunque ya quisiera, a otras grandes maravillas urbanísticas como Algeciras o la Almería anterior a los Juegos del Mediterráneo.

Una vez en el centro, la calle principal, Las Vegas Boulevard, donde están todos los casinos famosos, por el día tiene un aspecto lamentable. Cuando el cemento sustituye al neón, es mejor estar durmiendo o en la piscina del antro que tengas por hospedería que ver la realidad, fea y acompañado de 42 grados. A la noche, todo se ilumina, y las personas acuden a la luz de las marquesinas igual que los mosquitos a las linternas cuando estás en medio del… desierto; no obstante, reconozco, que cuando la noche ha caído, si te gusta el neón, el centro de la ciudad te puede encantar, visualmente. Hay hoteles imitando estilo romano, griego, veneciano, francés, la torre Eiffel, edificios emblemáticos de Nueva York, y las Pirámides. Un brillante mundo de miserias escondidas.

El ambiente nocturno me pareció deprimente, una mezcla de viaje del Inserso, con viaje de fin de curso, con viaje de hinchada de partido de fútbol, todo ello con estética de familia paseando por San Juan, Alicante, en plena temporada alta. Cada cosa por separado tiene su sentido, pero la mezcla me pareció sórdida y desagradable.

Los casinos me decepcionaron, ni tanta muchacha hermosa como esperaba ni tanto espectáculo a lo grande como tenía en mente. Lo cierto es que la imagen que uno guarda de Las Vegas es la de los grandes combates de boxeo, noches llenas de glamour, o la extraída de películas como ‘Casino’. Los hombres siempre han vivido de mitos, y Las Vegas es uno moderno formado a base de literatura, cine, fiestas y leyendas urbanas.

Al llegar a la zona de juego por mucho que busques a Andy García con frac, sólo encuentras pandillas de italianos borrachos gastando dinero en las mesas, orientales entusiasmados con las lucecitas, y muchas personas con aspecto triste dejándose la vida en las tragaperras. En ninguna persona se ve cara de felicidad, ni siquiera de vicio, simplemente hastío mientras beben y echan monedas en las máquinas. Las principales víctimas parecen ser personas de la tercera edad, cuarentonas solitarias mal conservadas y personas con obesidad mórbida.

Orgía de Alegría en las Vegas - Caesar Palace - Casino - Nevada

Dentro del casino, también hay área de bares de copas y discotecas de moda, donde aparecen algunas chicas guapas campeando con muchos intentos de serlo a base de embutir longanizas en moda fashion-hortera y ocultar el rostro tras gafas que más bien podrían ser máscaras de baile veneciano. El espectáculo de fuentes de agua del Bellagio, una de las actividades gratuitas más conocidas de la noche en las Vegas, me pareció absolutamente digno del programa ‘Noche de Fiesta’, no daré más explicaciones.

Pero todo esto ocurre en América, se magnifica, se idealiza, como la palabra del jefe en el trabajo, y sobre todo, se sabe vender. Reconozco tres grandes méritos a la mafia que han edificado esta ciudad-decorado en medio del desierto de Nevada: 1. han creado puestos de trabajo; 2. han creado un lugar donde los portadores de la moral protestante pueden airear sus instintos animales; y 3. han sabido democratizar el juego, no hay etiqueta para acceder a ningún casino, no hay apuesta mínima que no puedas abordar, si sólo quieres gastar un céntimo, eres bienvenido, ellos saben que cada céntimo vale más de lo que pesa.

Creo que la ciudad se puede disfrutar si: 1. llevas autenticas ganas de hacerlo en base a alguna motivación que soy incapaz de imaginar; 2. haces uso masivo de estupefacientes y/o bebidas alcohólicas; 3. te apasiona el juego; 4. tienes pase para alguna de las fiestas privadas que seguro que existen y que no he visto.

En caso de que te sientas identificado con el número uno, explícamelo; si lo estás con el dos, quédate en tu barrio y te ahorras el viaje; si te motiva el tres, profesionalízate o abstente, el casino siempre gana; si perteneces al número cuatro, avísame.

Si no te encuentras en ninguno de esos casos, siempre puedes hacer como nosotros, olfatear un poco, matar la curiosidad, captar el tufillo y huir. Al menos a mí, el Valle de la Muerte (Death Valley Nacional Park), que veo alejarse por la ventana del coche, también me ha mostrado un panorama desolador, pero infinitamente más hermoso.

Death Valley - California  - Sand Dune - Salto 

Tras tantas líneas, resumo mi impresión: Las Vegas me parece una gran pastilla de Prozac, un antidepresivo para un país que anda necesitado de ellos, una vía de escape, en ocasiones a ningún lugar. Y como buen antidepresivo, puede ayudarte o puede terminar de arruinar tu vida.

Las Vegas desde la cara

No  pienses, porque no te voy a poder hacer disfrutar. No te lo plantees, porque te perderás mis guiños. No cierres los ojos, porque mi luz no te va a poder cegar. No dudes, porque no te podré desbordar los sentidos.  No preguntes, porque no hacen falta respuestas. No imagines, porque soy mucho más. No racionalices, porque nunca se disfruta a medias. No temas, porque aquí no existe el dolor. No sufras, porque no lo mereces. No  te escandalices, por si no es el cielo que esperabas. No te lamentes porque ya no tiene remedio.  No repliques, porque estoy cuando quieras. No protestes, porque antes no había nada.  No te sacies, porque no soy abarcable. No busques más, porque sólo existo yo.  No trates de cogerlo todo, porque no te pertenece. No te palpes los bolsillos porque ya no tienes nada. No eches cuentas, porque la banca siempre gana. No me sueñes, porque podrías despertar. No tardes, porque al alba desaparezco. Déjate llevar y no me olvides, porque yo soy Las Vegas.

Las Vegas Boulevard, Nevada - Casino

Flojo de pantalón

Zenón elaboró la paradoja de la dicotomía y la aporía de la flecha, en un intento lógico de afirmar la inmovilidad, pero lo cierto, digan lo que digan sus demostraciones, es que el tiempo de viaje se nos escapa entre los dedos, mientras el desplazamiento físico a lomos de Buffalo y Coyote se acerca a los 7500 km. Poco hace que dejamos atrás el punto de inflexión, a partir de ahora estamos en la parte descendente de la parábola, cada día es un día menos; igual que antes, sin embargo duele más.

Dieciocho días de viaje, la mayor parte de ellos deambulando, sin alojamiento fijo, cansados, mal comidos, que han servido para incrustar un poco más en mí la convicción de que trabajar no me aporta nada excepto míseros euros y que el gusto por el trabajo sólo puede existir en casos de corrupción mental.

Afirmar alguna bondad en el trabajo lo considero ideología, y como tal, perniciosa. Desde que somos niños tratan de que ésta se grabe a fuego en nosotros. La verdadera perversión no es tanto que te guste trabajar -una vez abducido por el ambiente laboral es difícil darse cuenta de que se va camino de la demencia-, sino pensar que te puede gustar y creer que lo necesitas cuando no lo tienes; esto último significa que estás perdido.

Decía un personaje creado por Mark Twain, que en alguna parte del mundo había una tumba esperándole. Pena que no pueda seguir tras la pista de la mía como en estos días y me dedique, por lo normal, a hacer el paleto trabajando como un miserable. O por mejor decir, pena que me falten arrestos para seguir en esta línea de ocio y dispersión, porque lo que se dice poder, siempre se puede.

En otro orden de cosas, pero que también aplican al título, todos estamos perdiendo peso. No vamos a volver ni más gordos, ni hinchados, y ello a pesar de que últimamente hemos encontrado sitios decentes para comprar comida. Estar dando tumbos no significa estar desarraigado, así que ¡Viva la paella y Viva España! Dos cosas que cuanto más viajo más me gustan.

Aventuras y desventuras de un rocín no tan flaco

Do hubiera una montura, allí hubieran de estar aquestos humildes viajeros. Si por no estar motorizados hubiéramos de pausar este viaje, otro remedio no hubiera quedádonos, más nuestro anterior carruaje un siguiente metro no podía avanzar.

Coyote

Dubitativos por si el incidente resolviérase en contra nuestra y de nuestro bolsillo, callamos por no mentar al mal fario, temerosos de atraello,  ya que sino obra de aqueste habría de ser la repentina desventura.

Así fue, y así lo cuento, que arribados al mostrador  do rentan carruajes, callamos los veraces motivos de la contingencia, más resuelta la culpa no estaba y responsabilidades podían reclamarnos sin asumir el pecunio de las reparaciones.

Más la treta, repetida y aprendida por cada miembro de la expedición para fisuras no revelar la historia, mostrose convincente y la compañía resolvió a favor de los reclamantes, propiciando un carruaje sin mácula.

Y como indemnizados éramos y no habíamos de perder en la transacción, entre dos monturas a elegir ofrecieron. Uno, de agresivas maneras y aerodinámicas formas, con Pontiac por nombre. El otro, a razón de Chevrolet para atender, con robustas y fermosas líneas e incontenible fuerza cualesquiera que fueran los terrenos a pisar de aqueste momento en adelante, ya  que por evitar renovados encuentros con las fuerzas de orden, descartado fue el primero, pues en pies livianos peligroso se presentaba. Demás que no ha muchos días que preferencias mostrábamos entre persistente cazador y afortunado burlador, cuestión no era de desdecir la propia boca de tan pronta manera. Así, que por Coyote adoptamoslo, siendo de Arizona como en Zafra hubiere podido venir al mundo. Y así acaba la aventura que por desventura presagiamos, y que de ahora en adelante en cuatro por cuatro a vos se irá relatando.

Coyote

Buffalo ha Muerto, Dios Salve a Coyote

Tras un accidental incidente Buffalo, nuestra amada montura, ha muerto. Corazón dolido en mano, hemos de abandonar un cadáver de hierros que no valen ni para chatarra, pero jamás olvidaremos la íntima relación que surgió con el trato diario que durante esta quincena mantuvimos. La vida sigue, y ahora, Coyote, la nueva cabalgadura que hemos conseguido, cortesía de Hertz, habrá de hacer cierto el refrán “a rey muerto, rey puesto”.

Qué ocurrió es algo demasiado triste, un recuerdo punzante que preferimos guardar para nosotros, por mor de la especial amistad que nos une con alguien que ya no veremos de nuevo.

¡Qué Dios acoja tu chasis, amadísimo Buffalo!

‘El ratón vacilón y el gato comilón’

Si dieran premios por comprobar la veracidad de leyendas urbanas, el salpicadero de ‘Búffalo’ ya estaría colmado de trofeos.

Sin ahondar en el ya a estas alturas suficientemente conocido asunto del autoestopista, sólo cabe decir que comprobado está que existen y es un caja de sorpresas el recogerlos, como también existe el sheriff del condado apostado tras el árbol con el radar en mano. Y en este episodio sí nos extenderemos.

La situación transcurre por Utah, en el Condado de Garfield. En el reparto de papeles en el juego del gato y el ratón, con ese nombre a su condado, se otorga el Sheriff el rol felino dejándonos a nosotros como parientes de Mickey. Los asiduos estos días de la feria malagueña conocerán la famosa atracción de ‘el ratón vacilón y el gato comilón’. Pues eso.

Cierto que el cartel indicativo, aunque pequeño, marcaba 40 millas por hora. Más cierto aún, que en los 17 días anteriores de viaje, el ratón se había comido el queso de todas las trampas, practicando la hispana costumbre de ir un pelín por encima del límite marcado. Y completamente real, desgraciadamente, que a la  entrada del parque de Bryce Canyon, circulando a 70 millas por hora en una recta solitaria, el gato se salió con la suya, apareciendo de la nada en un todoterreno con la sirena puesta y colocándose matrícula con matrícula, ratonera en mano.

Ranger Bryce Canyon multa

Tras detenernos e indicarnos que nos quedásemos en el coche, una vez Jeremías ya se había apeado del volante para tratar de atenuar el castigo con amistosas explicaciones, el sheriff, placa en ristre y rictus serio, comprobó la documentación y nos explicó la multa, atenuándola de manera condescendiente por el hecho de ser turistas. Esto me hace redundarme en el tema de la severidad a la hora de aplicar la ley cuando no tienes necesidad de integrarte.

Temas sociales aparte, el caso es que no hizo falta recurrir a un par de latas de whiskas para el soborno y el brazo de la ley de Garfield  fue menos  férreo de lo que esperábamos, dejando la  ‘receta’en 232$ y una recomendación: “drive carefully”.

Aún estamos debatiendo el hecho de pagarla o no, porque no sabemos si la sanción se reduce sólo al estado de Utah o a todo el país, en el hipotético caso de querer volver a entrar. En ello estamos…

De todas las maneras, como servicio social que pretende ser este blog, os rogamos encarecidamente que no corráis con el coche, y si, por vuestra cuenta y riesgo, lo hacéis por las praderas de Garfield, aquí os dejamos la cara que gasta vuestra mayor amenaza, después de la propia seguridad.

Ranger Garfield

El conductor habla de la multa

No diré que fue injusta, pero sí me quejaré. Cuando te ponen una multa siempre esperas dos cosas: la primera, que sean benevolentes y te apliquen todos los atenuantes posibles –en nuestro caso rebajó en tres mph la infracción para poder clavarnos 100$ menos, hasta un total de 232$; la segunda, que el tipo tenga sentido del humor, lo que ayuda a que no te tomes a la tremenda el hecho de que parte de tu mensualidad desaparece sin disfrute alguno.

El Sheriff del condado de Garfield no tenía ganas de reír ni de hacer reír. Puso la multa, no permitió que abriésemos la boca y se largó con el deber cumplido.

Ah, si él supiera… toda multa tiene su historia. La de esta comienza en Newkirk, Nuevo México, hace mucho, mucho tiempo. Allí, el indicador de Buffalo decía que únicamente quedaban 8 millas de combustible, mientras que el mapa de Microsoft, bastante detallado, anunciaba la siguiente gasolinera en 20 millas. Mientras dos reían y uno se consumía por la desesperación, apareció Newkirk, con una decrépita y cara estación de servicio, gracias a la cual salvamos los muebles. Ayer, camino del Parque Nacional Bryce Canyon, tras consumir 200 millas de combustible en un bonito trayecto que atravesaba el Dixie Nacional Forest, y parar a repostar sin éxito en dos gasolineras, cerradas por ser domingo, día de descanso para los mormones, el indicador anunciaba 45 millas de combustible en la reserva y el mapa únicamente un pueblo, en torno a 30 millas de distancia, en una dirección que no deseábamos tomar –ir tampoco aseguraba tener la estación abierta. La decisión, salomónica, fue mandar todo “a la mierda” y poner rumbo al parque nacional, a sabiendas de que nos íbamos a quedar con el depósito seco durante la visita, lo que implicaba hacer noche no sabíamos bien dónde y retomar la marchita moda de hacer autostop, al día siguiente, lunes, laboral, para que nos acercasen a por el bebercio que Buffalo requiere. De nuevo dos eran todo risas y un tercero puro limón agrio. La Providencia, que siempre ayuda a los justos y generosos de corazón, vino en nuestro socorro, con dos estaciones en la entrada del parque, no marcadas en el mapa. Por segunda vez el barco salía a flote cuando nadie lo esperaba. Tras la normal alegría, pisar el acelerador en una recta sin tráfico, con un límite de velocidad ridículo y no fijarse en las señales que lo anunciaban fue una misma acción. La música, la euforia, las caricias a Buffalo y los besos a nuestra mascota Ruperta nos distrajeron lo suficiente para no ver las luces de la patrulla hasta que nos paró la barrera de entrada al parque. Caras de circunstancias. No bien desapareció la cara de Torrente, hubo otro estallido de risas, aunque de nuevo no compartido por todos.

Todavía no sé si pagaré la multa o no, una parte de mí no quiere hacerlo, la otra, tampoco; pero ambas tienen pesadillas con imágenes recurrentes acerca de sufrir el presidio en los desiertos de Utah. Lo malo no es el clima árido, sino que son mormones, y no sé porqué, pero empiezo a estar cansado de ellos. Seguro que me obligarían ir a misa los domingos, y a eso, no hay manera de encontrarle la gracia (ni siquiera la Divina).

Preso - Utah - Desierto

Una carretera como Dios manda

Maleducado entre religiosos y abdicado de la Fe, con profundas convicciones, me encuentro circulando por una de las tierras donde ésta ha echado raíces más profundas: Utah.

Si alguien pregunta por este lugar, lo primero que se le dirá es que el estado de los mormones. Una escisión o secta  cristiana d ela que reniegan el catolicismo y el protestantismo, que radica sus creencias en un Creador todopoderoso y justiciero. Como todos vamos, llamémosle  Jehová, Yahvé, Alá o como cada uno quiera. Aquí podríamos entrar a discernir sobre diferencias y semejanzas, pero no es el tema. Lo dejamos en que son un cristal más de las gafas para ver el Más allá, y que cada uno mire con el que guste, faltaría más. Y lo dice un ciego en estas lides.

Capitol riff - Dios - Utah

El caso es que circulando horas y horas por interminables kilómetros de nada – y nada es nada que no sea aquí un cielo y aquí tierra y en medio un coche- uno se pregunta como lo que más ha fertilizado esta tierra sea la Fe.

Entiendo el que quiera pensar que el vergel en el que vive es obra de la creación Divina. Incluso el que mire a un lado y vea diversidad de elementos que han llevado un día  de fabricación, pero me sigue fascinando qué idea de Creador se puede formar alguien que mire donde mire sólo ve NADA. Digamos que como obra de un todopoderoso no requiere de complejidad extrema. Así que doy por hecho aquí es donde más extrema es la Fe, ya que ésta no es ni más ni menos que creer en lo que no se ve. Y mires donde mires sólo tierra pelada verás alrededor.

La gente de aquí muestra su total confianza y afabilidad hasta límites incomprensibles para alguien nacido donde campaban el Lazarillo o el Buscón. Puedes dejar el coche abierto con todas las puertas de par en par, en los supermercados entras y sales con la comida y pagas cuando te viene bien sin que nadie te diga nada ni se moleste en mirarte ya que no hay tornos y las cajas están en el centro.
Sin embargo, me escalofría la espalda el brillo justiciero que hay tras esa mirada amable que sabes no va a perdonar lo que pasa un milímetro más allá de su ley, porque en ese terreno el ángel de la guarda se pone la caperuza de verdugo.

Y es que sólo estando convencido de que  los caminos del Señor son inescrutables se puede construir una recta de más de 70 kilómetros sin ningún  desvío a izquierda o derecha.

Carretera Utah a Capitol riff

Noche fugaz

Leí en cierta ocasión que si en medio del campo, a cierta altura, sin ninguna luz cerca y en noche despejada, mirabas al cielo podrías ver hasta 2700 estrellas; pues bien, es mentira, nosotros, a lo menos, vimos anoche diez o doce millones. Tumbados al aire, después de haber sido atracados por dos ancianos que reclamaban 10$ por dejarnos amochar una pequeña parcela de hierba con nuestros culos, comprobamos que el lucero único que alumbra Madrid no está sólo.

No creo que fuese cuestión de suerte, sino de ubicación: Capitol Reef. Allí, vimos pasar numerosas estrellas fugaces, las más abundantes y mayores que jamás he visto, con estela tan larga que hasta tenías tiempo de pensar en dos o tres deseos, en lugar de lamentarte por no haber caído en la cuenta de siquiera uno. Los nuestros, varios, apuntaban en la dirección de las estrellas, la misma que llevaron los reyes Magos: a Las Vegas. Ahora, confiamos en la ruleta como nunca lo hicimos.

Supersticiones aparte, pedir un deseo jamás sirve de nada. Desear algo mucho, sí. Por tanto, ya sabéis, si sois tan veloces de pensamiento como para asociar un destello de luz a un deseo íntimo, quizá es que es hora de que pongáis vuestra voluntad a trabajar en esa dirección. Nosotros, para ahorrar el dinero inicial con el que desplumaremos a los casinos, vamos a encerar la voluntad y el bolsillo a base de pasar noches al raso.

Loa al ‘Coyote’

Antes de por Clancy Wiggum y Homer Simpson, siempre tuve predilección por un dibujo: Wile E. Coyote. Su cara corona la que es una de mis camisetas preferidas, por muchos otros motivos.

No es cuestión ya de que le persiguiera la mala suerte o de que me sintiera identificado con el hecho de que sus maravillosos planes siempre dieran al traste con su objetivo: librarse de un asqueroso bicharraco azul que es incapaz de hacer algo más que “mock, mock” y cuya única virtud es correr deprisa y estar aliado con la Providencia.

Esta simpatía, que no necesitaba de aditamentos, cobró su momento cumbre cuando a mis loas imperecederas, se unieron las de Extromoduro: Y es que sólo me puedo imaginar a ese coyote persiguiendo su presa en Vespino, sin seguro ni luz de atrás ¿Qué más se puede pedir?

Pero sobre toda las cosas, el valor que yo le daba a nuestro animado amigo no era otro que el de pensar. No cejaba en su empeño de merendar pajarraco. Y si una máquina le fallaba, no se demoraba más allá de su caída por el barranco para volver a idear un artilugio y que se lo mandaran en una caja  desde la casa ACME.

Coyote

Volvía a fallar con estrépito, volvía a sufrir alguna calamidad o era presa de sus propias creaciones, pero ahí seguía, inasequible al desaliento. Un Leonardo da Vinci de la desgracia. Máquinas perfectas a las que siempre faltaba un detalle ¿Qué más da? La próxima vez sería. No había golpe lo suficientemente fuerte o explosión suficientemente cercana que le desanimara.

No estaba supervitaminado ni supermineralizado, no necesitaba superpoderes, no sabía artes marciales, ni hacía trampas con su auto loco. No robaba sándwiches al guarda,  ni jugaba a los bolos con piedras, no era un mosqueperro salvador, no vivía aburridamente en las montañas con su abuelo ni se iba de un país a otro buscando a mamá coyote. Simplemente pensaba, y persistía, incansable.

Hoy hemos pasado el día en el parque Nacional de Arches, en Utah. Nada más entrar todo me ha parecido familiar a pesar de los 45 grados que se desplomaban sobre nuestras cabezas. He ido retrocediendo en estatura cada paso que daba hasta ver como tenía delante lo que hace algunos años estaba dentro de una caja.

He estado todo el día pensando en ello, hasta que mientras caminaba sólo, perdido del camino, buscando el arco delicado, he visto detrás de una roca a una especie de lobo que giraba con un pájaro colgando de la boca y me ha guiñado un ojo. A lo mejor no…

Arches National Park, Utah

Vida On the Road

Hemos comentado cómo nos las apañamos para no fenecer por inanición. Ahora comentaremos qué tal está siendo la vida en el coche, Buffalo, para los amigos.

Lo primero, estamos pasando más horas de las que pensábamos antes de comenzar el viaje, lo cual no es ni bueno ni malo, simplemente necesario, debido a las distancias que hay que recorrer y los límites de velocidad que es importante observar. En este sentido tuvimos suerte, al recibir un coche mejor del alquilado, y viendo el uso intensivo que le estamos dando me atrevería a recomendar, a quién pretendiese hacer un viaje parecido, que escogiese un modelo cómodo y amplio; Buffalo es un Toyota Avalon, de cinco plazas y cuatro puertas, y a día de hoy ya le hemos hecho en torno a 5500 km.

Buffalo - Toyota Avalon - Arches National Park, Utah

Aparte de ver paisajes, que es uno de los objetivos del viaje, durante las horas en el coche solemos hablar, escuchar música, enredar con los mapas y el GPS, escribir las entradas del blog, leer, jugar al pinball y conectarnos a Internet a la mínima que podemos. Para varias de estas acciones es necesario un ordenador, de hecho, matamos varios pájaros de un tiro, y en el ordenador llevamos la música, el GPS, los mapas, los juegos y la máquina de escribir. Para que no muera la batería hemos comprado un adaptador que se enchufa en el mechero del coche, y al que además acoplamos un ladrón para poder recargar las baterías de las cámaras, el GPS y los móviles.

Los otros dos grandes usos que damos a Buffalo son: Bar, gracias a nuestra nevera, huchita; y Cama, ya que hemos venido tres personas, pero sólo conducimos dos, normalmente uno por las mañanas y otro por las tardes. El que no lleva el volante suele echar una cabezadita atrás. Nada mejor que usar la almohada y la manta que nos dieron los amables asistentes de Swiss Air, para estar casi como en casa.

Y poco más, así pasan los kilómetros y hasta el momento, a pesar del exceso de horas, no nos ha parecido pesado. No es la caravana de ‘Priscila, la Reina del Desierto’, ni tan siquiera una de las típicas que se pueden ver a montones en EEUU, tamaño autobús, pero se hace el viaje agradable; a las malas siempre vas parando para ver algo que te llama la atención, echar la foto vacilona, estirar las piernas…

Caravanas Tamaño Autobus - Arches National Park, Utah

Por el alojamiento que nadie se preocupe,  hay mucha cultura de viaje sin reserva, aunque sea principalmente gracias a los camioneros, es fácil encontrar donde pasar la noche: aparte de áreas de servicio en las que estar tirado, céspedes en los que plantar el culo, hay moteles para todos los gustos y bolsillos. Nuestro mínimo, por una habitación triple, ha sido 44$ y nuestro máximo 88$, todo un atraco que esperamos no volver a sufrir.

El conductor habla de Buck

Buck parecía un tipo normal, hasta que empezó a echar espuma por la boca. Después de ese momento de catarsis comenzamos a repasar todo lo que había contado, buscando incoherencias. Las había. La imaginación vuela, sobre todo si faltan datos, así, para cuando llegó la ambulancia había al menos diez teorías sobre Buck, que se multiplicaron por veinte tras ver las bolsitas de pastillas y oírle balbucear, en respuesta a las preguntas de la enfermera, que él no tomaba nada.

Personalmente, no me siento culpable de su colapso (apostaría por crisis de ansiedad, aunque cuando le vi caer pensé en un infarto). La conducción no fue muy ortodoxa, pero ni quería quedarme sin frenos bajando el puerto en el que el límite de velocidad fue rebasado con creces, ni es fácil circular en ciudad si la persona que te indica habla de modo incomprensible, es disléxico, no sabe dónde quiere ir y te avisa de los cambios de carril con dos segundos de antelación sin diferenciar “a la derecha” de “al carril derecho”, frases con significado totalmente distinto. Al final, como el chico se ponía nervioso por momentos, le dije “I promise you that we’ll arrive at the motel without any damage”, ¿cumplí, no?

Noche cerrada. Durango atrás por falta de alojamiento, nos encontramos con un coche que acababa de atropellar un ciervo, aún por expirar. Llegar a Mancos se me antojó toda una odisea, de la que guardamos fotos de paisajes impresionantes, por los valles que rodean Aspen y las montañas “Sangre de Cristo”, y anécdotas varias, pero ahí estábamos, sólo nos faltaba un sitio dónde dormir.

La Vida Es Corta - Motel Caro en Mancos - Mejor ir al Enchanted Motel

La vida es corta, reza el cartel del motel al que renunciamos en primer lugar; tendremos todo en contra, pero no nos apeamos del burro o un precio decente o a la calle. Y, además de corta, la vida a veces es justa, y cuando la Providencia se muestra magnánima, cuando decide recompensar las buenas acciones, la búsqueda de otra habitación, en un pueblo que nada prometía, se convierte en toda una noche para recordar, rodeados de “friendly” lugareños y cervezas por la patilla. Para colmo, la única habitación libre del otro motel del pueblo, era la Suite, y nos la dejaron a precio de habitación normal: no hay nada como una buena sonrisa para ablandar los corazones; pena que el de Jennifer esté ocupado.

Jennifer

Última hora: esta mañana hemos visto un pequeño comentario en el Durango Herald, referido a la aparición, un día antes de recoger a Buck, de un tipo de entorno a 50 años, con barba, y un hacha, en las cercanías de la carretera donde lo encontramos.

http://www.durangoherald.com/index_police.asp

Calma chicha

Tiene que haber pueblos ignorados que se burlan de nosotros escondiendo su belleza. Tiene que haber mosquitos huérfanos de otros que se estrellaron en el parabrisas. Tiene que haber miradas perdidas que no cazan pensamientos. Tiene que haber pensamientos que varíen a lo largo del tiempo. Tiene que haber lugareños que te vean como turista. Tiene que haber habitantes que te tengan por molestia. Tiene que haber un sur más allá de este sur. Tiene que haber un desierto más desierto que el que pisas y un bosque más verde que el que hueles. Tiene que haber rayos de sol que te esquiven y gotas de lluvia que no resbalen. Tiene que haber un plano con carreteras escondidas. Tiene que haber un mapa del tesoro. Tiene que haber un pez que vuele sobre las nubes. Tiene que haber un hueco en la mochila. Tiene que haber un polizón que un día asome la cabeza. Tiene que haber tequilas sin tomar en Nuevo México. Tiene que haber una granja en Oklahoma, con su granjero y su hija con coletas rubias que sueña con que sueñen con ella en Hollywood. Tiene que haber en Texas gente sin tejanos. Tiene que haber una bombilla que no luzca en Las Vegas. Tiene que haber trenes en vía muerta y aviones que no despeguen más. Tiene que haber un souvenir que nadie quiera. Tiene que haber un indio que no haya dejado de serlo. Tiene que haber una pisada anterior a la tuya. Tiene que haber camino por delante. Y haberlo, haylo.

San Juan - Colorado - Monticello - Utah - Canyonlands

Comida On the Road

Pertenecemos a una generación que adora a los cocinillas, que ha encumbrado el fogón a la categoría de arte, lo cual tampoco es difícil habida cuenta de que la palabra arte se ha devaluado de tanto usarla en referencia a todo tipo de manifestaciones y ocupaciones -la pregunta del ahora más bien sería ¿algo no es arte?

Esta evolución de los guisamenteros me maravilla, no la comparto, y, lo que es peor, no encuentro una explicación que me convenza o al menos me ayude a entenderla. Mi mente sigue estancada en un pasado en el que a duques, abades, caballeros, burgueses, industriales, empresarios, cantantes de opera, actores, conferenciantes, literatos, pintores… se les servía la comida, frente a la actual, en la que cuando no aparecen entronados en algún canal de televisión removiendo una caldereta los podemos encontrar vacilando a los amigos sobre lo bien que hacen la paella, comportamiento vulgar que, como sucede con todo lo que hace la élite, acaba siendo replicado por nosotros, la plebe. Moriré añorando los tiempos en los que a un duque no había que buscarle entre pucheros, sino hincando el diente a un buen muslo de pato. Y mientras las aguas vuelven a su cauce, al menos pido que la moda se extienda a otras labores del hogar y alguien quiera lucir su arte limpiando con gusto el baño de mi casa, podría deconstruir las bacterias con lejía de aroma de avellana y frescor de hierba buena.

Muslo - Frisco - Colorado 

El caso es que llegas a EEUU para más de un mes, y sean tus ideas como sean, has de comer, si no por hacer vida social (ésta suele girar en torno a un plato de comida) al menos por necesidad. En nuestro viaje estamos comiendo una vez al día, desayuno aparte, aunque no todos lo practicamos, ya que alguno que piensa que comer recién levantado es de flojos. Si creéis que manducamos poco, os equivocáis, simplemente cambiad el agua por refrescos carbonatados y veréis que entra menos alimento en el buche, con el consiguiente ahorro económico y la lógica mejora de la salud. De cualquier modo, ¿cómo alimentarse durante el viaje? Difícilmente y mal; por supuesto, hablamos desde nuestra experiencia.

En Nueva York es cuestión de dinero, hay todo tipo de opciones, pero estás al comienzo del viaje y todavía no te sofocas por bucear en ketchup, mostaza y millones de salsas desconocidas con las que aderezar la llamada comida basura, que además te apetece probar, porque será basura, pero está de vicio.

Después, te enfundas volante y acelerador, y descubres un panorama inmenso de carreteras y vacíos: hay pocas ciudades y muy pocos pueblos, que no aportan demasiada ayuda logística, excepto alguna honrosa excepción que muestra un supermercado de tamaño pequeño o medio, en el que si hay suerte se puede encontrar comida hecha, como pollos asados y estofado.

La mayor parte de las áreas de servicio y gasolineras cuentan con mayor oferta de comida que en España, pero sólo comida rápida: hamburguesas, perritos, fajitas… y si tratas de localizar lo que sería un restaurante en el que pedir un filete, un huevo y unos granos de arroz, das vueltas en vano. Ni decir que la fruta, la verdura y el pescado son entelequias, a excepción de los plátanos que aparecen como espejismos de color oro en algunas gasolineras. Aconsejaría llevar siempre plátanos: se conservan bien, son muy nutritivos, sirve de postre o para matar la gusa, son baratos y saben a gloria, sobre todo como contraste a la comida grasienta y llena de aditivos.

Con las bebidas es distinto, la abundancia de variedad y oferta supera cualquier expectativa y necesidad, y para ciertos productos, a menor precio que el agua. En este sentido, lo mejor es comprar una nevera (6 dólares costó la nuestra, en una gasolinera) y llenarla con bebidas adquiridas por cajas en algún centro comercial. El hielo se vende barato (1,5 USD por bolsa) y se consigue gratis en muchos moteles. También es sorprendente la cantidad de bollería y salsas que se pueden comprar (no muy caras), aunque si buscas una exquisitez, como chocolate negro de calidad, tendrás problemas y habrás de pagarlo a precio desorbitado.

Al final, no te queda otra que beber mucho, y seguir la regla del mendigo, cuando tengas comida (decente) delante, acapara toda la que puedas porque no sabes cuándo va a ser la próxima vez que te veas en situación tan favorable. Por ello, si te cruzas con un Wal Mart, o mejor aún, con un SafeWay, no tengas reparos en cometer abusos. No sólo de tacos vive el hombre.

Tacos - Cantina Mirasol - Winter Park, Colorado - Rocky Mountains

Speaking English

Despues de llevar 15 dias en Estados Unidos, y habiendo recorrido unos 5000 kilometros, quizá alguno se pregunte cómo andamos de inglés. Realmente no estoy muy seguro de que haga falta hablar. No hablar inglés, no. Hablar y punto. En Nueva York no, al menos. Antes de salir a la calle puedes cortarte una pernera del pantalon, ponerte un zapato de cada color, y en vez de la gorra de los yankees te pones un orinal en la cabeza. No te dirá nada ni Perry.

Si ves que te mueres de hambre o de sed entras en cualquier tienda, pones los productos encima del mostrador, pagas y te vas. La relación entre un turista y una gran ciudad se establece directamente a través del sector servicios, y aquí poco hace falta hablar. Así que no temáis, andan acostumbrados a tener que entender a todos los que llegan, hablen lo que hablen, e incluso aunque no hablen.

Para los que queréis ir más allá y entablar conversación tenéis que traducir del oral al escrito, como pasa cuando un gallego quiere entender a uno de Alcorcón. Ejemplo. Cuando antes decía "pagas y te vas", es posible que el dependiente te diga "uni’abá’sé", queriendo decir "Do you need a bag, sir?".

Esas cosas son fáciles de entender si te esperas la pregunta. Otro ejemplo, cuando le pones o todos los productos encima del mostrador te puede decir "sdarit", queriendo decir "eso es todo?", "Is that it?". No, no es todo, si te sacas el calcetín de la boca te pido otra cosa. No seais sangrones, que nosotros hablamos igual de mal.

Les gustan mucho las opciones, deben aburrirse mucho. Las paredes de las gasolineras están llenas de frigorificos con todo tipo de bebidas. Pero de esas te sirves tu solo, así que te pasas un rato mirando como si fuera la vitrina de las mariposas del museo de ciencias naturales.

Cuando digo opciones, digo que pides un café y ya la has cagado. What kind? ah… "con leche", la vuelves a cagar como digas "with milk", eso nunca. "Latte" o "au laite", que no es lo mismo. Which size? Leches, si ya creía yo que estaba. Ahh… regular? Bueno, depende del estado, en el este tenían los tamaños con nombre, tall, large, etc. Aquí en el centro van por onzas, 16 oz, 24 oz. etc. Al final el cafe del desayuno se puede convertir en el vaso de leche de antes de ir a la cama.

A veces tienes suerte y las cosas van por números. Y puedes pedir un número 2, con extra de número 4 y sin número 5. Recordad que en general, cuando crees que has acabado de pedir es cuando empiezan de verdad las opciones, y las opciones de las opciones.

El otro día, nos traen nuestros tacos con doscientas salsas de la cocina de la Cantina Marisol. Y nos dice una joven, "Señores, ahí al fondo tienen ustedes las salsas para añadir a los tacos". Había unos 10 o 15 cubos con más salsas. Yo pensé, si esto ya viene hasta arriba de salsas… como no le añada aguarrás…

Por último, un resumen para supervivencia básica. Una palabra en inglés para olvidar. Budweiser. Y tres palabras para aprender. Beer on tap. Si recordáis esto podéis olvidar todo lo anterior.

El autoestopista desde el asiento del copiloto

Sentado en el asiendo de acompañante del conductor tienes dos misiones, o impedir que se duerma, o pasar del tema y mirar por la ventana. Dedicandome a la segunda ocupación, veo un tio que pasa largo los cuarenta, barba, gafas de sol. Está haciendo autostop, de verdad que entre los tios con buena pinta, este tenía buena pinta. Llevamos el velocímetro en español, es decir, vamos como dice Estopa, a toda hostia. Así que para recoger a este tio tuvimos primero que decidir. Bueno, por que no? Así hablamos un rato y tal. Vale. Pues damos la vuelta. Primero echa el freno, gira y vuelve. Mete su mochila en el maletero que ya de por si está petado. Buena mochila, mejor que la mia. No tiene nada de mierda encima para ser autoestopista. Un tio limpio, buena gente. Le decimos que vamos a Durango, se le ilumina la cara. Leches! Mi dia de suerte, también voy a Durango. Más tarde me preguntaría que habría dicho si le decimos que ibamos a Pitis.

Buck - Autostop

Al poco tenemos que parar. El señor Jeremías y el señor Pajares han encontrado un nuevo lugar donde poner a prueba si pueden romperse los cuernos de una hostia. No es nada, una especie de saliente de roca, debajo del cual está el valle de un billionario del petroleo. La foto haciendo el Karate Kid no tiene precio, joder, nos jugamos la foto del dia. La verdad es que el barranquillo es de impacto.

San Juan Valley - Colorado - Karate Kid

El colega se flipa un poco con el comportamiento capruno de los adlateres. Le digo, nada, nada, si llevamos asi todo el viaje, si ven una piedra se suben a por foto. Crazy people, you know. El tio se hace unas risas.

Como a mi Durango me suena a marca de cinturones, le preguntamos que si sabe un sitio acorde a nuestro nivel de cutrefección. Claro, hombre, si precisamente anda buscando tambien alojamiento. En el camino nos contamos las vidas, pero en resumen. Una historia. Se le ha quemado el pickup, sale con lo puesto. Va para Montana, asi que a ver si desde Durango está más cerca, pillando un bus o algo. Llegados a Durango vemos que uno tras otro todos los moteles donde nos va llevando son, primero, los más baratos. Bien. Acordes a nuestras pretensiones. Segundo, todos están llenos. Como el señor Jeremías se sacó el carnet en Leganés, pues ya os imagináis, las indicaciones de dirección claritas por favor. Y aquí es donde nuestro guía improvisado empieza a liar la cosa. Dice, a la izquierda, con la mano derecha señalando a la derecha. La cagamos, para girar hay que saltarse un semaforo. No pasa nada, eso en Leganés es ley de vida. Yo creo que fue entonces cuando el tio empezó a notar calorcillo por la zona del gayumbo. Unos cuantos giros más y el tio ya metía la cabeza en el volante para dar las indicaciones. Llegamos a un motel Super 8, que yo pensaba que estaría fuera de su presupuesto. No dio lugar a más especulaciones, según pensaba yo en ir fuera de la ciudad el tio empieza a gritar como cuando te zampas un taco de un mordisco. Se pone rojo, y los ojos dando vueltas como las tragaperras de Las Vegas. De repente está en el suelo, que se mete debajo del coche! Ah, no cabe, mucha barriga para un coche tan bajo. Lo siguiente somos nosotros entrando en el motel y llamando al 911. Se lo llevan. El tio reacciona. Le sacan del bolsillo de la camisa unos sobres con unas pirulas que parecen caramelos de gordas que son. Lo siguiente somos nosotros haciendo ruedas para largarnos de alli. La próxima vez que tengamos que recoger a alguien yo creo que mejor al que tenga peor pinta. Como dice el señor Pajares, para estos casos lo mejor es recoger a alguien en una noche oscura y lluviosa, siempre que lleve un traje de comunión y tenga las cuencas de los ojos vacías.

El autoestopista

Supongo que es difícil que un conductor recoja en la carretera a alguien si circula solo. No obstante, en este viaje se daban las circunstancias.

El que hubiera hueco, que fuéramos más de uno, el tener alguien que te cuente cosas de primera mano y cierto toque de esnobismo por añadir sabor al itinerario conformaron una mezcla ideal para que se añadiera un pasajero al asiento de atrás cinco minutos después de que hubiera enderezado su dedo gordo en una carretera entre Del Norte y Durango.

No sé si es fácil o difícil recorrer la geografía americana mochila al hombro de cuneta en cuneta. Sé que hay constantes carteles para evitar recoger autoestopistas, sobre todo cuando hay cárceles cerca. Seguramente en otras circunstancias, Buck, que así dijo llamarse, hubiera esperado al menos otros cinco minutos a que le recogieran. No se trata de la buena obra del día, ni siquiera afán de ayuda entre viajeros, ya que cuando acabe el mes, mientras nosotros nos debatamos en un atasco camino a casa, él seguirá en otra carretera, con otra cuneta, subiendo a otro coche anónimo. Así, en todo caso él es el viajero, que no lleva rumbo.

Hablan de los seis grados de proximidad por los que a cualquier persona en el mundo sólo le separan seis congéneres que le relacionen con cualquier otra en el planeta. Azar, crearse una experiencia a medida o un efímero instante de solidaridad se saltaron hoy en la 285S de Colorado cinco grados de golpe.

Autoestopista

Y hasta aquí lo que era una historia normal, acabada cuando todo era normal. Pero las aventuras no suelen ser como uno las elige.

Llegamos a Durango a dejar a nuestro improvisado acompañante. Decía conocerse la ciudad de ocasiones anteriores y nos indicó los hoteles más baratos. En el primero entró a preguntar sin despedirse y salió disparado con su mochila de vuelta al coche porque no había habitaciones. Mal para nosotros también, que andábamos buscando alojamiento.

El mal fario continuó en los siguientes hoteles, cada uno en una punta de la ciudad, porque los intermedios no le venían bien. La cosa comenzó a complicarse cuando tras saltarse un semáforo Jeremías, después de una mala indicación suya, se le anunció que el conductor padecía un daltonismo severo y sólo distinguía la posición de las luces y no sus colores. Esto hizo aflorar una risa floja en su cara.

Finalmente, paramos en un hotel, donde como en todos los de la ciudad, tampoco disponían de habitaciones. En estas empezó a gritar y a echar espuma por la boca, hasta quedar tendido en el suelo sufriendo palpitaciones y tembleques varios. Ante el desconcierto nuestro y de la recepcionista del hotel se le trató de reanimar a la espera de la llegada de la ambulancia. Cuando llegaron, con los ojos pegados a la nuca, empezó a balbucear su nombre mientras las asistencias le sacaban bolsas de pastillas con una dirección, de su bolsillo derecho. Tras meterle en la ambulancia, nos quedamos mirándonos sin saber qué hacer o decir, aguantando la carcajada tonta. ¡Tío, que casi se nos muere el pavo!

Moraleja, ni busques experiencias premeditadas ni recojas gente que no conoces. A no ser que quieras tener algo que contar por un ordenador…….

Autoestopista -  Durango

Vámonos al parque

Tras haber pasado en tres días todo tipo de territorio y paisaje: desde el desierto de Nuevo México a los pastos de Colorado, que harían parecer a la Duquesa  de Alba un agricultor jubilado con un huerto en el patio trasero, llegamos a la parte del viaje que denominamos Parques Nacionales.

Nos esperan picos, valles, ríos, neveros, cañones y cualquier forma geológica y floral que uno se puede imaginar. Nos despedimos de la Ruta 66 hasta que la retomemos en Las Vegas, para enfilar su recta final hacia California.

Dejamos en Texas el sabor a Fritos de Maíz y de rodeo, aunque la mayoría de los competidores en estos acontecimientos son de pueblos de Oklahoma. Nuevo Mexico se queda una efímera singladura y la sensación de un sitio desaprovechado, Una mezcla de nada y un revoltijo de todo. Es curioso la cantidad de pueblos abandonados que se dan entre Amarillo y Ratón, o cuando no lo están, sus habitantes se cuentan de un vistazo atendiendo la gasolinera y el mercadillo que se tercia en mitad del camino como oasis de incautos o despistados.

A pesar de ser tierra petrolífera, el combustible cuesta más dinero por galón que en cualquier otro estado de los que se han conocido. Se me antoja incompresible como Lance Armstrong, tejano autóctono, se hizo siete veces campeón de un deporte en el que el transporte no lleva gasolina. Aunque siempre le hará a uno saltar más del sillón en el letargo de la siesta demarrar siendo de Segovia y llamándose Perico.

La gente atiende con su hospitalidad y agradecimiento habitual, pero como un deje más rudo que de costumbre. La comida se anuncia en cafeterías y restaurantes con un nombre suficientemente descriptivo: Tex – Mex. Ciertamente, el picante guarda una mesura que hace el condimento más TEX que MEX, pero en ningún caso los frijoles, el chili y  el puré de patata abandonan la vera del pollo crujiente o el roast Beef. Las cantidades dejarían a Pantagruel al borde del colapso a medida que una camarera de rasgos hispanos deja caer los platos en la mesa desde una enorme bandeja , con aspecto de sombrilla, que dirige sin necesidad de malabares.

En la zona, nos cruzamos con los pasos de  otro lugareño cuya fama ha trascendido los límites de lo que conoció, e incluso del que dio al traste con su meteórica carrera. Billy, el otro niño además de Fernando Torres, estuvo atracando bancos hasta que Pat Garret le paró por la espalda. Hoy tendría una hipoteca y varios créditos, pero tampoco podría arrear a su caballo de colina en colina con el botín a cuestas. Nosotros le emulamos camino de Colorado acumulando recuerdos e instantáneas en nuestro baúl.

Rocky Mountains - salto - Grand lake

Fotos de la Ruta 66

Ante las constantes peticiones de fotos de la Ruta 66 original, hemos hecho una página con varias de las que hemos capturado estos días. Nuestro tramo de Ruta 66 ha ido de Chicago a Albuquerque, aunque en gran parte ha sido recorrido por autovías, desviándonos para ver las zonas que teníamos marcadas como más interesantes (ya hemos dicho varias veces que seguir la Ruta 66 completa no era nuestro objetivo). Tenéis el enlace a la derecha, en la sección Cómo Organizar tu Ruta 66.

Desde aquí (exactamente un pequeño pueblo llamado Ratón, camino del Parque Nacional de las Montañas Rocosas) os animamos a que vuestros comentarios no los hagáis únicamente a través de correo electrónico, podéis ponerlos en el blog, públicos para todos. En todo caso, para los más tímidos siempre mantendremos la opción de contacto por correo.

Ya veremos si podemos hacer una recopilación similar con fotos de los parques nacionales.

!Qué Grande es América!

La grandeza de EEUU se puede encontrar en cualquier pequeño rincón del país, pero ojo, aquí también son grandiosos en sus miserias. Es fácil dejarse llevar por la euforia del consumo total y pensar que esto es una especie de tierra prometida, pero si miras atrás ves que hace pocas décadas el apartheid impedía a los negros sentarse en un autobús. Y en la actualidad, continúa existiendo el racismo, el miedo al pobre, y la vida marginal en guetos. Os decimos, puesto que no lo cuentan las películas de Hollywood, que EEUU es el país desarrollado con mayor porcentaje de personas viviendo por debajo del umbral de la pobreza. Según la moral protestante, la causa podría ser que no se lo han currado bastante.

El mito de la grandeza de EEUU quizá venga de sus dimensiones, lagos gigantes, ríos inmensos, montañas espectaculares, bosques tremendos, pantanos impenetrables, desiertos abrasadores, llanuras sin fin, horizontes de grandeza, que decían algunos.

Horizontes Lejanos Camino de Santa Fe - Nuevo Mexico

Ciertamente nuestro objetivo es disfrutar esa grandeza, la de su naturaleza; pronto dejaremos atrás las jornadas de asfalto y nos zambulliremos en las de pinadas, cortados, cañones, lechos resecos, agudos picos e inmensas secuoyas. Otro mito relacionado con la grandeza del país, el del sueño americano, pudiera provenir de la conquista del Oeste a base de matar indios, de levantar pueblos apropiándose a la carrera de terreno virgen, o la versión moderna, personificada, por ejemplo, en el mafioso Onassis, de llegar con las manos en los bolsillos y luego tener que sacarlas para dejar hueco a los billetes de mil, los famosos “grandes” que todavía no hemos olido (los dólares huelen fatal, en Las Vegas, Dios mediante, nos haremos con algún Grand y sufriremos con gusto su peste).
A día de hoy, y a otro nivel, encuentras grandeza en el tamaño de los coches, los centros comerciales, los edificios, las raciones de comida y todo artículo de consumo que puedas imaginar. Y al final, de tanto comerciar con Big Sizes las personas se han mimetizado, y han decidido ser Big Size, por lo que la frase “El Señor le acoja en su regazo” ya no puede aplicarse. El consumo siempre lleva aparejadas ciertas consecuencias, empleo, sin duda, y contaminación, de hecho creo recordar que son el país que más perjudica a la naturaleza de media por habitante, no me extraña, tras ver lo que hay por aquí suelto. Por supuesto, sé que la grandeza también está en que los americanos se creen grandes, los mejores, sin tal actitud no se puede ser o llegar a ser grande.

Para mí, chavalito de aspiraciones comedidas, la grandeza de EEUU, por ahora, se encuentra en disponer en una gasolinera de un bote de refresco del tamaño de un melón, y poder rellenarlo tantas veces como quieras, por tan sólo un dólar. De veras, en esos momentos, dejando atrás el brasero que hay enchufado en Santa Fe, mientras escribes repantigando en el asiento del coche, recuerdas las áreas de servicio que hay en España y lo único que te sale decir, mientras sorbes por la pajita, es ¡Qué grande es América!

En la parte de atrás del carro, guey

Don’t mess with Texas

Llegados a Texas, uno tiene la impresión de haber cruzado a otro mundo dentro de este mismo. Y no es el típico chiste de creer en el más allá porque se vive en Móstoles.

Acaba lo verde a medida que los árboles van encogiendo hasta desaparecer por su raíz.
El horizonte se torna árido y seco. La tierra coge prestado el cobrizo del sol, clavado en el cielo. Los pozos de petróleo, aislados y de dimensiones de atracción de parque, repiten su vaivén de biela.

A este lado de la frontera el café va sin leche, porque si la quieres tiene que apretar tú la teta de la vaca y beber directamente. La gorra calada y el sombrero de paja son prolongaciones de la cabeza. No tienen pies sino botas de cuero y no existen piernas sino pantalones vaqueros, incluso como traje de baño para la piscina –completamente verídico-.

Aquí puedes entrar en una gasolinera y un dependiente con cara de no haber terminado la primera hoja del cuaderno Rubio puede preguntarte por tu origen y tras responderle Europa, encogerse de hombros y mirarte diciendo: ¿Eso está más allá  del cruce, no?   Y si sobrepasas las miradas de desconfianza y te animas a sociabilizarte, se te acerca lo que en cualquier otro lugar sería una tierna abuelita, ante la que por su atuendo sólo te sale decir: ”Póngame Wynn’s”

En Texas no eres nadie en la carretera si no dispones de, al menos, un ‘pick up’ en adelante. Es el único sitio donde te miran de soslayo al adelantar y pueden llegar a ‘picarse’ en términos de Ben Hur  -gracias Hertz por los 268 cv que nos brindaste para arrastrar nuestro carruaje-. En cualquier caso, dejadas las cosas claras a uno y otro lado de la raya continua,  no conviene estirar la cuerda del límite de velocidad ya que siempre se corta por  el lado más débil y es el sheriff del condado el que tiene la tijera.

Así, que si el destino te trae por estos lares no olvides el cartel que te recibe a la entrada del Estado y se repite incesantemente por cada rincón: Don’t mess with Texas.

Ben Hur - Toyota Avalon - Texas

Cutres, pobres, modestos

No somos pobres, puesto que vivimos por encima del umbral de la pobreza. Pertenecemos a esa clase media, con ínfulas, venida a más, a ratos bastante estúpida y engreída, a ratos modesta y cobarde, que ansía tener objetos inútiles y principalmente acumula un miedo inmenso a perder las cuatro baratijas que ha conseguido; clase que se siente llena de orgullo cuando puede mostrar sus merecidas posesiones y lo bien que transcurre su existencia; clase que asocia precio con valor, ingresos con inteligencia, ocio con gastar, viaje con aventura, deporte con gimnasio y televisión… mientras pasa sus noches rellenando los avisperos de ladrillo visto que forman las ciudades. Grandes cementerios repletos de nichos para vivos con almas muertas.

A pesar de esta descripción tan optimista, aún tenemos mentalidad de pobres, esto es, pensamos o preguntamos por el precio antes de hacer una compra. Tener mentalidad de pobre no significa tener la cuenta corriente tiritando, ni tener mentalidad de rico ser adinerado, simplemente es una actitud, una manera de afrontar los pagos, las compras, en definitiva, la vida, porque no hay vida sin comercio. Conozco poquísimas personas que no tengan mentalidad de pobre, a pesar de que sé de bastantes que disponen de jugosas nóminas.

Por decir de mí, diré que a pesar de mi mentalidad de pobre -moriré con ella- miro el dinero relativamente poco, gracias a que mis gustos, de simple que soy, son bastante económicos, y mis caprichos un tanto escasos. Digo esto porque tengo una manía, soy un cutre. Podría no serlo, me lo dicen y es cierto, pero disfruto siéndolo, y hoy es la primera vez que pienso serenamente porqué esto es así. La conclusión: no reniego de mi mentalidad de pobre, no trato de ocultarla. Afirmo sin atisbo de vergüenza que cuando algo me sale gratis, lo disfruto más. Además, ser cutre, ahorra quebraderos de cabeza. Y el dinero, ¿qué hace un cutre con él? ¿Lo acumula? No. Lo afloja sin sufrir cuando le dicen la cuenta del tal vez único capricho que se ha dado en meses, al menos el cutre que suscribe. No hay nada más triste que ver la cara de dolor con la que muchas personas aflojan los billetes a la hora de pagar algo que desean.

Durante el viaje hemos tenido algún pequeño conflicto Fernando-Jeremías contra Noodles, debido a que éste último no aprecia la ambrosía de la vida cutre. Los tres podríamos permitirnos un viaje pelín más cómodo, pero Pajares y yo somos cutres por naturaleza, nuestra esencia de pobre se ha transmutado, ahora que tenemos las necesidades básicas cubiertas, en dejadez y cutrerío, en lugar de convertirnos en señoritos de novela decimonónica; y claro, cuando el dicho que afirma que América es una tierra de oportunidades aplica a la perfección, si eres un cutre se te iluminan los ojos.

La pregunta “¿por qué dormir en el césped cuando hay un motel barato cerca? nosotros la invertimos, “¿por qué dormir en un motel si hay un césped cerca?”. No son ansias de aventura, ni de pasar calamidades; tampoco de dárselas de cutre, para hacernos los guays, ya que ser un cutre no es mejor que no serlo, ni tampoco peor. Cada uno hace su elección, lo importante es saber dónde se está ubicado, y a ser posible, porqué. Y por supuesto, en la medida de lo posible, somos cutres siempre que podemos, no sólo en vacaciones.

A veces he tenido la impresión de que ser cutre, a día de hoy, no es sino vivir por debajo de tus posibilidades, algo anómalo en una sociedad que gracias a los productos financieros consigue precisamente lo contrario, aparte de contentar a los banqueros. Pasar necesidades por falta de medios no es ser un cutre, ser cutre si lo sufres tampoco: somos cutres porque lo disfrutamos, porque podemos permitírnoslo, porque sabemos de dónde venimos y en qué no queremos convertirnos, y no nos engañemos, tampoco quiero hacer ninguna oda a la miseria, tal vez sólo sea que, hoy en día, a vivir modestamente -algo cada vez menos habitual-, cuando podrías llevar una vida más ostentosa, lo llamamos ser “cutre”.

Todo esto para decir que en la sección “Cutres en América”, pronta a ser inaugurada, damos algunos consejos útiles para quién desee disfrutar de un viaje cutre, modesto a más no poder. AVISO: nunca diremos cuáles de ellos han sido ejecutados, aunque pondremos todos los que nuestro olfato nos muestre.

Arroz y Carne

Retales de un pasado glorioso

Te encuentras la primera señal y resulta raro.  La asocias a multitud de revistas, anuncios y placas en bares que has visto anteriormente, mucho antes incluso de que supieras lo que era. Y sin embargo, el resto ha sido una réplica de la que ahora está ahí plantada.
Tratas de recomponer el lugar  a como estaba cuando los coches y furgonetas  que la transitaban  no llevaban aire acondicionado ni dirección asistida: un castigo para el cuerpo. Era el peaje que había  que pagar al suelo por llevarte hasta una tierra de prosperidad. A veces, muchas, ese impuesto era la propia vida. De ahí su nombre de  ‘Bloody Route’ (sangrienta/puñetera ruta).
Cruzar una tierra que aún hoy se exhibe  fértil de naturaleza y árida de oportunidades  resultaba  el paseo entre el desear y el poder, la esperanza y la realidad. Mas allá de la lírica que le pueda otorgar la literatura, era la puerta hacia un mundo mejor. Los desiertos de bosque, arena y maíz que la bordean no son sino paradigma de lo que hoy es el estrecho que separa Europa del subdesarrollo.
La ruta, medio siglo después, aún serpentea,  sus dos carriles desaparecen detrás de cada curva de 90 grados o a cada cambio de rasante. Te despista, se funde con la  nueva interestatal, reaparece  en otra intersección 50 kms adelante. Al final, el paso de un motero o dos, o una docena, te la rescata. Con carteles o sin ellos, siempre está ahí, copiloto que te sostiene.

Toyota Avalon - Ruta 66 - Route 66 - Missouri

Españoles a babor

Como ya se ha dicho antes, son ellos y no otros los que lo primero que echan en la maleta antes de viajar es la vara de medir. Quizá el resto tambien lo haga, aunque nunca se puede estar seguro. Parece que los instintos de ciertos otros viajeros europeos andan mas por lo primario, si hay que medir, que sea el numero de cervezas, y el numero de churris que les dicen que no.

Cómo distinguir por tanto un español en Chicago de alguien que simplemente habla en español? Fácil. Estará diciendo, ala, que de puentes tiene el rio, parecen los de el Sella. Sí, a poco que te fijes ves que se parecen mucho, como un huevo a una tostada. Pero nada. Comparación hecha, y a por otra.

Y claro, a la hora de comparar hay que hablar de dinero, que también se da bien. Cuando los españoles fueron a sacar a los mayas de la ignorancia, para acercarles al paraíso a base de machetazos, tal era el ánsia por el oro de los llegados, que los nativos pensaban que realmente se alimentaban de oro. No es que lo acumularan para gastarlo en sus propias guerras locales, no, era que se lo zampaban y lo cagaban en pepitas, no cabía otra posible explicacion para tamaño frenesi aurífero.

Asi que para saciar las ansias de comparativismos monetarios, andamos explorando todas las posibilidades. Desde el gratis total, a lo sleeping in the grass, hasta el me agencio un coche en el que comodamente caben 5 tios, maletas, y sus respectivas cocacolas de 42 onzas el vasito. Lo bueno del caso, es que en cuestiones de gastar, aqui vamos uno de cada tipo, asi que como dicen, en la variedad esta el gusto.

Todavia los hay que van peor que nosotros. Nuestra buena obra del dia ha sido dar indicaciones a una chica hispana que nos hemos encontrado en Collinsville, Illinois. Le pregunta al señor Pajares con voz temblorosa, "excuse me sir, do you speak a little bit of Spanish?" A lo que responde, con acento de Alcorcón: "Soy español, es lo unico que se hablar, y a voces". Quería ir de St Louis a Arizona en dia y medio. Comprobamos con el GPS que es posible, pero durmiendo unas cero horas. Cuando se lo decimos nos contesta que ya ha dormido dos horas, así que está descansada. Y que las niñas vienen durmiendo todo el viaje, no se si es que eran conductores auxiliares o algo. Aparte nos dice que no puede pasar de 70 millas por hora, porque "las gomas están a punto de botar", y con esas la vemos arrancar el coche, olvidandose en el "techo del carro" una cerveza del tamaño de un paquete de pringles.

Buena suerte, alma de cántaro! Nosotros solamente consumimos botellines.

botellines

Nacionalismos y retretes

Poco a poco uno va entendiendo, o eso cree, porqué el estilo de vida estadounidense, los dichosos tópicos, son como son, lo cual es interesante no por tener especial aprecio al dogma yanki, sino debido a que, a fin de cuentas, lo que ocurre a este lado del Atlántico acaba por afectar incluso al pueblo Mediterráneo más escondido; y desde mi modesta posición, se pongan como se pongan, no pienso permitir que llegue el día en que no exista el tinto de verano y ni mucho menos la horchata.

Quizá termine el viaje conociendo el secreto de su extendido nacionalismo, que tantos parabienes les ha prodigado. Quizá si leyese “La Democracia en América”, de Tocqueville, aprendiese de su sistema político (formalmente, y pesar de la partitocracia que ya replicamos en Europa, el más democrático del mundo, de puertas adentro, huelga decir) y comprobase que ambas cosas tiene relación, y cuál es ésta.

Por ahora, mi teoría sobre su acérrimo nacionalismo es simple, no obstante no hemos de olvidar que algo simple puede ser acertado. Creo que lo que les une son los retretes. En España son distintos de los que hay en Francia, y estos de los británicos, y, por ende, tal desastre ocurre en el resto de la Unión Europea, de modo que la propuesta de Constitución ha fracasado y volverá hacerlo en el futuro. ¡No podemos tener una identidad única si a la hora de cagar tenemos que adaptarnos constantemente con cada cambio de Estado! Nuestro inconsciente nos podrá, nos sentiremos distintos. Uno sólo se siente como en casa cuando puede hacer de vientre a gusto, imposible si no estandarizamos los retretes.

Al revés, vienes a América y las tazas de váter en Nueva York son clavaditas a las de un remoto pueblo fronterizo con Canadá, y si mi teoría es correcta a las que hay 3600 millas al Oeste, en cualquier barcito de la baja California, terreno que aunque proviene de un robo relativamente reciente ya se habrá adaptado como es debido.

Madison Square Garden - Retrete

Tras la salida neutralizada…

Se le llama en ciclismo salida neutralizada a los primeros kilómetros que hacen los corredores antes de que puedan empezar a atacarse. Una especie de tránsito hasta que entran en calor.
Es lo más parecido que se me ocurre respecto al punto donde nos encontramos ahora.

Este viaje partió con un ideario: la ruta 66. A medida que crecía la ilusión por él y el volumen de información recopilada, nos íbamos dando cuenta de que la ruta en sí apenas seguía en pie y  además era sajada por otras durante la mayor parte del recorrido.
Un mes da para mucho, sobre todo cuando hay tanto para ver. Al final, optamos por hacer una ruta a nuestra medida, sin desvirtuar la idea original. Y hoy, nos  encontramos donde señalamos nuestro génesis americano.

No se me ocurre mejor punto de partida, o llegada, que Chicago para esta mítica ruta.
Una ciudad que mejora con mucho otras de mayor fama. Limpia, próspera, ordenada, irreverente, cultural, donde se podía beber cuando había Ley Seca, el sitio donde un matón para la posteridad puede pagar su culpa por disentir de las tasas –sic-. En fin, un sitio muy recomendable para pasar unos días de vacaciones.

Retomando,  el primer paso hasta  San Francisco ya está dado. Los primeros kilómetros  cubiertos y las primeras señales que imaginábamos, sobrepasadas. Desde hoy,  cada mirada, cada  curva y cada circunstancia del camino, no lo podemos considerar simple turismo.

Ruta 66 - chenoa - anochecer

Pixie y Dixie y la niña de la curva

Hoy bajamos de Chicago, Illinois a St. Louis, Missouri por la Interestatal 55. No es que sea recta, no, que va. Aqui la niña de la curva, esa que se dicen que se aparece con la vocecilla estridente de "Caroline, ven hacia la luz", se tendria que ir directa al INEM, a ver si la admitian para cantar bolas en el bingo.

Y claro, miro a la derecha y veo arboles. Miro al frente y veo un camion en el otro sentido. Ah, no, ya ha pasado, ya no lo veo. Viene otro camion detrás.¿O es el mismo camion? Miro a la derecha y veo otros arboles, o los mismos arboles? Y entonces me acuerdo de los malditos roedores, cuando los perseguia el gato, los fondos eran de ese estilo cutre de la escuela americana de dibujantes, que repetia el mismo sofá y la misma lámpara doscientas veces en la misma persecución. Puedes contar camiones en USA como el que en España cuenta corruptos, por cientos. Lo que no sabia yo era lo de los árboles, por cada camion que veo me salen lo menos 2 bosques. Incluso el trozo que hemos visto de Canadá estaba bastante más pelado.

Vaya, ha sido mentar un trozo pelado y de repente ahora sólo hay camiones y campos de maiz ¿Será una nueva oportunidad para la niña de la curva?

Chicago y la Ruta 66

Chicago nos esperaba con las puertas abiertas, aunque no fueron éstas las del festival LollaPalooza que estaba comenzando justo el viernes que nosotros dábamos salida a nuestra particular carrera de autoloco Ruta 66. Errabundos y sin entradas nos perdimos las actuaciones de Daft Punk y Muse, entre otros.

Sin embargo, no hubo penas, la ciudad nos sorprendió. Bonita, agradable, limpia, con aspecto juvenil, vaya, como una buena mujer ha de ser. Con su río, su lago, altos rascacielos (la torre Sears decepciona, el resto compensa), diferentes estilos arquitectónicos, bastante ambiente, jardines, un paseo por la rivera del río Chicago, que desemboca en el lago Michigan, digna de elogio, limpia (¿ya lo he dicho antes? NY es una pocilga, vengo traumatizado) y pocos tipos raros; va a ser que son Made in New York.

Antes de abandonar Chicago dimos una vuelta bastante amplia por las zonas que un mapa apuntaba como más interesantes; echamos la foto de rigor, con la placa que hay en la calle Jackson, señalando el final de la Ruta 66, enfrente del Instituto de Arte, por si alguien la busca; y nos dejamos ver por el barrio chino, que por una vez es chino de verdad: no es que no haya turistas como nosotros, o que estos sean la peste (los turistas, no los chinos), sino que vas paseando y no te da por cantar la canción del Disco Chino, que Pajares no paraba de tatarear en la ChinaTown de Nueva York. Estancia justa para irnos con buen sabor de boca y el pensamiento de “aquí sí volveré”.

No quiero dejar de mencionar que los cretinos con los que voy de viaje se comieron la mitad del arroz que tenía para sustento de todo el día, y tiraron la otra mitad, mientras iba a comprar agua para todos. Para colmo, me sugirieron recoger de la basura los restos que habían dejado de mi plato (querían tener la foto estrella del día), pero tras ver el aspecto que tenían las sobras volvieron al cubo. Moraleja: piensa dos veces con quién te vas de viaje si no quieres aparecer en el telediario (por malnutrición o asesinato, está por ver). Ahora, que no me enfado, ni por eso ni por estar alojado en un antro que apesta (sirve para aprender que es mejor dormir en la calle, aunque te despierte el sol tempranero o un guardia montado del Canadá, que en un sitio cuyo aspecto no era prometedor) y no me viene mal otro día más durmiendo menos de seis horas y manteniéndome del aire; madre, no te asustes, ya sabes que aguanto estas perrerías sin demasiado pesar, y esta vez juego con ventaja, tengo reservas de sobra tras visitar la capital de la comida basura.

Chicago - Rio Chicago JP Gordo en Nueva York

A franquear en destino

Dormimos en Michigan City…STOPel día largo como Canadá y cansado como la fronteraSTOPNaturalmente nos bajaron del cocheSTOPNos llevaron a un edificio para inspeccionar el vehículo y nuestros documentosSTOPNos dejaron marchar media hora despuésSTOPcon sonrisa amable de date con un canto en los dientesSTOP

Mucha carretera…STOPmuchos kilómetrosSTOPmucho Medina AzaharaSTOPfalta el salmorejoSTOPhace demasiado calorSTOPNecesito respirarSTOP……descubrir el aire frescoSTOPy decir cada mañanaSTOPque soy libre como el vientoSTOP

Nadie adelanta…STOPlas millas van más rápido que el cocheSTOPcomemos  en restaurate de películaSTOPtodo buenísimoSTOPla mejor camarera cicuentona del casting de camareras cicuentonas para restaurante de películaSTOPChicago  ya llegaSTOPparamos en motel de carreteraSTOPes más barato que la ciudadSTOP…¡Coño!STOP¿te has saltado otro stop? STOP…¡País!STOP

Canada - Illinois - carretera - camino

Días 5 y 6 - Una de conducción: Manhattan - Albany - Saratoga Springs – Niagara Falls - Chicago

Tremenda la paliza de coche que nos hemos dado, menos mal que hubo suerte y nos cambiaron nuestro modelo "serie B", baratito, por un lujoso "serie H", sin soltar un duro de más, aunque esto de los asientos de cuero no termina de gustarme, como voy medio en bolas me quedo repegao.

Tenía por ahí algo escrito sobre lo que hemos ido viendo, pero es demasiado descriptivo y tostón, a quién le importa. Mejor os comento cómo va el asunto de la conducción en EEUU, quizá a alguien le interese desde un punto de vista práctico.

Lo que más difiere es el cambio semiautomático de los coches, la ubicación de los semáforos (después del cruce, y uno por carril, en algún cruce puedes tener enfrente hasta cinco) y las señales de dirección prohibida (prácticamente inexistentes). Al cambio se hace uno rápido, es cómodo, aunque para Europa sería poco funcional (hay demasiadas rotondas y se respetan menos los límites de velocidad); para colmo, el coche tiene la opción de velocidad de crucero, lo programas a la que te parece oportuno y terminas con la impresión de estar en una taza de váter con volante. Los semáforos tampoco son realmente un problema, excepto si ves uno en naranja y decides acelerar para no esperar de nuevo turno, puede ser que estés demasiado lejos del cruce y cuando realmente lo atravieses lleve ya unos segundos en rojo. En cuanto a meterte en dirección contraria, ya me ha pasado, obviamente no venía nadie de frente, si lo ves no la cagas. No suelen indicar “dirección prohibida” en la entrada que no debes coger, sino que en la perpendicular figura una señal que dice “One Way”.

Los límites de velocidad los respetan muchísimo, incluso cuando alguien va descaradamente más rápido que el resto, puede que sólo esté yendo a 140 km/h. Es bastante gracioso ver los coches que tienen, inmensos, de muchísima potencia, circulando a 100. Había oído que en EEUU, debido a que la posesión de armas está muy extendida, las discusiones de tráfico a veces terminaban en asesinato, incluso tenían un nombre para definir estos crímenes, “road rage”, me parece que era. Para mi sorpresa, no he estado en ningún país con una circulación más tranquila, sin duda debido a que todo el mundo conduce a la misma velocidad: la máxima autorizada para la vía por la que esté circulando. Nadie te da las largas para que te apartes, cuando alguien se te cuela en el carril, al ir a tu misma velocidad tampoco te molesta, de modo que terminas por hacer esa maniobra, sin que nadie te mire de reojo al adelantarte posteriormente. De igual modo, no he visto pitadas por salir tarde en los semáforos, ni nada parecido. Increíble. Con el alcohol parecen ser muy estrictos, pero sí dejan hablar por móvil mientras se conduce. Yo sigo en mis trece, me da pánico la carretera, tanto decir que hay accidentes, me han metido el miedo en el cuerpo, así que nada mejor que chuzarme un poco antes de ponerme a la tarea.

A ver si para la próxima os comentamos lo que nos está pareciendo el país por un lado, y el “American Way of Life” por otro, más o menos tenemos consenso.

Brindis Pajares-Jeremías

Carretera y manta

Si darse cuenta del  problema es la mejor manera de encarar las situaciones nuevas  cuando éstas son adversas, ya podemos decir que nos hemos aplicado una terapia de choque.
Acostumbrados como estábamos a gozar de un nido donde reposar tras los maratonianos días de paseos e instantáneas, unas horas, apenas veinte, han bastado para  asumir la nueva situación de interinidad.
Con 750 kilómetros por delante, recién estrenada nuestra motorización,  no nos quedaba otra que acatar que para el aprendizaje del cambio automático íbamos a estar sobrados  de kilómetros de alquitrán: ya se sabe que con paciencia y saliva se la metió el elefante a la hormiga, siendo nosotros en el mapa un insecto con maneras de paquidermo.

El descanso a tanto sosiego sólo podía encontrarse en un agitado reposo. Es por ello que el receso se produjo en Saratoga Springs. Imbuidos por el espíritu de Fernando Savater en el ‘Juego de los Caballos’, -gracias, Manolo-, disfrutamos de nuestro particular día en las carreras mientras los purasangres galopaban a la velocidad que los dólares saltaban el mostrador de las apuestas. No era Epsom ni su derby, pero como efímera parada hacia Canadá, era más que un aceptable sucedáneo.
Sustituido el  galope de la docena de  caballos de la pista por el del largo centenar del motor de nuestro coche, enfilamos el trecho que nos separaba de las cataratas del Niágara. Más largo y pesado de lo que se presumía, alcanzamos nuestro destino a una hora (2:30 a.m.), en la que  la ciudad nos recibía dormida.
Consideramos que nuestros cuerpos se habían aburguesado en ‘La Gran Manzana’ por lo que unas horas de sueño al raso, en un país tranquilo, les devolverían a su condición proletaria. Así, lejos de entregarnos a la molicie, el improvisado colchón nos haría madrugar y hacer de Marylin Monroe frente al salto de agua. No fue necesario. Un amable policía se tomó la molestia de hacernos de despertador, con todos los faros de su coche, al observar un cuerpo inmóvil tumbado en un jardín junto a un vehículo donde también dormía gente dentro.
Tras despertarse el campista, cegado por la luz, y gritar entre bostezos: -Gentuza, ¿es que no tengo derecho a dormir tranquilo?- el sonriente agente se disculpó y se retiró.
Imaginamos que hubiera pasado al otro lado de la frontera, pero como aún no la hemos cruzado, no queremos  aventurar desgracias.
Con el sueño roto y otra jornada de carretera por delante, nos convertimos en los primeros turistas del día frente al famoso lugar para descubrir que las fotos son agradecidas pero el espectáculo, no tanto. Clic, flash, clic, subirse al coche y Chicago espera.

Camping en Niagara - durmiendo junto al coche

Día 5 – Manhattan – Cinco minutos

Un suspiro o una eternidad, una pesadilla o el paraíso, la risa o el llanto, unos segundos durante una despedida, que se recuerdan por siempre o los anodinos de a diario, que pasan desapercibidos, la diferencia entre la vida y la muerte; cinco minutos pueden serlo todo o no ser nada.

En Manhattan, hubo muchos cinco minutos, y entre los que guardaré como más preciados, los primeros que pasé nada más salir del metro, en la 28th con la cuarta, mirando hacia arriba y girando el cuello en todas direcciones, cargado como un mulo y con la sonrisa de un pueblerino que viene a la gran ciudad, despistado y contento. Los del anochecer, en la azotea del Empire State Building, con luceros que poco a poco van rasgando la oscuridad que no termina de llegar y el resplandor de neones que se hacen visibles desde las alturas, cavilando como el tiempo y el afán humano han podido con aquel ingrato que pretendió evitar la edificación de la torre de Babel dividiendo a los hombres: en el mirador, entre voces en diferentes lenguas, asombrado por las vistas, acodado ante las rejas que impiden saltar al vacío, rodeado del bullicio de los turistas y los flashes, con el sordo rumor del tráfico, que a más de trescientos metros del suelo se diluye y remeda el sonido del oleaje, es fácil transformar la monstruosa Nueva York en una maravilla de la creación. Por último, la salida de Manhattan, sin demasiados pensamientos en la cabeza, concentrado en adaptarme a un coche con cambio automático, hundiendo el morro en el túnel Lincoln para cruzar el río Hudson y quedar sorprendido por la cantidad de verde que hay en cuanto uno se aleja del hormigón y cristal de la Gran Manzana.

Me voy sin pena, Manhattan tiene demasiadas cosas que no me interesan, y alguna que otra que he disfrutado. Me gustó la visita, la considero incluso recomendable, nunca veré Madrid del mismo modo; sin embargo, no la repetiría, excepto como ahora, con otros fines. Soy más de espacios abiertos, y doy fe que estoy muy feliz, escribiendo en la trasera del coche, con Sabina de fondo, viendo bosques interminables, camino de Ontario. En realidad, ahora comienza nuestro viaje, la América de otras películas, otro montón de cinco minutos que disfrutar y compartir con vosotros, si todavía os quedan ganas.

Hilvanando…

Desde ahora, nuestro futuro obra en las manos propias y en un pie que no embraga, y en bragas, partimos; más por calor que otra cosa, calor… y humedad, no son húmedos los sueños que nos vencen, más bien exhaustos, exhausto acaba uno de doblar esquinas de edificios monumentales, monumentos vastos, los que uno se cruza, cruzan taxis las calles de manera continua, tiñendo el asfalto de amarillo, amarillea nuestro exiguo equipaje, más por uso que por suciedad, sucio es el entorno en Manhattan, aferrándose al hormigón, hormigas parecemos -parecen- desde el más alto balcón que rasca el cielo, ¿rascacielos? Para dar y tomar, toma lo que se te ofrece porque aquí nada se regala, os regalo insomnio para que sepáis que acontece, acontece que es de noche cuando en Madrid el sol asoma, asomarse a esta isla, requisito obligatorio, obligan las normas a no beber en la calle, callejean los que buscan cosas que no han perdido, perdidos estamos entre luces brillantes, brillantes que cuestan lo que tu y yo no pesamos, pesamos la comida, si la llamamos basura, basura que se agolpa a los lados de la acera, acera que sostienen millones pisadas, pisadas sin rumbo que te cruzan la mirada, miradas que se precipitan a través de un objetivo, objetivo es acabar nuestra pequeña ruta, rutina no existe cuando no te exiges un destino, destino mis fuerzas a comentar lo que veo, veo, veo, una cosita que empieza por la letra… letrados de lo ajeno, contables de lo propio, propiedades sin dueño que no asoma la cabeza, cabezadas de cansancio para reponer fuerzas, fuerza para asimilar la explosión de sensaciones, sensación agridulce al mirar al neón, neones que anuncian en lengua extranjera, extranjeros que hablan y parece que ladran, ladran, luego cabalgamos.

Día 4 – Manhattan - Cuatro personajes

Corriendo los tiempos que vuelan, en los que todo ha de ser principalmente divertido, superficial y simple, supongo que hablar de personajes en Nueva York debiera ser hablar de ficción: alguno de esos tipos que aparecen en las telenovelas americanas que emiten las cadenas de televisión en España, “Friends” y demás, por entendernos; pero ni puedo ni quiero. Otra opción sería hablar de algún personaje sacado de un libro de Paul Auster o película de Woody Allen, señeros cada uno en su arte y conocidos por todos, mas de igual modo me abstengo.

Por otra parte, podría elegir personas reales, sin olvidar  que no todas las personas son personajes: hubiera escogido a Henry Miller, pero me temo que no ha dado el salto necesario, todavía no está en el imaginario general, aunque méritos no le falten. Sí son personajes y han marcado la ciudad de algún modo, por ejemplo, Rockefeller como promotor, constructor, paradigma de empresario, prohombre, y Bin Laden como oveja negra, descarriado, desagradecido, que muerde la mano del Amo, y cuya principal labor pública ha sido la apertura de nuevos solares, sin tener en cuenta detalles como el número de sujetos que se ventilaba en la operación (aun a sabiendas de que no es comparable ser un terrorista con ser un negrero sin escrúpulos, no quiero dejar de mencionar que estoy convencido de que los grandes constructores de rascacielos de la época del crack tampoco se preocupaban en demasía por el número de obreros que caían en la obra, es más, se aprovecharon de la crisis económica, pagando salarios irrisorios, para contratar el mayor número de trabajadores, de modo que sus sueños de inauguraciones memorables pudieran ser satisfechos en el menor plazo).

Finalmente, he optado por elegir personas de la calle, ante la abundancia de casos con “particularidad extrema”, y he realizado una división en cuatro perfiles (ejemplos en la sección Personajes. Supongo que los yankis tendrán estudios sociológicos sobre el asunto). Estos sujetos son producto, imagino, de una sociedad hipercompetitiva, donde las personas no valen demasiado; podríamos distinguir: los tirados, una especie de mendigos que quizá sí tengan casa, pero se pasan el día sentados en cualquier esquina; homeless o mendigos, a todas luces carecen de techo fijo, y cerca de ellos se pueden ver todas sus pertenencias; los raritos, personas con trabajo y casa pero que destacan por algún motivo -debería ser difícil destacar en una ciudad con perfiles tan diferentes (razas, modas, turistas, etc.) pero se las apañan para conseguirlo-; y los trastornados, la mayoría se encuentran apartados, no ya del mercado laboral, porque sin duda muchos de ellos trabajan, sino de la vida que podemos considerar normal. Desde mi ignorancia de la psicología clínica los califico de “tarados”. No todos los individuos que aparecen en la sección Personajes son locos, pero bastantes, sí, en general hemos puesto los que nos parecían más curiosos.

Desde luego, es absolutamente anormal para un europeo andar por la calle de lo que considera un país desarrollado y ver tal cantidad de desechos humanos. Y digo desechos no con ánimo de hacer befa de ellos, sino de la sociedad que los produce; son residuos en tanto en cuanto la sociedad los ha usado y alejado de de sí, como se hace con una pipa cuyo contenido ya se usó: la cáscara se arroja. Da la impresión de que se les hace ver que no valen nada y terminan por creérselo, hasta el punto de que un porcentaje alto termina dando tumbos por las calles.

No hay duda de que ellos, y no los cigarrillos Marlboro, son el genuino producto americano, que por desgracia no tardaremos en importar.

Mimetismo

Prestos a que donde fueres, haz lo que vieres, vinimos, vimos y vamos haciendo. De momento, sin abusar del triglicérido, pero sin moverlo de la primera opción alimenticia. Algún brebaje colorín también ha pasado de la exagerada nevera de la que disponen los supermercados a nuestro organismo.

Otra forma de integrarse que consideramos oportuna fue saltar como el que más en un partido de la WNBA, en el Madison Square Garden. El ser los únicos en el majestuoso recinto que no conocía a ninguna jugadora no nos mermó el entusiasmo a la hora de vocear según iban cayendo las canastas, indistintamente del equipo que las consiguiera, para desconcierto de los de nuestro alrededor. Lo mismo ocurría con nuestros cuerpos al son de la música en los tiempos muertos. Y es que la comunidad afroamericana, principal asistente al partido, poseedora de un envidiable ritmo para  mecerse al son de la música, no ha asimilado la magnificencia de cimbrear tú cuerpo  como si se fueran la 4:00 de la mañana en la costa levantina y estuvieras participando del ‘minuto puzzletron’.

Pero como nuestro cosmopolitismo no entiende de barreras culturales ni de trabas sociales, un acto camaleónico más, nuevo intento de acabar indiferenciados con el entorno, propició un encuentro de culturas sobre el cemento de una cancha de baloncesto de Central Park, donde el atlético practicante vio perturbado su ensimismamiento, y rota su comunión con el balón, al aceptar gustoso el jugar con un extraño que acabó siendo un brother. Y es que comprobó que los blancos sí la saben meter.

Price of Bel Quelar vs Kobe Bryant

 

*En la ciudad de los superhéroes cavilamos sobre quièn vencería en un pelea entre un ninja esquizofrénico y un yonki de La Rosilla con ‘mono’. Se admiten apuestas, argumentadas…

Día 3 – Manhattan, tres miradas

Subsuelo, superficie y aire o lo que es lo mismo, metro, asfalto y cristal, calor, ruido y vistas, tres miradas diferentes a una ciudad que no podría pasar sin alguno de esos elementos… Vaya tostón de narices. Ese iba a ser el tema, pero era demasiado aburrido, de modo que por arte de birlibirloque lo cambio a comentar tres de los detalles que me han parecido curiosos.

La gran cantidad de expendedores/recipientes para coger periódicos gratis o de pago que hay por todo el centro de la ciudad, sin que luego ésta se encuentre llena de restos de papel (y mira que hay mierda suelta por todas partes), dan un toque colorido a las esquinas. La marea de taxis (ahora entiendo un poco mejor la película de Taxi Driver) que inunda las calles constantemente (me da a mí que tener un coche en Manhattan es un lujo muy exclusivo), y que además se ha extendido al reino de los pedales, dejando las calles de la ciudad casi como las de La Habana, una gran paso para la recaudación de impuestos y uno pequeño para la humanidad (vuelta a la caspa; entre eso y las calesas me tienen frito, pensé que venía a la ciudad que había inspirado la estética de Metrópolis y Blade Runner no a la que andaba de vuelta de la que nos presentó Hello Dolly). Por último, personas bebiendo por la calle, es muy fashion; he conseguido un vaso de plástico gigante de Starbucks, que a mi juicio son los que más visten, y lo llevo siempre con agua del grifo, para dar el pego, simulando que bebo en cada semáforo. Intuyo que la falta de tiempo motiva a la gente a comer y beber de pie, de eso hablaremos en la entrada que titularé “Consuelos de ciudad”, después de todo los que vivimos en ciudades invivibles tenemos que reconfortarnos como podemos, es decir, como los tontos.

Buzones - Expendedores

Prepara el ‘pastizal’

Cuando uno prepara un viaje, lo primero que suele hacer es pensar en el dinero que tiene presupuestado. Cosa lógica, además de una estimable precaución.
Una parte se suele dedicar  al transporte de ida y regreso, otra a la comida, otra a los regalos y otra a los imponderables. 
La proporción que cada uno hace de su presupuesto ya varía, y mucho, dependiendo de su nivel de exigencia,  su bolsillo o de las circunstancias en que realiza el viaje. Sobre todo, porque no es lo mismo el nivel de putrefacción que uno se puede permitir soportar viajando solo que cuando le acompaña una dulce señorita o señora, principalmente si no es la propia.
En el caso de ir a Nueva York, desde aquí me permito hacer un llamamiento a los previsores o desconocedores, como era mi triste caso, para adjudicar otro elemento en el reparto presupuestario: los impuestos.

-¿Qué impuestos?.

-Ahhhh, se siente, los impuestos de Nueva York

- ¿Eso que é lo que é?

- Pues eso, los impuestos de Nueva York..

Así que nadie se sorprenda si en una tienda va a comprar una chocolatina y una coca cola tras observar un precio para el que cree llevar suficiente monedas en el bolsillo y tiene que acabar pidiendo un crédito para poder salir sin tener que renunciar a ellas.
Exagerado o no, hay que saber de antemano que en las facturas, sobre todo en las que ha pagado a priori desde casa, vía Internet, es improbable que coincida el precio final con el que tú viste en un primer momento.
Solventado el desacuerdo con el recepcionista, feliz y amistosamente a su favor, porque luego uno no es nadie ante un negro de dos metros y 120 kgs al que le cabes en el hueco de la muela y tampoco es plan de perder días de viaje buscando al alcalde Bloomberg para resolver diferencias pecuniarias con él, hemos asumido que no queda más remedio que asumir los bocados que le pega el fisco neoyorquino a nuestra liquidez, cada vez menos líquida y más gaseosa.
Así que, si vas a viajar a la Gran Manzana en un tiempo próximo, deja uno de los montoncitos para en lo que en las facturas se refleja como N.Y. TAX. 

Conclusión: Nueva York no es caro, es muy caro, pero más caro es esto: Reina, Melo, Adelardo (c), Heredia, Capón, Bejarano, Eusebio, Luis, Irureta, Gárate, Ufarte (Becerra) y Salcedo (Alberto).

Día 2 – Manhattan, dos pensamientos

Nueva York, o al menos Manhattan, parece una ciudad dura para vivir, se ve mucho puesto de trabajo basura, se palpan las diferencias sociales, los precios son exorbitantes, las distancias enormes; un buen sitio para hacer turismo, seguramente uno malo para criarse. No es raro cruzarse con algún trastornado, que hablando sólo pasea por la calle con un cerro de suciedad a cuestas; incluso los mendigos, no piden limosna, simplemente están. En la sociedad capitalista por excelencia, donde se enseña que quien no tiene nada es porque no lo merece, imagino que está mal visto dar y pedir; lo suyo es ganárselo.

Disfruto más el campo que las ciudades, sin embargo creo que Nueva York es una visita imprescindible, más aún para alguien de una generación que se ha criado con la cultura americana avasallándole por los cinco sentidos. La ciudad tiene otra escala, impresiona y es el origen desde el que hitos, movimientos, estilos y formas de vida se han extendido por el mundo: raperos, comoida rápida, graffitis, vanguardias, pop art, rascacielos, Nikes, pantalones caídos, StarSystem… Ciertamente, esto es aplicable a todo EEUU, o al menos ciertas áreas de especial influencia; pasaría lo mismo con grandes ciudades de California. En todo caso, aunque entender y conocer Nueva York con todos los matices requeriría meses de estancia, una rápida visita puede ayudar a comprender el porqué de la tendencia a la imitación de lo que aquí sucede. Menos mal que la herencia de la moral calvinista y protestante de los padres fundadores no nos afecta por completo: oculta tu cerveza con una bolsa de papel, porque no se puede beber alcohol en la calle; sin embargo, luce sin temor y con orgullo un pistolón del tamaño de un lingote; os aseguro que impresiona ver esos chismes saliendo del un bolsillo de un tipo cualquiera, al menos lo suficiente para pensarte dos veces echarle una foto.

Manhattan Distrito Financiero desde el Puente de Brooklyn

Hoy alguno pilla

Como es preceptivo cuando se llega a un destino nuevo, lo primero es echar un vistazo rápido al mapa, para decidir al sitio al que ir. Lo malo de ellos, o de nosotros, es que no se mira la escala  y todas las medidas las adaptas a lo que conoces. Así que para nuestra desgracia, Nueva York no es Madrid, ni Sevilla, ni Valencia, ni nada parecido.

- ¿Hoy dónde vamos?

- A Brookling.

- ¿Pero andando?

- Claro, si de camino se ven muchas cosas.

Ahora bien ¿Alguien iría desde Móstoles, Paterna o Dos Hermanas de turismo a una de las capitales adyacentes? Pues nosotros, sí. Ale, con dos saquitos.

Lo peor no son los kilómetros de distancia, aumentados por ir callejeando, ni el calzado de franciscano que hoy delatan mis plantas de los pies. Ni si quiera, la humedad que nos hacía pasear por una sauna. Tampoco que de tanto calor llovieran calamares fritos, ni que el sol se encostrara a la colleja y los brazos de alguno de nosotros, porque más allá de estas dificultades, superadas por nuestro ansia de oír el clic de la máquina de fotos, hemos sido capaces de recurrir al hispano arte de la siesta con una reparadora cabezadita de 12 horas.

Lo peor, lo “muy peor”, es que el recepcionista del hotel, aventajado aprendiz de edil marbellí, ha intentado colarnos una factura con una cuenta excesiva.

Uyyyyyyyy, el incauto no sabe con quien se la juega…

Hoy alguno pilla

Día 1 – Manhattan, una impresión

Caminas por calles que conoces, como Broadway o la Quinta Avenida, pero nunca antes pisadas por ti, la ciudad es inmensa, pero no da esa impresión, sino todo lo contrario, es claustrofóbica, calles no demasiados anchas, la sensación de estrechez se acentúa por la altura de los edificios; tráfico constante, aceras colapsadas, sucias, pavimentadas con grandes placas de cemento en lugar de adoquines, bordillos bajos, apenas hay separación con el asfalto; semáforos en cada esquina, cables que se entrecruzan, señales de circulación, luces de todos los colores, publicidad, consumo, cientos de taxis, decenas coches policía, 4x4, pick-ups, limusinas; montañas de bolsas de basura, ruido incesante, puestos ambulantes de comida, restaurantes cada dos pasos, baratos, caros, italianos, comida rápida, de mantel y velita; mezcla de olores, refritos, asados, brasas; edificios de ladrillo visto rojos, marrones, grises, con escaleras de emergencia de hierro oxidado, otras pintadas, en verde, rosa, ocre; rascacielos art decó, hormigón, acero, cristales oscuros; gárgolas, cúpulas, columnas, frisos; jardineras, parterres, hidrantes, y escasos balcones; giras el cuello, miras arriba, las nubes rozan las antenas; americanos, hispanos, negros, chinos, caucásicos, delgados, gordos, obesos, musculados; vestidos, trajes, vaqueros, bermudas, prima lo informal, de hecho, resulta extraño, casi fuera de lugar, ver a alguien arreglado; los sentidos no pueden acaparar tanta información, se desbordan, es mejor observar por partes. Al rato, empiezas a asimilar, aunque la impresión de estar en un rodaje de película continúa mientras te me preguntas dónde está la verdadera Manhattan, porque lo que te rodea seguro que es un gran decorado con miles de extras disfrazados de americanos.

¿No queríais viaje?

Tras más de 24 horas desde que mis pestañas se despegaron en Alcorcón, y las de mis compañeros de viaje, en Leganés, no nos queda más que decir que si queríamos viaje, el primer día, ración doble.

Como era menester, no debía partir sin olvidarme algo; esta vez, una maleta, lo que nos hizo llegar a Barajas con el pie en el acelerador. No fue el único inconveniente. Ni material, ni moral. Decididos a ser voluntarios en el overbooking para asegurarnos 600 euros a costa de la Swiss, nos consideramos robados como si el comandante nos hubiera metido la mano en el bolsillo cuando nos dijeron que había plazas libres. Como compensación a nuestra decidida ayuda a la regulación del tráfico aéreo, nos acomodaron en un sitio a gusto de nuestras rodillas.

Al final, tras 11 horas de viaje previa escala en Zurich, aterrizamos en Nueva York, y cuando dábamos por hecho que la frontera estaba salvada, al menos por dos miembros de la expedición, el policía consideró que el que suscribe, y escribe, era sospechoso y peligroso, por lo que hubo de acompañarle a una sala donde examinaron sus documentos. Acongojado ante la posibilidad de una inspección rectal, no por lo que pudieran encontrar, sino por el devenir de la sexualidad futura, el inconveniente se solucionó mediante una comprobación de datos más exhaustiva por otro agente de la autoridad y el miedo.

Recordatorio: no hacer ruiditos en la frontera delante de un policía, perteneciente a una minoría étnica, que considera que ser cabrón es una buena manera de integrarse socialmente.

Por lo demás, ya estamos en la habitación, succionando wi-fi a costa del erario neoyorquino y con el aire acondicionado a tope para que no se solivianten los sudores mutuos: Tres metros cuadrados para tres viajeros que se han pasado el día en un avión puede ser cultivo de virus y aquí el pánico a la guerra bacteriológica desaconseja permitirnos desmanes en la higiene.

La ciudad, tras paseo nocturno de tres horas y 35 paradas de metro, parece que da para mucho, pero eso ya es otra historia.

Siesta Avion Viva Swiss

Proposiciones de un provinciano simplista

Por desgracia, el encabezamiento de esta entrada no hace referencia a que vaya a regalar mi cuerpo al lector que más comentarios aporte, aunque al paso que vamos mis carnes terminarían igual de inmaculadas y virtuosas que las tengo ahora, sino a dejar claro, por si alguien ha leído más de un día el blog y todavía no ha caído en la cuenta, de que lo que aquí se escriben son juicios de valor.

Es importante la diferenciación entre opiniones, es decir, los mencionados juicios de valor, y las proposiciones analíticas, sintéticas y metafísicas. En este blog no habrá sino opiniones y juicios, tan sesgados y maniqueos como mi persona es; lo único que tal vez me salve es el hecho de ser consciente de ello.

Los juicios se forman a partir del sistema de valores de cada uno, y a través de ellos calificamos, definimos, sentenciamos y juzgamos. Su valor como argumento es nulo, no tienen aplicación dialéctica, sin embargo es normal que los apliquemos para defender nuestras tesis, lo que viene a ser una acción tan efectiva como dar puñetazos al aire.

En oposición a los juicios de valor, las proposiciones analíticas son verdaderas por definición, algunos las calificarían de perogrulladas, en ellas el predicado confirma lo que afirma el sujeto; las proposiciones analíticas no dicen nada del mundo, poco me servirían por tanto para describir lo que vamos a encontrar en nuestro peregrinaje.

Por su parte, las proposiciones sintéticas sí pueden ser verificadas, a veces son falsas, en ocasiones verdaderas, en ellas el primer miembro de una proposición es tomado como una parte, uno de los términos no está contenido en el otro, de modo que se produce una cierta unión entre dos conceptos. Ahora bien, tal ligazón debe ser sometida a verificación, y puede ser sometida a falsación.

Además, hay quién distingue también un último tipo de proposiciones, las metafísicas; son aquellas que no encuadran en los anteriores casos. En fin, una descripción pobre de solemnidad; no obstante, usando el ojo que todo lo ve (Google) seguro que cualquiera encontrará explicaciones más acertadas, aquí no estoy para dar lecciones, sólo para emitir opiniones, sentencias relativas, no contrastables ni verificables, no necesariamente compartidas, e incluso no creíbles.

No quiero terminar este largo exordio –ya van unas cuantas entradas en el blog- sin subrayar que somos especialmente flojos de lengua cuando hablamos de viajes, porque nuestros por naturaleza débiles juicios suelen estar hinchados por el ego y la vanidad, aires de grandeza, que lo único que ocultan es nuestro:

- Provincialismo. Siempre comparando con lo que conocemos, como si lo conocido tuviese el valor de cierta vara de platino e iridio que custodian en París. Algún griego clásico, de esos que gustaban de jugar con los niños al teto, decía que el hombre es la medida de todas las cosas, pero se refería al Hombre, con mayúsculas, no a nuestro vecino Pepe.

- Simplismo. En esta soy como los que salen por la televisión jugando al ajedrez: Gran Maestro. Consiste en hacer extrapolaciones para la elaboración de sentencias a partir de una experiencia individual.

- Guayismo. ¡Qué ganas tenía de meter un neologismo propio! Básicamente es el cambio de actitud, de persona normal a persona Guay. Es intrínseca a viajar en vacaciones (no te ocurre si eres comercial y estás de servicio, por ejemplo). Estoy empezando a sentir el cosquilleo por mis venas, sólo dos días para ser Guay.

- Positivismo. Tanto en el sentido de positivo como de experiencia. O falta capacidad de crítica negativa o cuesta demasiado dar palos a lo que te ha supuesto aflojar a lo menos un costillar. Y de obvio, se cae, estamos condicionados y condicionamos lo que experimentamos, perrillos de Pávlov, microbios venidos a más.

Se me hace tarde, paro ya la enumeración, seguid vosotros pues el listado no está cerrado. ¡Me largo a dar caña a los yankis, boqueando como pez fuera del agua!

De encuestas y concursos

Los Simpsons, divina comedia sobre la que podría escribir un blog más largo que la Biblia, fue el tema de la primera página Web que hice, calculo que en torno al año 2000. Recientemente, en un movimiento publicitario ruin, aunque no tanto como el de la elección de las nuevas siete maravillas del mundo, los creadores de la mencionada serie de animación, para dar impulso al lanzamiento de la película que han realizado con los mismos personajes, han perpetrado una encuesta para zanjar la cuestión de en dónde se ubica la localidad de Springfield. En nuestro periplo estadounidense, este año íbamos a pasar por Springfield, Illinois, una gran urbe en la que tengo entendido que hay un museo dedicado a la celebérrima serie. Nadie quiere perder comba, todos desean subirse al carro, y chupar del bote son, además de frases hechas, un tanto horteras, la representación en pocas palabras de cómo todos aprovechamos oportunidades por miserables que éstas sean.

Por suerte para mis bolsillos, y, sobre todo, para mi estado mental, la aversión que sufro cuando me acerco a un museo, tan sólo superada en el del chocolate de Artúrica Augusta, Astorga para los amigos, me impide traspasar las puertas de semejantes abismos, en los que la acumulación fetichista de objetos hace reunirse a lo más granado del ahora y el ayer (todavía no existe pero pronto alguien creará un “museo del futuro” basado en el arte conceptual de la hoja en blanco y el imagina tú lo que depara el futuro; que nadie dude, se llenará de enfervorizadas masas), con las adoraciones esclavistas más infectas, véase sin ir más lejos el origen del Metropolitan de Nueva York, a manos de cierto Morgan, de profesión “aceros y ferrocarriles” (en una dorada época en la que matar indios y tener montoneras de esclavos no era políticamente incorrecto, aunque tampoco aprobado por todos, no nos engañemos), con las palmas cual Pilatos, impulsor del sistema de voto democrático, Nerón, defensor a ultranza de las quemas periódicas y el barbecho, o Bernardo Gui, uno de los primeros en introducir el concepto de Spa en las ciudades. Por decirlo de otro modo, no tenía intención de visitar el museo de Los Simpsons –y vaya si me gusta la serie- en Springfield, y menos todavía desviaré mi camino hacia Vermont, estado en el que se encuentra el Springfield ganador del concurso.

Apenado al ver que tratan de sacar un puñado de dólares, jugando a ubicar en el planisferio un sitio que no existe sino en nuestra imaginación, y que fue creado de modo indefinido precisamente para no tener ubicación, sólo me queda proponer a Matt Groening que haga publicidad de su serie y apología de su país a través de un episodio que podría ser antológico, a saber, Homer y Bart recorriendo la Ruta 66; creo recordar que ya hicieron algo similar, al recrear la Película “Thelma y Louis” en un episodio en el que Marge se da a la fuga, y no estoy seguro de que no hayan hecho un guiño a la ruta en otro en el que Homer deviene en motero; también han hecho escapadas a San Francisco y Las Vegas, y aún sin recordarlo apostaría porque pisaron Los Ángeles; y si bien fuera de la Ruta original, que no de la nuestra, se encuentra Nueva York, en la que pasaron un aciago día tiempo ha.

Por otra parte, propondré a mis compañeros de viaje un concurso: entre los cinco lectores del blog que más comentarios nos envíen sortearemos una plaza para acompañarnos en el próximo trote que organicemos; tal vez alguna ruta circular por Australia, por ejemplo, Melbourne, Canberra, Sydney, Brisbane, Darwin, Perth podrían articular un viaje en el que viésemos la Gran Barrera de Coral (Great Barrier Reef), ciudades de todo tipo, desiertos que no envidian nada al de Atacama (Chile), considerado el más seco del mundo, zonas pantanosas, minas de oro abandonadas, y vete a saber qué (por supuesto, no dejaríamos de hacer el paleto visitando la roca Ayers, que anticipo como una especie de fusión del Yelmo de la Pedriza con el Naranjo de Bulnes). Y como la imaginación no deja de volar, quién sabe si no podríamos decir eso de “envía Ruta 666 al 555” y díganos el destino que prefiere entre: Nueva Zelanda, Madagascar, Zaire, Vietnam, Mongolia, Japón, Siberia y Switzerlandia. A ver qué sale…

Aquí, allí

En España, la partida se ciñe a nuestro sueño, se adapta cómodamente a nuestro abandono, como la almohada a la cabeza; contamos, en lugar de ovejas, los días laborales que nos quedan por sufrir, y poco más nos preocupa, apunto de cerrar los ojos en busca de otras escasas seis horas de respiro.

Mientras, en EEUU, el ambiente se va enrareciendo y no sólo por el calor estival; aquí las 00:00, allí el metro parece una olla a presión, y las personas mejillones que se cuecen al vapor; la ciudad todavía piensa en atentados recientes (11-S), la incertidumbre siembra dudas cuando una explosión sacude Manhattan –esperemos que mantenga el tipo la covacha donde vamos a pernoctar; los predicadores rodantes prestos se levantarán con fuerza, aunque ya no recorren caminos polvorientos, sino que anuncian la llegada bíblica del ángel Exterminador (personalmente, creo que ya vive con nosotros el mismísimo Lucifer) en púlpitos con formato en alta definición y emisión por satélite o cable; arengarán a las masas, sembrarán el miedo como quién planta vides e insuflarán fuerza al enemigo, porque el terror sólo sirve para eso. Aquí el mismísmo diablo, da miedo.

Mañana quizá sabremos qué pasó, por hoy, mientras el mundo sigue rotando impasible, cerramos el chiringuito; no vamos a ser más nerviosos que él.

Good bye Lola, echaremos de menos tus plumas

Consternados, dolidos y poco menos que con el alma en pleno naugrafio leemos que echa el cierre el legendario Copacabana de Manhattan, debido a las obras de ampliación de una de las líneas del subway de la Gran Manzana; por si alguien aún era escéptico, ya no queda duda de que Bloomberg es un hombre sin corazón, práctico, cuyos iris tienen forma de dólar y que piensa más en la facturación de las contratas y el bienestar de sus votantes que en el de los turistas que pueblan la ciudad, en pertinaz pugna con las cucarachas por un hueco en los hostales.

No hace mucho, allá por marzo, se cargaron Roxy, la sala que intentó ocupar el solar emocional dejado por la mítica Studio 54. Ahora, dinamitan el local que inspiró a Barry Manilow, ese gran hombre americano de americana con grandes hombreras, que a pesar de vender millones de discos y ser admirado hasta por Bob Dylan no termina de convencerme; para mi gusto, carece del empaque de Bing Crosby o Louis Amstrong, más bien lo sitúo como precursor de los actores graciosetes de monólogo, algo así como Jim Carrey, en alguna de sus famosas dobles imitaciones, si bien, en su caso, más cantarín y con menos chispa.

Volviendo al presente, nosotros, compungidos, tenemos que pensar en otro club donde cimbrar nuestras caderas y mostrar a la gauche divine neoyorquina que rebosamos donaire en el longevo y cada vez menos noble ritual de apareamiento que es la danza; hemos de encarar aquesta pena con la fuerza que nos da saber que aún quedan locales de moda, y entrada no apta para bolsillos flojos, como Culture Club, Webster, Hall, Float, Twilo, China Club, Lotus, Plaid, Rhone, PM, The Park, Marquee, Avalon y APT, Village Vanguard, Knitting Factory y seguro que montones de minúsculas, encantadoras y casi desconocidas salas de jazz, ahumadas, oscuras y con aroma a Nueva Orleáns –no me refiero a olor a agua estancada sino a cierto déjá vu con lo que sería un bar de copas del barrio francés de la, llamémosla, nueva Atlántida–, donde pedir una Coke puede suponerte la expulsión a patadas.

En todo caso, dicen que habrá una nueva versión, Copacabana III, pero para entonces a saber dónde estamos y a saber dónde estará ella, “Her name is Lola, she was a showgirl…”, arquetipo de mujer de bandera y decadencia previsible, de igual manera motivo recurrente en canciones en castellano, a veces incluso con el mismo nombre: Lola. Cierto que también existen las que aguantan el paso del tiempo sin corromperse, pero entonces se llaman Carmen y pobre de quien ose prendarse de ellas, que se lo digan a Merimee o Bizet, que cantaron loas en su honor, o a tantos locos románticos que terminaron como el jovencito Werther (ese de los caramelos), también con encarnación castiza, por ejemplo, en el pellejo de Larra.

Requiescat in Pacem, Copacabana.

Estereotipos a quemarropa

Va de tópicos. Sí, tan injustos como certera la leyenda que los ha forjado ¿O simple cúmulo de casualidades?

Cuando uno comenta que se marcha a otro sitio, lo primero por lo que siempre le preguntan es por el tópico.

Si se va a Amsterdam, que volverá ‘endrogao’. Si planea visitar Suramérica, si lo hará con un/a Dinio/a. Si acude a Australia, que salude a algún Cocodrilo Dundee. Si vuelve de Bélgica, si ha visto a algún pederasta. Si va a Thailandia, si no lo ha visto -bueno y si trae las monedas idénticas a las de 2 euros para sacar tabaco de la máquina por 50 pelas-. En fin, lo que todos conocemos de cada sitio de oídas o a cuenta de la instructiva televisión.

A menos de un mes de la partida y con pleno desconocimiento del destino, la mayoría de las preguntas en torno a nuestro viaje han sido si nos haríamos con una pistola, "como allí es tán fácil y todo el mundo la lleva….".

No puedo negar que, habiendo crecido desarmado y peliculero, me seduce la idea de llevar un Magnun44 bajo la ropa y tras ser mal atendido en un restaurante, montar una balacera y al camarero que me ocasionó el desaire, recitarle de memoria: "Sé lo que estás pensando, si he disparado seis balas o sólo cinco…."

Pero a todos los que se sientan imbuidos por tal sentimiento, es justo decirles que no. Que por nuestra integridad y, sobre todo, la de los que se nos crucen con aviesas intenciones, es prácticamente imposible para un extranjero conseguir un arma de fuego. Y en muchos estados, también para los nativos. Cierto es que la Asociación Nacional del Rifle, con 180$ millones de presupuesto para financiar a los partidos políticos, goza de gran poder. Tanto para que con 18 años puedas llevar un arma corta y con 21, un arma larga en muchos estados, previa consulta con la base de datos del FBI. Sin embargo, el panorama cambia en las ferias que se celebran en cada rincón: el gran problema del mercado negro. Aún así, no deja de estar prohibido el portarlas fuera del domicilio propio.

Nos vienen a la mente los recientes asesinatos de Virgina Tech o la archiconocida ‘Bowling for Columbine’, como nos puede venir a la mente Puerto Urraco y las hermanas Izquierdo. Es innegable que hay cultura del arma de fuego en Estados Unidos, como en todos lados, pero es más probable morir en un accidente de tráfico que por un mal tiro (aunque Maradona, Elvis Presley o Antonio Flores no opinen lo mismo)

Así, que ante la imposibilidad de hacernos con un Kalashnikov recortando cupones del McDonald’s, me conformaré aludiendo al conocido estigma: Si no soy Curro Jiménez, ¿por qué tengo este trabuco?

De película

De entre las muchas cosas que no se olvidan, están las ciudades, invisibles o no. Procuramos guardar recuerdos de aquellas por las que hemos pasado, y para las que no han tenido la fortuna de ver como gastábamos cuatro perras en obsequios, que no son más que carne de vertedero, tenemos el cine. Quién no ha oído hablar de Casablanca (1942), Salamina (2002), Shanghai (1947) o La Habana (1959) y los respectivos títulos que acompañan esos topónimos. De igual modo, tenemos otras cuyos nombres, e incluso emplazamientos, quedan en el aire: quién sabe si “Al Sur de Granada” (2002) estará “La Ciudad de Dios” (2002), que a pesar de ser una urbe con propietario, no deja de ser una “ Ciudad sin Nombre” (1969).

Las “Metrópolis” (1926, 2001) estadounidenses no podían escapar de nuestra romántica devoción por acumular remembranzas o incluso de coleccionar nostalgias imposibles por la visita que nunca se ejecutó. Sin haber estado en EEUU, podemos conocer acerca de Chicago gracias a “Los Intocables” (1987), Brian de Palma. Sobre Las Vegas, no andamos faltos de títulos: "Ocean’s Eleven" (1960), Lewis Milestone; "Casino" (1995), Martin Scorsese; "Leaving Las Vegas" (1995), Mike Figgis y "Miedo y Asco en Las Vegas" (1998), Terry William. Tampoco si miramos a Los Angeles: “Arma Letal” (1987); Richard Donner; “La Junga de Cristal” (1988), John McTiernan; “Un Día de Furia” (1993), Joel Schumacher; “Rescate en L.A” (1996), John Carpenter; “Sunset Boulevard” (1950), Billy Wilder; “Barton Fink” (1991), Hermanos Cohen; “El Juego de Hollywood” (1992), Robert Altman; “Ed Wood” (1994), Tim Burton y “L.A. Confidential” (1997), Curtis Hanson. De San Francisco y Alcatraz, famosísimas: “San Francisco” (1936), W.S. Van Dyke; “Ciudadano Kane” (1941), Orson Welles, “El Halcón Maltés” (1941); John Huston; “Vértigo” (1958), Hitchcock; “Los Pájaros” (1963), Hitchcock; “Bullitt” (1968), Peter Yates (localizaciones de la película) y “Harry el Sucio” (1971), Don Siegel o "El hombre de Alcatraz" (1962), John Frankenheimer; "La Fuga de Alcatraz" (1979), Don Siegel y "La Roca" (1996), Nicholas Bay.

Antes de seguir con el chorreo de títulos, haremos un pequeño paréntesis orientado a digerir los mencionados, y a elaborar una pequeña divagación que justifique una entrada de blog tan extensa: pensar en cine transporta (o puede hacerlo en muchas personas) nuestra mente hacia América, EEUU, Los Ángeles, Hollywood. La industria de Hollywood, aparte de generar bastantes puestos de trabajo, mucho dinero, fetiches a diestro y siniestro, y poco menos que hacer que una ciudad tan grande com L.A. gravite en torno a ella, ha conseguido un logro cultural inimaginable: pudrir un poco más nuestras mentes; cierto que en mi caso es sencillo, venía mohosa de fábrica, como muestra, sabed que decidí no hacerme piloto de caza porque pensaba que las pruebas de acceso requerían ser tan guapo como Maverick; retomando lo que decía, Hollywood es capaz de reorientar nuestra escala de valores, configurarla a su imagen y semejanza, imagen que por supuesto no es casual. Tiempo atrás leí un interesante artículo que trataba, poniendo de ejemplos dos películas (“Mulan” y “Tigre y Dragón”), como la globalización produce una hibridación cultural que termina imponiendo los valores del más fuerte, en este caso el trasvase de valores se muestra en la deformación/occidentalización de las historias originales que sirvieron de base para el guión de cada una de las películas; Oriente siempre se nos muestra muy descafeinado, triturado y accesible a nuestra moral, no sea que nos escandalicemos. Mi mala memoria no me permite explayarme sobre este artículo pero podéis leerlo online. En conclusión, el cine es importante no sólo por sus facetas de entretenimiento y aprendizaje, sino también porque nuestra concepción del mundo, nuestros gustos y valores, están tremendamente influenciados por lo que hemos visto en las pantallas desde que éramos unos micos. Hasta las industrias de cine más fuertes después de Hollywood, Bollywood (India) y Nollywood (Nigeria) no son más que remedos de bajo presupuesto de ésta, con nombres que esputan de todo menos imaginación.

Ahora bien, si hay una ciudad, aparte de Los Ángeles (Hollywood), que se asocie al cine, esta es Nueva York, aparece en infinidad de películas, y cuenta con un listado de prestigiosos directores abonados a rodar en sus calles. El año pasado se conmemoró el 40 aniversario de la creación de la “Mayor’s Office of Film, Theatre and Broadcasting”, que facilita el rodaje de películas en la Gran Manzana. A través de este enlace podréis recorrer el callejero de Manhattan viendo exactamente dónde se rodaron clásicos cómo: "New York" (1927), Luther Reed; “King Kong” (1933), Merian C. Cooper, Ernest B. Schoedsack; “Un día en Nueva York” (1949), Stanley Donen, Gene Kelly; “Marty” (1955), Delbert Mann; “La Tentación Vive Arriba” (1955), Billy Wilder; “Falso Culpable” (1956), Alfred Hitchcock; “El Beso del Asesino” (1957), Stanley Kubrick; “West Side Story” (1961), Robert Wise y Jerome Robbins; “Desayuno con Diamantes” (1961), Blake Edwards; “Los Productores” (1968), Mel Brooks; “La Semilla del Diablo” (1968), Roman Polanski; “Cowboy de Medianoche” (1968), John Schlesinger; “French Connection” (1971), William Friedkin; “Serpico” (1973), Sidney Lumet; “Malas Calles” (1973), Martin Scorsese; “El Padrino” (1974), Francis Ford Coppola; “Los Tres Días del Cóndor” (1975), Sydney Pollack; “Taxi driver” (1976), Martin Scorsese; “Annie Hall” (1977), Woody Allen; “Fiebre del Sábado Noche” (1977), John Badham; “Los Guerreros” (1979), Walter Hill; “Manhattan” (1979), Woody Allen; “Kramer contra Kramer” (1979), Robert Benton; “Fama” (1980), Alan Parker; “Ragtime” (1981), Milos Forman; “Cotton Club” (1984), Francis Ford Coppola; “Wall Street” (1987), Oliver Stone; “La Hoguera de las Vanidades” (1990), Brian De Palma; “Malcom X” (1992), Spike Lee y un largo etcétera.

Por cierto, una película en la que aparezca la Ruta 66 o Will Rogers Highway o The Great Diagonal Way o como quieras llamarla, hay nombres para todos los gustos, es la cinta de John Ford “Las Uvas de la Ira” (1940). Como serie de televisión tenemos “Route 66”, emitida por la cadena CBS de 1960 a 1960, y si buscas una canción de acompañamiento "(Get Your Kicks On) Route 66", de Bobby Troup, versionada entre otros por Nat King Cole, Chuck Berry, The Rolling Stones, Depeche Mode, Manhattan Transfer, John Mayer y The Cheetah Girls.

En extinción

La World Monument Fund ha publicado una lista con 100 sitios históricos sobre los que se cierne algún tipo de amenaza, lo que significa, expresándolo con mayor dramatismo, que están en peligro de extinción. Nosotros, desde las moderadamente filosas cimas de la sierra de Bernia somos presa de gran preocupación al ver que la Ruta 66 está incluida en el calamitoso índice, debido a causas tan poco peregrinas como “Development Pressures, Abandonment”. Que no panda el cúnico; si incluso las cabras son capaces de sobrevivir en las cumbres pobladas de mochileros, si hasta en el litoral levantino puedes encontrar lugares de ensueño a tan sólo veinte kilómetros del amontonamiento de hormigón y mortero que constituye Benidorm, si una flor encuentra hueco en las pedreras del macizo de Bernia, porqué no van a poder continuar en pie los moteles de carretera, las gasolineras años cincuenta y los encantadores pueblos de tarta de arándanos y sheriff justiciero, que jalonan los restos de una carretera que ha elevado el alquitrán y las chupas de cuero a los altares y carpetas de tantos entusiastas del asfalto más famoso del orbe; sobre todo cuando aún quedan filántropos dispuestos a dilapidar sus escasos ahorros y sagradas vacaciones en zascandilear por sus cercanías. Nada de lamentaciones, el Réquiem tendrá que esperar, mejor entonemos a coro un canto de resurrección. ¡Ruta, vamos a tu rescate!

De famosos y olvidados

El otro dia hablaba con alguien de Novosibirsk sobre lo interesante que resulta el Prado para los turistas. Sí, convenimos, yo creo que la última vez que lo visité andaba Goya pintando a Carlos IV.

Sin embargo es poner un pie fuera, digamos NyC, y por alguna razón, no se te ocurre perderte el MoMa. Claro, es que según sales de no comprar un pedrusco en Tiffany, te chocas con él. Y ya, como pilla en la misma calle, pues también el Metropolitan y el Guggenheim.

Metropolitan Museum  

  Guggenheim Museum

En el primero te irás a ver el templo de Dendur, que viene a ser como el de Debod pero con techo. Hace años que no vas al de Debod, todo el mundo sabe que en Pintor Rosales el ron-coca-cola vale un potosí, y está lleno de niños pera.


En el segundo, te reciben sus legendarias 12 capas de pintura y grietas, daos prisa que lo acabaran de restaurar este año y no va a ser lo mismo!.

Restauracion Guggenheim

Con ese panorama a la espalda atravesarás Central Park por el Bow Bridge, que claro, para eso lo has visto en Spiderman 3.

Bow Bridge - Central Park

 


Y siguiendo al norte trás dejar a la izquierda la Tavern on the Green irás a echarle un ojo al barosaurio de la entrada del Museum of Natural History (los alumnos avanzados preguntarán al personal por el Dodo, porque practicarán inglés mientras lo encuentran y es un bicho más divertido). Para rematar, por la misma acera unas doscientas calles más arriba, reposaréis los pies en el césped de la Universidad de Columbia, que claro, también la vísteis en Spiderman.

Columbia Campus

Otro dia, dirigiendo tus pasos al midtown o downtown, y trás pasar por Times Square, o el Rockefeller tantas veces, subirás al Empire State Building, y le harás las fotos a Macys que para eso está justo debajo, al Chrysler y a la mitad de Park Avenue, y por el otro lado al Flatiron, Union Square, y luego ya dependiendo de la cámara, al downtown a lo lejos.

Ya en el Financial District está todo más junto, así que no te perderás nada. Subirás al toro en Bowling Green, te darás el paseo por el cementerio de Trinity Church, bajarás por Wall Street, quizá creyendo que la recordabas más ancha. Te dejarás ver por Battery Park, que tiene ardillas como las que hubo en el retiro y nunca viste, y montarás en el ferry gratuito para ver de cerca la Estatua de la Libertad, que también recordabas mucho más grande.

¿Hay que dejar de hacer algo de esto? Jamás, házlo! Pero igual que en Madrid no vas al retiro, ni subes a la torre Picasso a hacer fotos, ni visitas el Palacio Real, ni te comes el bocata de calamares de la Plaza Mayor, ni el reciclado de sangría de la de Santa Ana, ni los churros de San Ginés, y hace lo menos 20 años que no vas a Cortilandia, debes también buscar los olvidados allí donde te encuentres. 

Hasta aquí has sido turista, y eso está bien, pero debes ser también viajero. La diferencia nos la indica Chesterton, "El turista ve lo que ha ido a ver, el viajero ve lo que ve".

Convertido ya en viajero, vete hoy por ejemplo a Tribeca, donde por fin las calles no forman ángulos de 90 grados. Pasa de Canal Street, con sus baratijas y miríadas de gente. Justo al lado tienes Lispenard, con sus fachadas de hierro forjado. ¿Podrás creer que en el que fuera edificio sede del National City Bank of New York encuentras ahora una zapatería de saldo?

Baja por White Street o Frankling…

Frankling St

Échale un vistazo a las fachadas estilo italiano. Cómprate un trozo de queso en los alrededores del Washington Market Park, donde hasta hace poco estuvo el principal mercado de la city, antes de que pusieran la mole del Independence Plaza. De ahí sigue las tiendecitas por Duane St, y al girar a la izquierda por Church St, te encontrarás de golpe con el AT&T long lines building, no se ve a menudo un edificio de 167 metros sin ventanas.

Ya que tendrás que volver a Canal St, sube por West Broadway, y verás que no tiene nada que ver con su versión uptown: cafés, tiendas, restaurantes, todo en Tribeca es diferente, aquí deja de lado el turismo, mira, ve. Detrás tuyo se intuyen las torres del World Financial Center, no confundir con el agujero de las del World Trade Center, justo a su lado. Delante tuyo observa el contraste entre los edificios de ladrillo de 3 pisos, con sus escaleras de hierro, y las moles como el independence, o la de la calle Worth. Continúa, por ejemplo, por Varick St, y cuando estés a punto de llegar de nuevo a Canal, y vuelvas a ser turista, te haces la foto en Hook & Ladder 8, que para eso viste los cazafantasmas de pequeño.

Es posible, sin embargo, que aún así Tribeca sea el más turístico de los olvidados. Este solo es un ejemplo. Imagina de momento el resto, desde donde te encuentras ahora en Canal Street, hacia el oeste, 8000 kilómetros de ruta nos esperan.

Algunas diferencias míticas

En Europa el punto cardinal mítico es el Sur, caluroso y luminoso, sosegado, donde el sol, que cae a plomo y obliga a la pausa, nos convierte en una especie de reptiles de sombra, estáticos como ellos, pero de sangre caliente y amantes de los toldos, la brisa y la cerveza; nos viene de antiguo, de aquellos tiempos en los que Ra, Dios creador, Dios fuerte, capaz de gobernar sobre otras divinidades, estaba en los altares de tipos que a base de esclavizar perdedores se daban la dolce vita. En Europa pensar en el Mediodía es pensar es una vía rápida hacia la felicidad, casi inyectada en vena, por seguir con el símil farmaco-narco-toxico-lógico; amamos lo meriodional, aunque nos dejemos caer por Ámsterdam u otras capitales del septentrión en un ataque de esnobismo arrabalero o demencia low-cost.

En EEUU tienen dos puntos cardinales legendarios: el Sur, escape a América Latina, escenario de ejemplares fugas como la de Butch Cassidy y Sundance Kid hacia no se sabe bien qué país o la de Richie y Seth, cuya veloz evasión hacia “La Teta Enroscada” y los brazos de Salma Hayek es de habitual imitación en fin de semana por el hermano rico que va camino de Tijuana, tequilas, mariachis y demás santidades del imaginario de Robert Rodriguez; y el Oeste, la tierra prometida, la ruta de los Oakies en pos de su oportunidad, de los aspirantes a estrellas que acuden hacia el resplandor de Hollywood, de los ludópatas que tiemblan en Las Vegas al son de las monedas de un dólar, o los pardillos que vamos a ir a Santa Mónica para ver si nos pica una medusa y nos da cremita CJ, tremenda rubia que junto con el bocadillo de Nocilla formaba parte de la perfecta tarde estival. En EEUU, la elección te define, si buscas el triunfo, hacia el Oeste buddy; ¿prefieres olvidar algún turbio asunto, un pasado cuestionable? Going-to-the-Sun, camarada.

Y habrás de saber que así, Going-to-the-Sun, se llama una carretera que atraviesa el Glacier Nacional Park, en Montana, nombre bastante elocuente acerca de lo que debes hacer cuando te encuentres por sus pagos; de igual modo la Big Sur te remite hacia el soleado Austro atravesando, queremos pensar, los viñedos de Angela Channing y las mansiones de Bel Air. Como equivalencia tenemos en España la Ruta de la Plata, que va de Astorga a Mérida cortando por entre cerezos y montones de “legendarias” vías pecuarias.

Allí, en América, en verano, a falta de romeros, palmeros y peregrinos que marchen de hinojos en busca de míticas basílicas, sepulcros y catedrales, hay carreteras y camiones, hipsters y turistas, es decir, parte de esa entelequia que se llama civilización hodierna, entre cuyos logros, en lo que respecta al asfalto, figuran la Ruta 40, antigua costa a costa que en la actualidad cruza de Atlantic City a Utah y hace guiños a la Ruta 66, la Panamericana, que te permite, con tan sólo recorrer 26.000 km, dejar atrás la fiebre del oro del Yukón para padecer en la Patagonia la del pobre Ahab, y la más que mítica Ruta CH–66, la Ruta de la Fruta entre San Antonio y Pelequén, destino de mis sueños que tendrá que visitarse en un futuro.

En EEUU, los mitos se forjan a golpe de talonario, celuloide, deportes-espectáculo o mítines políticos, sus grandes peregrinaciones son a casinos, Disney World y la SuperBowl, su carrera más famosa no es la del galgo ni el mítico Tour de Francia, sino la Gunball 3000; sin duda, todo un señor nuevo mundo, aún por descubrir, al menos para mí.

Simplificar

En parte estoy de acuerdo siempre con lo que dicen en los comentarios. No podría ser de otra manera, si estamos haciendo esto para nosotros y para algún público, que parece que hay. También estoy de acuerdo con justo lo contrario. Claro, typical spanish, cada 2 personas, 4 opiniones diferentes.

typical spanish

¿Que no pone todavía nada de lo que ha ido el viaje? Cierto, de momento andamos calentando el boli, esto de viajar no es como en Dune que adivinaban las rutas previamente poniéndose chutes de peyote rojillo.

Otra cosa es que en esto de Internet, muchas veces no teniendo nada que decir, no nos conformamos simplemente con demostrarlo mediante el silencio. Por eso hay tanto blog, o no?…

Sin embargo, a veces tampoco es bueno simplificar tanto. Me acuerdo del Apocalipsis de Stephen King. Era un libro tan gordo, y eso que este los escribe siempre gordos, que en el prólogo incluso justificaba la gordura. Para los que no lo hayáis visto, contaba el cuento de Hansel y Gretel en unas 30 palabras, ya sabéis: un padre abandona a los hijos en el bosque, pero van dejando miguitas de pan por el camino, los coge la bruja, la matan, y vuelven a casa siguiendo las miguitas. Simplificando.

Esto va un poco en contra de nuestra costumbre. Ya desde niños cuando nos caía un examen contábamos nuestra vida. Filosofía. Vida y milagros de Kant. Cago en 10, yo me he estudiado a Aristóteles, así que en lugar de poner 20 palabras de Kant y sacar un cero (que ahora ya no se puede), poníamos algo del estilo de: lo que se de Kant es que Kant era un mierda, no como Aristóteles, que fíjate todo lo que hizo. Y ala, cuatro hojas de algo que no nos están preguntando. Con suerte el profesor era aún más cebolla que el alumno y hasta te aprobaba, la caña.

Y claro, tantos años de educación acaban pesando en la materia gris. Ahora tenemos la "tribu del pulgar", antes teníamos la generación "te cuento mi vida". Ni una cosa es buena, ni la otra tampoco. Si te lees "on the road" que si que va sobre el camino 66, resulta que puedes pensar que si fuera un poco más grande a lo mejor el papel sobre el que está escrito te vale para envolver unos pescados. Para pedir la cicuta. Es otra opinión.

¿Simplificamos el viaje quitando todo esto? Bueno, ok. Si Cervantes hubiera tenido blog alguien le habría dicho, mira tron, el flaco este dándose rulos Castilla para arriba, Castilla para abajo, que está llena de nada, es que me causa una somnolencia que no veas. ¿Y luego todo para qué? Si al final va y la palma… Casi te podías haber ahorrado 300 hojas, me estás contando tu vida. Bueno, es otra opinión.

Por defender al comentario, también podemos estar de acuerdo, y decir, jo, estos no han empezado y ya se parecen a la panda de Moriarty, se les va la flapa. Bueno, yo habría querido meter algo de mi ciudad, Nueva York,

pero entonces estaría contando mi vida en plan Aristóteles vs. Kant, como no tengo ni idea de la R-66 pues mira, esto es lo que os puedo decir de la City, y de verdad que sería mucho, tanto como que la incluimos en nuestra particular ruta. Lo que pasa es que algún purista me dirá con razón que mezclar la 66 con la City es como mezclar las fallas con Sevilla. Bueno, blogueros, ahora es vuestro turno, qué hacemos?

Yonkis de “viaje”

A colación de lo que dice Fernando, a veces me pregunto para qué salimos de viaje, y para qué hacemos tantas otras actividades que a fin de cuentas no son ni mucho ni nada mejor que estar parado sintiendo como crecen las uñas bajo el calcetín. Claro, a nadie se le educa para la contemplación, y cogitar, que suena como chingar, pero a lo bestia, está pasado de moda. Nada produce la parálisis, excepto escaras, ergo, todo el día ganduleamos pa’aquí, pa’allá; nos hemos convertido en míseros activos circulantes amaestrados para producir –bastante- y disipar -aún más-, a los que hay que exprimir en ambas facetas, como causa y fin; generadores y devoradores en frenética huida para llegar al punto de partida. Aquí nos sale la vena cristiana, nos va el calvario, es decir, suena mal, pero ello nos hace felices, o debería.

Si no haces nada de tu vida eres un "acabao", un triste. Personalmente, creo lo contrario, en cuantos más fregados te metas, peor estás de la cabeza, más necesitas olvidar que te aburres a ti mismo. Lo supremo sería alcanzar el estado de un ser unicelular cognoscente dentro de un cuerpo pluricelular con las mismas funciones vitales que aquel famoso pollo de Fruita o los no menos ínclitos de Kentucky.

Recuerdo un compañero de trabajo que decía, absolutamente en serio, que tenía suficiente con ver los documentales en la televisión, que él no se iba de viaje. Nunca dudé acerca de su honradez, sus palabras eran el destilado de una pertinaz sabiduría qué no sé de dónde procedía; no obstante, era fácil que cualquiera le mirase pensando si tamaño maula estaba de broma o sencillamente era retrasado en su mismidad. Sin embargo, pregunto, ¿no ve la gente la prueba de lanzamiento de martillo de las Olimpiadas, ese deleznable espectáculo para mamíferos hormonados, y por contra evita tocar el mallo de casa para hincar una escarpia en la pared? La diferencia radica en la coherencia; en estos días que corren, únicamente pueden ser congruentes los idos.

Viajar… ¿por conocer? Venga, que hay libros y las hojas no cortan. ¿Para "mezclarse" con la gente? Esta es de las peores excusas que he oído nunca, el espíritu de Lévi-Strauss encarnado. ¿Amor a la naturaleza? Entonces déjala tranquila, ¡cuánto mal hace el turismo! ¿Para gastar las vacaciones ya que las dan? Vaya, sinceramente, ésta sí me convence. ¿Por imitación y educación? Siempre. ¿Consumismo? También, y como dirían aquellos, yo no soy tonto; ¡así Dios me salve! parece que si no viajas lo eres. ¿Y la emoción de la partida, la adrenalina de la aventura? ¡Si se venden en jeringa!

De verdad, somos "punkis" de postal porque las drogas son demasiado caras para que podamos ser yonkis de "viaje". Como decía el lirón, Feed your head.

La cruda realidad: “Punkis” de postal

Soy lo que se llama un "punki" de postal. La pose es mi modus vivendi en sociedad. De otra manera, no existiría algo tan pretencioso como un blog, éste, o al menos la parte que me corresponde. La mayoría le cuenta a los demás lo que piensa con la idea de que interese a alguien, o incluso por escucharse en voz alta, o baja. Y yo no soy más original.

Todos pretendemos destacar en algo, y la mayoría no lo hace, por eso es masa; sólo sobresale lo excepcional. Asumido tal hecho y al amparo de la mediocridad general, qué mejor modo de requerir atención que disfrazar de aventura un viaje por el primer mundo. El primerísimo, en este caso.

Un coche de marca alemana está al alcance de cualquier universitario mileurista que esconde el fracaso tras una corbata engarzada a la fuerza. Y un viaje de fin de semana a una capital europea, que da más horas de postreras charlas que las de estancia en la ciudad, no es ya una cosa de privilegiados.

Así, que a falta de una cita ingeniosa con la que deslumbrar, un móvil de penúltima generación, un `peluco’ de última o una acompañante de girar la cabeza, el único hecho diferenciador de mi autoestima con su entorno es un viaje de cinco semanas en coche, con mil desgracias que se tornarán en fantásticas aventuras a la hora de relatarlas. Y eso, en la periferia, viste mucho; que es de lo que se trata.

Poco tiempo para demasiada chicha

No recuerdo quién ni en qué momento principió a barajar la posibilidad de ir a recorrer EEUU; tal vez fue una idea que deambulaba por entre nosotros y que prendimos al vuelo bajo el griterío de una conversación de bar. En cualquier caso, la realidad obliga, desde el día en que se expuso como opción hasta hoy, ha variado en sus características.

En origen debió asimilarse a “hagamos la ruta 66”. Después hubo que informarse, y el recorrido original, de Chicago a Los Ángeles, no parecía convincente: ¿ir a EEUU sin estar unos días en Nueva York? ¿Hollar Los Ángeles y olvidarnos de San Francisco?

Ruta 66

Posteriormente, surgieron más preguntas relacionadas con la propia intención del viaje, ciudades aparte, ineludibles ellas, ¿carretera o naturaleza? Unos avezados chicos en perderse incluso en La Pedriza no podían dilapidar sin más sus opciones de aparecer en algún telediario local por haberse extraviado en los fabulosos parques de EEUU. Indagando, se reparó en que la Ruta 66, como el lince ibérico o el lobo estepario, estaba en vías de extinción.

La detallada guía “Route 66: EZ66 Guide for Travelers”, imprescindible para llevar a cabo el recorrido original, mostró una realidad estremecedora: la ruta 66, tal como fue, ha quedado desdoblada, en muchos casos a ojos vista, por autovías interestales que la desgajan constantemente en pequeños tramos, faltos de continuidad y enrevesados de empalmar entre sí.

Ruta 66 - Recorrido Original

Empezaba a quedar claro que El Gran Cañon y Yosemite eran imperativos, Yellowstone habría de sacrificarse, en aras a limitar el viaje a una diagonal que cortase el mapa de lado a lado, sin demasiadas evasiones Norte-Sur: ni las vacaciones ni el dinero son sacos desfondados en los que poder bucear sin límite.

Finalmente, se optó por una ruta que varía sobremanera con respecto a la “Mother Road”, tanto en origen y destino como en objetivo: tenemos poco de moteros románticos; nos define más la practicidad y las ansías de ver otros símbolos americanos, no nos basta con Harleys, Ángeles del Infierno y chupas de cuero al uso. Entendimos que apostar por la esencia de la Ruta 66 implicaba sacrificar destinos con mayor valor para nosotros, y zanjamos el itinerario de viaje en apenas una hora delante de un mapa, aunque con dos salvedades: el recorrido siempre estará sujeto a cambios y concederemos, si el calendario lo permite, una visita a ese parque temático de cafeterías de carretera, moteles blanqueados y gasolineras estilo años cuarenta que discurre por Williams, Seligman, Peach Springs y Kingman. En su justa medida, ese sabor a película americana de seguro nos encantará, el resto del camino lo recorreremos por vías rápidas, con la vista puesta en dedicar el máximo de nuestras cinco semanas americanas a lo que hemos definido como imprescindible.

Gasolinera Ruta 66

¿Por qué entonces llenarnos la boca tanto con el concepto Ruta 66? En primer lugar, porque como decíamos, ésa fue la idea que originó lo que quiera que sea que finalmente disfrutemos; pero más importante aún, porque la Ruta, la hagas como la hagas, comience y termine donde uno decida, incluso abandonando su literalidad, no deja de ser: un símbolo en sí misma; un camino, práctico, inmenso, de cuyo concepto surgieron las interestatales que vertebran el país y de cuyo asfalto abusaremos; y sobre todo, una búsqueda, una huida al Oeste, a Poniente, al fin del mundo, donde tarde o temprano todos vamos. ¿Por qué esperar?

Ya era hora

Creo que corría el año 1993 cuando entré por primera vez en internet. Aquello tenía otra pinta en ese terminal microscópico, con letritas verdes o naranjas según tocara. No es que no hubiera Windows, no. La versión 3.1 debía tener ya por lo menos 1 año, pero para entrar a internet había que conectarse al "gran cacharro". Un VAX con Sistema Operativo VMS, y en lugar del google teníamos unas fotocopias en papel manchadas de salsa brava y cervezas, con unas cuantas direcciones. Vamos, la caña.

Como en vez de Internet Explorer teníamos el lynx con gopher, pues claro, las fotos eran las que llevara uno mismo en la carpeta, cantantes recortados de la superpop, que oh sorpresa, todavía existe, para las chicas y tías para los chicos, aunque estas últimas no salían de la superpop.

Y aquello de mucha letra y poca imagen duró un tiempo. Luego la web pega el despegue, o no, primero pego la hostia con las punto com. Luego si, pegó el despegue de la imagen, 2d, 3d, videos, musicas, second life, y ahora, oh sorpresa, volvemos a las letritas. Llámalo blog, llámese feed, pero letras. Cada no-se-cuantos segundos nace un blog (2005, 2007), alguien lleva la cuenta. Será el mismo que contaba los segundos que pasaba entre que nace un tonto? Y a medida que hay más blogs habrá que buscar más gente para que lea, porque ya está la cosa tan dispersa como las conversaciones de un gallego, en fin.

Pues eso, que han pasado 14 años desde entonces y yo, por aquello de mantener el topicazo de la casa del herrero, nunca tuve blog. Ni página. No es que sea un eremíta,  creo que puede la vagancia. Nunca he ido de estirado con gomina y agenda. Para recordar las cosas tengo la costumbre de apuntarlas en una barra de hielo, o en un papel en llamas. Pero no penséis que esta actitud es recriminable, al contrario, hoy en día hasta Dory tiene un club de fans.

Como dicen que la unión hace el esfuerzo, me uní a los ruteros en una llamada telefónica para prestar el número de la visa en una compra online de billetes de avión. Si Willy Fog levantara la cabeza hoy en día habría apostado más pasta.

Bueno, me voy a seguir empollando los libros de instrucciones que recomiendan para entender a esta gente,

Only in america

 no queramos hacer como MacGyver y juzgar por el estereotipo.

Uno, y otros

Uno, que ya no recuerda si le viene de casta o de aquella dulce e instructiva lectura de “El Ladrón”, del olvidado Georges Darien, mantiene que afincarse por unos días en el Waldorf Astoria le seduce menos que la idea de instalarse bajo el Golden Gate tras llegar a San Francisco arrostrando costra.

Uno, que no se sabe marqués porque se siente duque; uno, que gusta de la soledad de su castillo, como Miguelito el montañés, no desperdiciaría sus dineros en rodearse de urbanitas venidos a más; hay que ser cutre y tener ganas de lucir corales para buscar una fonda de semejante condición.

Ciertos individuos, que distinguen calidades en la compra de afeites gracias a los consejos de Patrick Bateman, no saben de la existencia de verdaderas hospederías de lujo, casas privadas en las que el fasto brilla y se ausenta a partes iguales, lo cual es el verdadero signo que distingue el oro del moro; pero el gusto no se educa, se nace con él, luego se maleduca, pobremente y pagándolo caro.

Uno, que no conoce dónde terminará, al menos sí sabe que no quiere conducirse por ese camino de perversión, buscando falsos oropeles, confundiendo lujo con BMW o prestigio con Astoria: si es compartido, si no elijo quién me rodea, es de pobres, de mente o de bolsillo; serlo de bolsillo, no debiera ofender.

Uno, que sopesa limitadas opciones, termina eligiendo navegar entre pedazos de la vida de Joe Buck y Rizzo, de Dean Moriarty, Jimmy Herf y tantos otros, pedazos que, en definitiva, vienen a ser los mismos que componen los recuerdos de una ciudad que jamás pisó y que nunca conocerá en su verdadera crudeza.

Para el resto del camino, carretera, música, saco de dormir y relec.

Everybody's talking at me.

Hogar, dulce hogar

Decididos a acabar con el mito de que un hombre no es capaz de hacer dos cosas a la vez -doy fe de que es posible usar una mano para cambiar la televisión y con la otra acomodarse el habitáculo escrotal, incluso masticando aceitunas, lo que sumarían tres acciones- podemos presumir no sólo de tener alojamiento en nuestra primera parada, Nueva York, sino además en nuestro último destino, San Francisco.

Quien nos conozca da por hecho que algo a nuestra altura no es menos del Waldorf Astoria. Cierto, somos conscientes de ello. La pega es que nuestros bolsillos no lo son tanto. Pero como el glamour y la clase que destilamos ni se compra ni se vende, ni de dinero entiende, nada ha alejado nuestro descanso de la zona privilegiada de la urbe.

Animamos a todos aquellos espíritus inquietos que confían en los atajos monetarios a la hora de viajar, que no se resignen a los viajes organizados. Que no sucumban al portero que no te deja entrar con calcetines blancos, al aparcacoches que mira de reojo tu abollado bólido, al ejecutivo que entrega la tarjeta con puntos en el VIPS después de limpiarse las manos con tu CV o al camarero de hotel que te mira con fastidio si sólo pides un vaso de agua. Es posible alojarse al lado de los magnates mundiales por lo que cuesta un menú. ¿Quién defiende que Manhattan es sólo para bolsillos privilegiados? Nuestras tertulias venideras, cual viajante de primera clase, sólo mencionaran que estábamos alojados junto al Madison Square Garden. El mítico Garden a la vuelta de la acera. Roncar a escasos metros de donde Mike Tyson, el terror del ídem, a sus 22 años, se proclamaba el campeón Mundial más joven de la historia de los pesados, Joe Frazier tumbaba a Ali antes de que éste se convirtiera en un icono y Joe Louis defendía ocho veces el título.

Pues esto es posible para todo aquel que no tenga demasiado dinero ni escrúpulos con la decoración minimalista y, si no puede juntarse a tres conocidos, al menos no le importe compartir oxígeno, olores y baño, incluso pastilla de jabón si no es reacio a la caricia y el frote, con tres desconocidos. Esto último sólo es recomendable en casos de mucha necesidad previa ya que estamos al principio del viaje y encariñarse tan pronto por un quítame allá esa minga, a la larga -sic- puede ser conflictivo, amén de producir demoras en el itinerario. Además, es conveniente recordar que dicho hostal, el nuestro, céntrico es, pero conservador también, y hace clara diferenciación entre habitaciones para chicos y para chicas. Así, que aquel que se haya sentido estimulado por la posibilidad anterior de compartir piel, tenga claro que la amistad va a fraguarla en uniones a prueba de pinchazos con la barba. Pues listo Nueva York, San Francisco, el otro sitio donde sabemos exactamente qué día vamos a estar, más de lo mismo -precio y situación-, pero mucho más cansados. Así que esa historia, ya la contaremos a la vuelta, después de haber dejado la ciudad y las flores con las que llegaremos… cambiadas por un chaleco.

Me encanta que los planes salgan bien

Acusados de un delito por cometer, ya nos ofrecíamos como soldados de fortuna para defender a gente en problemas. Personalmente, aún no tenía claro si me iba mejor el papel Fénix o Aníbal, por lo que, para no cerrarme opciones, había ensayando la pronunciación de "I love when plans come together" con un purito entre los dientes, así como a conducir descapotables con nenas rubias sentadas a mi vera; sin duda, Murdock le tocaba por fuerza a mi colega de blog.

Aparte, dudábamos sobre si comprar un Pontiac Trans Am Firebird, y bautizarlo como kit-cat-quit, por hacer honores a otro clásico multiserie, o ir en una cómoda furgoneta que habíamos localizado en Ontario por 695 dólares, a la que sólo faltaba pintar la raya roja para ser idéntica a la intocable de Mala Actitud Barracus.

Otras opciones, como hacer uso de coches que te “prestan” sin coste para llevar a un destino en concreto –pese a lo que creía, no es ninguna leyenda urbana– o alquilar una autocaravana habían sido descartadas, la primera por no limitar nuestro viaje debido a la ecuación vehículos/destinos/fechas disponibles, la segunda por el precio elevado y la facilidad de encontrar alojamiento en cualquier parte. Cierto, hubo una opción mixta, la compra de una autocaravana tuneada como la furgoneta del equipo A, pero no llegó a tener la fuerza necesaria para que nos animásemos a apostar con ganas por ella.


Mi casa, Mi Coche, Mi Frego

Ahora, tras comprobar que en el país donde nadie te impide llevar un M16 bajo la gabardina, donde crear una empresa es cuestión de un día y donde te venden el sueño americano del “self made man” en cada esquina junto con un perrito que rezuma mostaza y ketchup, arreglar los papeles de un coche es más complicado que en Cuba, hemos optado por alquilar: Hertz o Budget son los principales candidatos. Parece que otro capítulo de logística llegará pronto a su fin. Recuerde: si tiene usted algún problema y nos encuentra, quizás pueda contratarnos…

Las comparaciones no son odiosas

Tumbado en el salón, cavilando sobre las rondas que tenemos previstas para mediados de agosto, me he puesto un documental sobre el Gran Cañón. No era premura o ansia por lo que ha de venir, más bien casualidad que estuviese a mano y asociación de ideas decidirme a verlo. Podría describirlo como basura en estado puro o diamante de escoria, pero lo dejaré en “producto nada afortunado” que no llegó a ocuparme más de diez minutos de existencia y que no hace honores a la grandeza que mi imaginación me dice que tendrá el dichoso reguerillo de aguas.

Ahora bien, uno, que visita Cuenca con asiduidad, se hace preguntas, afronta encrucijadas de las que un hombre no debe huir, siente como las dudas progresan parejas a la tensión ocular pues ¿esto del Gran Cañón no es como la hoz del Júcar entre Valdecabras y la capital? Vale, calma, pero lo suyo es inmenso hasta decir basta. Ya, ya, mas ¿acaso no disfrutamos de la procesión de los borrachos? Sí, sin embargo, dichosos ellos, que tienen a la mitad de los indios alcoholizados. Bien ¿y qué me dicen del Ventano del Diablo, ese mirador con cien metros de caída? Pues… que el suyo tiene 1200 metros.

Está claro, la hipérbole americana nos seduce, lo que no es gigante es desmedido, colosal, extraordinario. Aunque, ¿no será qué lo sublime, entroncado en nuestros instintos animales, nos hace reverenciar lo que nos aplasta, aquello que minimiza nuestra existencia? Al final, nos movemos por impulsos, nos manejan los símbolos, el inconsciente, marcado a fuego, dirige nuestras verdaderas decisiones, nos lleva a exaltar los extremos, permite que cualquier estupidez nos subyugue con tal de que acerque a un humano a la divinidad, o ya que eso no es posible, lo aleje de la humanidad vulgar, esa normalidad con la que ocultamos la mediocridad, que en el fondo nadie posee pero todos cargamos a cuestas. Necesitamos dioses, aunque sea con forma de montaña, cortado o desagüe encrespado.

Y de ahí a idolatrar a un tipo que corre mucho con el coche (¡menudo mérito!), a convertir la mayor antena de radio del mundo en el monumento más visitado (¡pocas veces he visto algo tan feo, una superantena con diseño de torreta de alta tensión!), o a que una acumulación de piedras amontonadas por esclavos, magníficamente orquestados, cierto, sea una de las maravillas del mundo (la cruz que aquí es insignia de oprobio, allí se transmuta en portento y honor), no hay ningún paso. Lo maravilloso no son las maravillas sino que nos maravillemos de ellas. A poco que miremos, suficiente sería para disfrute del solaz con avistar nuestras miserias y reirnos de ellas. Por desgracia, de eso ni foto ni vacile, no es fashion. Y nos demos cuenta o no, queramos o no, eso pesa, induce, guía, educa, acostumbra, y qué hostias, somos hijos de nuestro tiempo, ¡viva Polaroid!

En todo caso, con o sin enclenques divagaciones, seamos positivos, siempre; ya que hasta de los muertos salen gusanos, que mejor para terminar que un principio: "Shakedown 1979, cool kids never have the time…" lo mismo que sonará cuando embraguemos (oops, son automáticos), es decir, cuando pisemos a fondo el acelerador, para poner rumbo a ninguna parte.

Volando voy, volando vengo…

La vida te pone constantemente frente a tus propias contradicciones. Si por aventura imaginamos a Willy Fog saltando en el último segundo al barco del Brigadier Corn en Singapur, estos humildes exploradores de mochila de Decathlon y suela sin gastar, en un alarde de improvisación, ya se han agenciado los billetes de salida y entrada a su Costa Polvoranca. Barajas, Zurich, Nueva York y San Francisco, mediante. Porque si de arañar euros al presupuesto se trata, las escalas son un recurso tan práctico como turístico. Que ya lo cantó Camarón al dictado del gran Kiko Veneno: volando voy, volando vengo y en el camino… pues eso.

Nunca me había planteado reservar algo con tanta antelación, aunque parecer ser que es la mejor manera de asegurarse el modo de volver, legalmente. Porque te puedes sacar por unos dólares un seguro que incluye la repatriación del fiambre, pero por evitar el disgusto a la familia no es cuestión de simular la muerte lejana para ahorrarse el billete de vuelta. Aunque como idea, nunca dejó de valorarse. Y si es cuestión de ponerse, pues se muere uno y ya está. Un póstumo minuto de gloria televisiva nunca viene mal en un bar a aquellos que en un momento dado se cruzaron contigo.

Así, que haciendo uso de la globalización -la misma que te lleva ahora a leer esto- se pone uno a reservar pasajes, y ya que estás, pues lo mismo te pides un Madrid-Nueva York para dentro de cinco meses, que eliges asiento en un avión de bajo coste desde San Francisco a la Gran Manzana para el día de antes. ¡Hala!, todo de una vez.

Lo dice mi amigo Gudi; un dechado de eficiencia y sabiduría, que no hay tiempo mejor empleado que el de limpiarse los oídos mientras se caga.

¡Madre mía qué rasca! Esto pasa por comprar por Internet

La Revancha

Todavía no sé si escribiré necedades en serio o agudezas de chufla, pero quedará patente que expresarme abstrusamente no es lo mío, es decir, las simplezas bobas o las sutilezas ingeniosas las dejaré para la vuelta; seré preclaro como el oráculo de Dódona, cristalino como las aguas del lago Estigia, y azul como la camiseta del Celta de Vigo.

En definitiva, me limitaré a narrar fiel y subjetivamente los detalles y pormayores de un viaje que recupera el espíritu del GR11 y la esencia burguesa que siempre acompaña estas paletadas de chico de ciudad. A ver si esta vez no hacemos lo mismo, cumplimos plazos, y sobre todo, echamos fotos con las que ostentar per secula seculorum, o más. Henos aquí, trigos allá, frente a nuestra revancha. ¿Ruta11, GR66? ¡Dioses, dadnos fuerzas! O al menos dólares para llegar hasta Las Vegas.

Punto, y seguido, de partida

Crecido en la certeza de que con las Puma ‘lobito’ Carrasco se regateaba mejor y con las Air Jordan se saltaba más, alcanzo la tercera década convencido de que el hecho de "fliparse" necesita de cotas cada vez más altas.

Una niñez influida por la televisión, el cine, los libros de ‘Los Cinco’ y los Whopper en oferta, encuentra ese refugio de anhelo en una ruta a través de la Américas. La singular en este caso. Porque si los westerns eran pelis de ‘indios y americanos’, América es la de las barras y las estrellas. Y así, Èrase una vez… que lo atestiguó Robert de Niro de la mano de Sergio Leone. Un viaje que la cercene en su vientre reúne los ingredientes básicos que necesita alguien de Alcorcón para emocionarse unos meses y presumir otros muchos, antes y, sobre todo, después.

Y con esta intención nace esta bitácora de pensamientos no pensados e irreflexivas reflexiones que compartir contigo, alimento de mi vanidad.

El puente a tu felicidad